Feliz cumple, Supermán

julio 20, 2019

En el verano de 1991 vi con estupor a mi primo convertido en una especie de mono peludo con sombra de barba hasta la aureola de los párpados.

Se acercó a saludarme y casi no lo reconozco: llevaba las orejas cubiertas casi por completo con sendas almohadillas de vello tupido y era difícil decir dónde terminaba la cabellera de su cara y empezaba la del torso.

Lo que más me impresionó fueron sus brazos y sus piernas, que parecían alfombras enrolladas.

–¿Qué carajo te pasó?

Me pareció notar que se ruborizaba con la respuesta, pero no estoy seguro porque las mejillas estaban camufladas de una maraña hirsuta de pelos negros.

–Hice un tratamiento con hormonas para no quedarme pelado –confesó. Lee el resto de esta entrada »

El miedo de noche

julio 15, 2019

El velador parpadeaba con cada trueno. En las sierras siempre parece que la luz le tiene pánico a las tormentas.

Mientras yo leía, el viento afuera desparramaba las hojas que no alcanzamos a poner en bolsas de consorcio. Barrimos como unos descosidos toda la mañana pero nunca es suficiente para mantener a raya el otoño.

Aproveché que mi compañera estaba en la ciudad y me puse a tomar limonada con la firme intención de terminar de leer un libro de cuentos terroríficos.

Estaba justo disfrutando de una historia de fantasmas cuando por fin la electricidad se dio por vencida y me quedé mirando la lámpara convertida en un globo de ceniza que se fundió a negro.

–Ta que lo tiró de las patas –dije ante el repentino cambio de ambiente.

Cuando se va la luz es como si el mundo se detuviera.

Me di cuenta del quilombo que mete la heladera apenas se quedó muda, y estaba reflexionando sobre cómo nos habituamos a ciertos sonidos cuando escuché afuera el gruñido de la perra. Lee el resto de esta entrada »

Siga el baile, siga el baile

julio 10, 2019

Jamás en la perra vida pude aprender a bailar lentos. Era una costumbre en mis años mozos y celebro que ya no esté de moda, porque las dos o tres veces que intenté los resultados fueron desastrosos.

Las “americanas”; los “asaltos”; las fiestas con “propalador”; todos padecimientos que sobrellevé con pánico.

No me gusta bailar.

Expresarse a través de los movimientos del cuerpo está muy bien, salvo para alguien como yo, que parece una momia con la verija toda paspada.

Me pongo nervioso en los casamientos, le tengo terror a las primas desatadas por el alcohol que se empeñan en arrastrarte hasta la pista para hacer un trencito. Por eso sufrí tanto cuando mi hija terminó el jardín de infantes y a las seños se les ocurrió la genial idea de que los padres hiciéramos un número de baile en el acto de fin de año.

Todavía no me explico cómo me engancharon, pero de buenas a primeras me vi yendo a “ensayar la coreo” una vez a la semana. Lee el resto de esta entrada »

Desenterrando misterios

julio 6, 2019

En las piernas debo tener alguna especie de hormona irresistible, porque el perro de este buen hombre no dejó ni un momento de practicarme movimientos amatorios en los flancos.

Mientras conversábamos con el señor, el animal embestía sin tregua, inexplicablemente atraído por la dupla poco sexy de mi tibia y peroné.

–Se ve que le caíste bien –me dijo él sin soltar el detector de metales.

Me llamó la atención el aparato y la curiosidad me hizo improvisar una entrevista, la única forma que conozco de relacionarme con extraños.

Estábamos cerca del río, sobre uno de los caminos de tierra que llevan hasta las playas turísticas. Y como no había visto nunca a alguien con un coso de esos (una especie de escopeta con un plato en el extremo y con un tablero de comandos con luces y números digitales en el mango), decidí indagar.

Habremos charlado una media hora y en todo ese tiempo el bicho no paró un segundo de pistonearme las extremidades inferiores con una energía que no he visto ni en la más vergonzosa de las categorías triple x. Lee el resto de esta entrada »

Furor por “El Principito”

julio 1, 2019

Con nombre de cantante melódico africano y pinta de recién egresado del colegio, hace pocos días un tal Nayib Bukele asumió la presidencia de la República de El Salvador.

“Ajá, ¿y?”, dirá usted, tal y como dije yo cuando leí la noticia.

Pero no es el nombre (que en rigor es de origen musulmán) ni el récord etario (con 37 años, se convirtió en el presidente más joven de toda Latinoamérica), sino las cosas que está haciendo las que llamaron la atención de un colega que me mandó la noticia.

La primera medida de gobierno de Bukele fue despedir vía Twitter a los parientes acomodados del gobierno anterior.

–Vos que escribís sobre series y películas, mirá esto y decime si no es un personaje de ficción –me puso mi amigo.

Con mensajes escuetos y sin vueltas, el flamante presidente empezó a mandar a funcionarios a su casa:

“Se le ordena al Secretario Privado Fulanito remover de su cargo como director de tal cosa a Menganito, con el salario de tres mil dólares que cobraba contrate 3 técnicos de mil c/u”, dice uno de los mensajes.

Y son muchos. Un montón.

En pocas horas, Bukele limpió ministerios y dependencias usando solamente su teléfono celular, con el que se deshizo de toda la parentela acomodada por sus predecesores. Lee el resto de esta entrada »

Un agradecimiento al hombre que me salvó la vida

junio 26, 2019

El hombre que me salvó la vida en 2012 se murió hace unas semanas escuchando Frank Sinatra, mientras hacía gimnasia.

Siempre me gustó decir que los libros me sacaron de los pozos más profundos, pero debo reconocer que si todavía tengo hilo en el carretel es gracias a él y no a otra cosa.

Mi tío era uno de esos médicos retirados a los que se molesta con frecuencia porque –a pesar de haber colgado el guardapolvo–, conocen el cuerpo en la práctica mucho mejor que otros que se chamuscan las pestañas revisando bibliografía, sin mirar al paciente.

El Eduardo siempre estaba al otro lado del teléfono cuando había problemas. Y fue al primero que llamaron cuando me encontraba internado tras una operación que me había eliminado la sensibilidad del cogote para abajo.

Era diciembre, hacía calor y yo flotaba embriagado de anestesia en una terapia intensiva. Lee el resto de esta entrada »

El baño, la última frontera

abril 3, 2019

Debí sospechar que algo no andaba bien porque no es normal que una persona se pase 25 años seguidos con descompostura de vientre. Le atribuí el problema durante mucho tiempo a los embates del colon irritable, cuando no a la alcalinidad del agua (por no mencionar la radiactividad de las empanadas del delivery al que me había abonado en mis épocas de estudiante).

Hasta que por fin descubrí que se trataba de un inconveniente con la digestión de las harinas.

Ahora que me incorporé al bando de la gente que hace sus necesidades en tiempo y forma, la perspectiva del mundo ha cambiado rotundamente, y lo comentaba por estos días con un colega, que escuchó con atención los pormenores escatológicos de mi epopeya a lo largo de un cuarto de siglo.

–Es que no hay peor discriminación que la que se ejerce sobre una persona que se hace encima –sentenció él y me dejó pensando.

Su diagnóstico me remitió de inmediato a la cantidad de veces en las que me sentí rehén de los excusados, la incontable sucesión de anécdotas producto de una vida condicionada por la proximidad de un baño.

–La situación de las personas con tendencia al desarreglo –analizó mi colega– es comparable a la que padecen otras minorías subyugadas por cuestiones de credo, raza o ideología. Lee el resto de esta entrada »

Paseos accidentados

marzo 31, 2019

Suelo elegir las horas del alba para sacar a la Fanta a que dé una vuelta. Creo que en el fondo también lo hago para no sentir tanta culpa por mi sedentarismo. Pero no voy a negar que hay algo de terapéutico en el acto de pasear un perro, incluso si cada tanto hay que agacharse a embolsar un sorete.

Las primeras caminatas fueron complicadas: un animal joven con semejante chasis no es fácil de controlar. Pero con el correr de las jornadas, el can fue adquiriendo cierto autocontrol y ya no hacía falta tironear tanto para que siguiera el ritmo.

Ahí, creo, comencé a disfrutarlo. Y calculo que ella también, pero andá a saber qué piensan los perros.

Lo que empezó como tortuosas caminatas como si estuviera domando un caballo con la correa, no tardó en volverse un paseo a velocidad crucero y paso firme, hasta relajado.

Desde la primera salida –una vez que las vacunas estuvieron en regla–, hicimos un mapa mental de zonas que hay que evitar, entre las que figuraban los domicilios habitados por perros con los que Fanta no iba a poder socializar nunca por incompatibilidad de caracteres. Lee el resto de esta entrada »

Somos la selfie que borramos

marzo 27, 2019

Esta semana estaba por bajarme del auto para entrar al trabajo y me agarró un ataque de llanto culpa del Petete Martínez. Pero para ser justos debo decir que la responsabilidad no fue suya sino de la entrevista radial que el conductor le hizo al changarín que dijo haber encontrado un bolso lleno de plata.

Una vez leí que la noticia de alguien que devuelve dinero es casi tan frecuente en los medios como los informes que hablan del boom del tango. Pero aun sin motivo aparente para quebrarme como una espiga, me brotó un nudo enorme en la garganta cuando escuché que el tipo había devuelto medio palo verde.

Y para cuando contaron que encima, en un gesto de honestidad brutal, también rechazó una casa como recompensa, yo ya venía con la vista acuosa y se empezaron a deformar los autos de adelante.

El Parkinson en la pera me agarró cuando el periodista dijo que el changarín sólo había pedido a cambio un trabajo en blanco.

Para entonces me encontraba en el último semáforo. Tuve que mirar a los costados para cerciorarme de que no hubiera conocidos entre los demás autos, básicamente porque agarro una cara de pelotudo indescriptible cuando lloro. Lee el resto de esta entrada »

Esto no lo va a leer nadie

marzo 25, 2019

Es fácil imaginar la escena en un futuro no muy lejano. Mi hija más grande habrá crecido lo suficiente para poner los puños en la cintura, resoplar y sacar a relucir la practicidad heredada de su abuela.

–Qué manera de juntar basura, pobre viejo –le dirá a su hermana.

Por su parte la más pequeña –que en ese porvenir imaginario será una mujer también bastante dada a las soluciones rápidas– se lamentará por la tinta derramada y dirá que no hay lugar para guardar tantos libros, pero que tiene una idea.

No me alcanza la proyección para saber quién de las dos estará de novia con un melenudo que sugerirá hacer un gran asado con los libros.

Pienso en esto mientras contemplo la biblioteca de mi casa. Una cantidad infernal de ejemplares que fueron el ariete con el que abrí las puertas de cada domicilio al que me mudé en el último cuarto de siglo. Lee el resto de esta entrada »

La huerta de los Ingalls

marzo 21, 2019

Y un día, por fin, estuvieron listas para la cosecha. Mi compañera había preparado la tierra en invierno, luego sembró todo lo que encontró a mano (incluso esponjas con formas fálicas que dicen que son muy útiles para la exfoliación).

Yo acompañé el proceso de hacer nacer verduras como si me hubieran contratado de veedor.

–Acá habría que poner una guía; ahí falta más abono; esos plantines están muy juntos.

–¿No te dan ganas de participar más activamente? –quiso saber más de una vez ella entre jadeos mientras le daba palazos al suelo.

Y la verdad es que no. Me gusta ver cómo se bate a duelo todos los días con la tozudez de la tierra, y mientras ella mete rastrillo, pico y azada, yo siento que soy un Charles Ingalls que le da ánimos.

Es nuestro pacto: ella consigue que comamos orgánico y yo paso la máquina de cortar pasto.

Después de lluvias torrenciales, de algún que otro golpe de sol generoso y de sacar cagando a las liebres hambreadas, conseguimos presenciar el milagro.

–Jodeme que eso es un zapallo –dije cuando descubrí que de la planta colgaba, efectivamente, un zapallo. Lee el resto de esta entrada »

El mundo desde una fosa

marzo 1, 2019

El señor de bigotes me invita a bajar a la fosa para que veamos la panza de mi auto. Prende una linterna y repasa los bajofondos del vehículo señalándome lo que está mal.

Siempre me han gustado los talleres mecánicos. Me encanta cuando tienen un panel en la pared con el dibujo de la silueta de las herramientas. O cuando tienen un tacho enorme de agua para meter las ruedas y buscar las burbujas de una pinchadura.

Este es distinto, está dedicado a la colocación de equipos de gas, no se parece mucho a los talleres clásicos. Me pregunto si es por eso que no hay pósters de mujeres desnudas. O será simplemente que tener gente en tetas colgando de las paredes ya pasó de moda.

Cuando éramos chicos, mis primos solían desinflar las bicicletas adrede para ir hasta el taller de un gordo que tenía todas las paredes llenas de rubias californianas con pelos batidos que no te sacaban los ojos de encima.

Siempre sentí mucha confusión en los talleres mecánicos. Lee el resto de esta entrada »