Archive for the ‘Filial’ Category

Rehabilitaciones discutibles

julio 7, 2008

Maldigo la hora en que dije que estaba listo para el tratamiento, porque ahora tenemos en la casa un alma penitente que llora su adicción mientras nosotros bailamos un tango posmoderno entre cuatro paredes. Los días pasan como barridos luminosos, y deshojamos sin ganas el calendario de una rehabilitación fuera de control, casi sin esperanzas. A esta altura ya no sé qué vino primero, si el sueño malhumorado, la acidez o el bloqueo creativo. Tampoco me molesto en contestarme, porque desde hace quince días sólo me comunico con el mundo a través de gruñidos de distintas intensidades (un “grrrr” es sí, un “GRRRR” es no).
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Carta a futuro

mayo 30, 2008

Cuando ya tengas edad de escupirle correos al tonto que te robará los “te extraño”, todo esto que te escribo sonará todavía más cursi que hoy, que es invierno y es un año perdido en el pasado.
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Los miedos mínimos

abril 30, 2008

Habiendo cumplido 33 años, sabrás que no has madurado un sorete cuando no puedas empuñar una perforadora sin pensar que se trata de un arma futurista sofisticada.
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Secuencias de otoño

abril 17, 2008

Abril es un viaje en colectivo con las ventanillas abiertas, papeles que se vuelan, estornudos como regaderas, una chica con botas que me clava el taco sin querer en el meñique mientras la armónica de Dylan se me sale por las orejas.
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Acerca de las segundas gestaciones

marzo 25, 2008

Ya sé, no se puede,
tan difícil es relegar las
tragedias
con nuestra pequeña
ecografía.

Y sin embargo

fémures de tiza, latidos de tambor,
las tapas de los diarios
derrumbándose
en ríos sucios
de tinta.

Ya sé, no se puede, pero
falta poco para octubre
y las alegrías son necesarias, mínimas,

indispensables.

Tenemos que aferrarnos a ellas,
aprender a cazar los autos y
los saludos en las ventanillas,

los amigos,
los amaneceres,

nuestros pasos
a la par de la sombra tijereteando el camino

cuando reflexionamos
sobre tus primeros llantos,
y la voz tuya bautizando
tantos poemas / tontos poemas.
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Setecientos días después

marzo 4, 2008

Setecientos días después y otra vez haciendo circulitos en las páginas de los clasificados.
Aunque sabemos que es inútil: no hemos dejado en todo este tiempo de llamar para preguntar por las casas detrás de los carteles, y con cada consulta que hacemos, parece, fomentamos el incremento de billetes sobre un precio al que ya no llegamos.
—Lo que buscan, de mil para arriba.
—Mmmm… Lo pienso y lo llamo.
ilustración de un post viejo, reflotadaOtros barrios, otras calles, la historia se repite. Deambulamos ampliando el recorrido cuando vamos a la panadería o a la farmacia, y damos amplios rodeos por calles que hace meses no transitamos.
Estamos estudiando y repasando.
Las fachadas se suceden en un calidoscopio lento y satánico. Cada tanto dejo caer el culo en una verja y apunto en mi cuaderno algún dato. Me he convertido en un detective al que no se le escapan los jardines delanteros con el pasto alto, las persianas cerradas, los papeles acumulados en los buzones, la tierra y los excrementos en las puertas de los extraños.
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Diferentes clases de orgasmos

febrero 13, 2008

Antes de que Andy llevara mis noventa kilos de carne fofa a mil cien metros de altura, yo era de los que pensaban en el coito y el autoservice como únicas posibilidades de alcanzar un orgasmo.
Descreía, por ejemplo, de las bondades del sexo tántrico (tachándolo de “un innecesario cuento de nunca acabar”), me mofaba de quienes, inducidos por los efectos de algunas drogas, llegaban al clímax como electrocutados, y me parecía un verdadero dolor de huevos experimentar con el sadomasoquismo.
—Los orgasmos —me decía— sólo se alcanzan por frotación.
Los recesos laborales, empiezo a creer, fomentan eso: alternativas de experimentación, búsqueda de sensaciones nuevas, la perspectiva de tu ciudad vista como la ven los pájaros.
Estas semanas que nos tomamos para despejar la cabeza no incluían un vuelo en el Aeroclub de La Cumbre, para nada.
Dejo esto en claro para evitar confusiones: fui engañado como una criatura. De lo contrario, confieso, ni en pedo me hubiera subido en ese aparato. Lili, una amiga de años, lo sabía. Por eso preparó una redada con su novio, porque la ventaja corría de su lado; poca resistencia ofrece un padre que se lleva de vacaciones una muela cariada y una hija que no para de correr ni un segundo hacia todos lados.
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Oda a Chinasky

febrero 1, 2008

En algún lugar de la ciudad estará ahora Chinasky.
Sólo hacen falta un descuido y una puerta mal cerrada para que la calle abra la boca y se trague a tu perro.
La ciudad tiene hambre de mascotas pequeñas. Las debe usar para minar nuestros sueños. A eso se dedica la ciudad cuando no la vemos, a sembrarnos la almohada de pesadillas con animales muertos.
Jamás me han gustado los perros. Soy chico de departamentos diagnosticado oportunamente por un profesor de gimnasia en el patio de un colegio lejano en el tiempo. Me pasé los primeros 26 años de mi vida encerrado en espacios pequeños, grises, con ventanas que encuadraban hileras de ladrillos color hueso. Me tomó un buen tiempo acostumbrarme a que los cielos no eran figuras geométricas caprichosas y pasaron años hasta que comprendí la posibilidad de una ventana intermediando entre mis ojos y un árbol, por ejemplo.
Los chicos de departamento sabemos que los únicos animales con los que convivimos son las cucarachas, los ratones y los murciélagos.
Un dormitorio compartido con alimañas, tres repisas dobladas por el peso de los libros, camas rengas haciendo equilibrio sobre revistas, colchones hondos que se tragaban de un bocado todos los anhelos.
La ciudad parece vengarse de mi huida hacia la tierra de los barrios periféricos y entonces me roba un perro, dejándome solo con una multitud de soretes pequeños.
Está bien. Chinasky tenía los días contados en el patio: le esperaba un trabajo de sereno en una maderera en cuanto comenzara a soñar con estacionar el pito entre las piernas de mi otra perra.
Ella, mi otra perra, se ha quedado triste. No sé si por la pérdida del amante en potencia o si por una cosa medio maternal que descubro en todas las criaturas desde que soy padre.
La miro y le digo: —A comer.
No responde.
Yo no quería tener perros. Que algo así me pase ahora me hace sentir ridículo y de ánimo menstruante.
A los diez años, en el cuarto piso de un edificio, me hice amigo de los libros.
—¿Para qué otra cosa? —le digo a mi perra, quien persiste en su mutismo con formato duelo.
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Y hace un año…

noviembre 20, 2007

…exactamente un año, yo estaba sentado en esta misma silla, y habíamos acordado un pacto con mi chica: ante la más mínima señal, levantaríamos los bolsos, nos meteríamos al auto y mejoraríamos el tiempo de los ensayos que hicimos para llegar al hospital.
Yo había prometido recordar las tres cosas que tenía que llevar y no ponerme a observar boludeces en voz alta, tales como “¿seremos la única pareja que va camino al hospital en este momento, en esta ciudad?”.
En un año pueden pasar tantas cosas.
Sin ir más lejos, hace un año tu madre se convirtió en una mamushka y de adentro saliste vos, cosa que me pareció una de las experiencias más extrañas, una de esas cosas que no se pueden olvidar jamás.
Contrariando los pronósticos, tu llegada nos sorprendió dando vueltas como dos boludos en la peatonal, en uno de los pocos días en los que pudimos burlar el reposo absoluto.
Me prometí que no iba a soltar en este saludo cosas demasiado poéticas con respecto a tu primer cumpleaños, así que no temas, las metáforas están maniatadas y en penitencia hasta terminar.
No sé qué voy a regalarte, ya te lo había dicho antes, pero eso no me preocupa tanto como saber si recordarás algo de todos estos primeros años de fotografías y videos con el celular, de todas estas mañanas musicales, de todas estas mamaderas a la siesta que caen vencidas a un costado con la música de los títulos de los Backyardigans (unos dibujazos, increíbles, cuando seas grandes te los vuelvo a mostrar). (more…)

Once meses

noviembre 8, 2007

Nota que me pidieron para una revista y que al final no salió.
Ilustraciones: Luis Paredes

luci_2.jpg

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Transporte y violencia

noviembre 5, 2007

Este texto fue movido a la nueva versión del blog, ahora podés leerlo acá.

Cómo detectar a tus vecinos extraterrestres

septiembre 27, 2007

Después de buscarle mucho la vuelta, dimos, de pura casualidad, con la verdad: son extraterrestres.
Una pareja, en apariencia, igual a la nuestra. Él, un gordito con un culo por cara, ella, un ama de casa postparto. Tienen una perra negra y un bebé que pronto cumplirá un año.
Se mudaron hará, no sé, ponele cinco meses, y desde entonces no cruzamos ni siquiera un saludo.
Hemos usado todas nuestras estrategias, ¿eh? No lo digo de cómodos que somos, ni de antipáticos. Para ellos nosotros no existimos, posta.
A ver. Para explicarlo mejor; cuando salimos a la puerta de casa y están afuera (viven justo al frente), ni siquiera levantan la cabeza. Hemos probado con falsas toses y estornudos, con exageradas aclaradas de garganta, y nada; salimos y ellos ni miran. Hasta tocamos mucha bocina simulando despedidas desgarradoras si uno de nosotros va hasta la panadería.
Nada.
—¿Cómo es posible? —nos preguntamos.
—¿Son sordos? —aventuré una vez.
Mi mujer se incorporó un poco de la silla para ver a través de la ventana del living. Con el labio entre los dientes negó.
—Sería mucha casualidad una familia completa de hipoacúsicos.
Era cierto. Además, una vez lo había visto a él hablando por teléfono a través de una ventana. La opción de la familia Beethoven estaba descartada.
¿Qué otras pistas teníamos? Agentes secretos, con semejante caras de nabo, no podían ser. En eso también eran igual a nosotros. Además, ¿qué agencia de espionaje les pagaría un alquiler en una casa en este barrio? A los agentes los mandan a lugares top, como los countries, me juego los huevos. (more…)