Una cena muy especial

De la cena más extraña en la que participé no puedo decir mucho. Dónde fue y qué motivos hicieron que se juntaran tan disímiles comensales, es un secreto.

Sólo diré, por respeto al pudor, que teníamos cebollas, papas, tomates, mondongo y algo de pescado, que había poca luz y que decidimos que Mario sería el cocinero: era gallego, por alguna razón pensábamos que en Galicia habría aprendido secretos culinarios exquisitos.

I will not eat that shit. At least not in this life —dijo Jenna al ver el mondongo—. It looks like a fucking towel! —agregó.

El gallego se volvió para mirarla, levantó las cejas y luego me miró a mí:

—Dice que ni en pedo se come tu guiso, que el mondongo parece una toalla —traduje.

—Pues que me coma las pelotillas del culo, tío. Es lo único que tenemos, si no le gusta, que haga magia.
disculpen la ilustración, años hace que no me pongo con el Photoshop
Mario era rústico para el trato y Jenna, la californiana de nuestro grupo, le provocaba alergia. Lo de ellos iba más allá de lo cultural. Si se hubiera tratado de piedras, tampoco habrían congeniado nunca, ni siquiera para hacer un chispazo.

—Joér con la gringa —dijo el gallego mientras volvía sobre los ingredientes.

Me acerqué un poco más para ayudarlo. En sus manos los tomates giraban con maestría, y las papas rodaban abatidas hasta convertirse en rodajas. Por mi parte, la dificultad para pelar las cebollas ralentizaba el proceso y cuando empecé a picarlas, lloré como una niña. Mario me hizo a un lado y se puso a terminar mi tarea, mientras yo embutía las sobras en una bolsa.

También con las cebollas se notaba que sabía lo que hacía.

—La tenés clarísima, gallego —observé.

—Vosotros los argentinos estáis condenados al asado. Si no tienen carne para quemar, se quedan sin cena.

En el grupo también había un alemán llamado Jenssen. Era un tipo fornido, rubio hasta hacer doler los ojos y más blanco que la piel de un sobaco. Con la única persona con la que hablaba era con Jenna, a nosotros no nos dirigía la palabra. O conversaba monosilábicamente con ella, o se limitaba a tomar nota en un cuaderno rojo sin mirarnos.

—No me gusta el albino, chico —me dijo por lo bajo Onedollar, el único que me caía bien en el grupo.

“Óne”, como yo lo llamaba, era el prototipo del exiliado que había huido en balsa de una isla asesina. Tenía determinación, me seducía su drama y la forma en que lo mantenía en secreto.

—Shhh, Óne. Todavía no sabemos si entiende español —le advertí.

—Mucha conversación —interrumpió Mario con una ristra de ajos en la mano—: si no apuramos el carro, aquí no habrá más que desayunos —dijo, y le entregó a Óne el cuchillo—. A pelar, colega, que la vais de conversadores y esto no es un congreso.

Mientras el cubano ocupaba mi lugar de asistente, volví junto a Jenna. En sus ojos había desprecio, mucho desprecio.

—¿Todo oquéi?

Is he afraid of vampires or what? —ironizó ella.

Garlic is good —dije con una sonrisa—. Try to put some “onda”, baby.

Fucking cookers, fucking brazilian people —fue toda su respuesta.

Jenna tampoco me caía bien, pero sabía que en el fondo debíamos guardar la calma. Si empezábamos a sacarnos la bronca unos contra otros, no conseguiríamos nada, y yo había apostado a que llegaríamos sanos y salvo al postre.

Empezó a caer la noche y encendí el único farol que teníamos sobre la mesa. El perfume de la comida nos fue congregando y terminamos ocupando nuestros lugares. El último en llegar fue Nao, el japonés que se había ofrecido para buscar el pan.

—¡Qué grande, Naíto! —dije cuando abrió la bolsa.

Tenía toda la pinta de ser un pan muy rico.

Tras hacer una reverencia, el oriental ocupó también su silla y todos nos quedamos mirando las espaldas de Mario, que daba los toques finales a la preparación.

—Una pizca de orégano para perfumar y… ¡Listo! —anunció.

Atacamos sin pudor, esa es la verdad. Todos menos Jenna, que metía su tenedor en el plato y separaba los componentes. Para cuando el resto de nosotros arremetió con los mendrugos de pan para limpiar los platos, la californiana tenía los brazos cruzados delante de las sobras de mondongo y pescado que no había tocado.

—Tienen proteínas, mujer —dijo Mario—. ¿No comen nada sano en tu país, niña?

You are a monkey, I do not talk to monkeys —contestó ella.

Se hizo un silencio apenas interrumpido por el mecánico trabajo de las mandíbulas de Jenssen. El alemán masticaba su último bocado con indiferencia.

—¿Quieren que vaya juntando? —pregunté.

Nao se puso de pie y me ayudó a recoger los platos, mientras Mario y Jenna se miraban con un odio genuino y palpable.

Onedollar habló:

—En mi país, cuando alguien ha cocinado así de sabroso, le damos la noche libre y le servimos tragos.

Jenna me miró, esperando que yo tradujera.

¿Is your last name Jameson? —le pregunté.

My last name is up-your-ass. That’s all you need to know.

Esta vez fue Mario quien me miró esperando el doblaje.

—No pasa nada, gallego. Dejálo así.

—Esta putilla no hace más que soltar veneno, menuda polla haría falta entre esos dientes para cortar la verborrea —dijo Mario. Y unos segundos después agregó—: ¡Próstitut!

El movimiento de Jenna fue veloz y calculado. Tal vez estuviera esperando la oportunidad y la palabra universal le servía de bandera libre. Lo próximo que supimos fue que la mano de la muchacha empuñaba el cuchillo y que la hoja presionaba peligrosamente la garganta del cocinero.

Había tensión en el aire, el tipo de tensión que antecede a un desenlace cruento e inevitable. Tuve deseos de cerrar los ojos, entonces habló Jenssen y todos lo miramos con asombro:

—No pélea, Jenna —dijo mientras encendía un cigarrillo—. Jenna no mata Mario si nos dan el microfilme.

El gallego tenía el entrecejo fruncido y toda la cara se le había arrugado hacia el mentón, como si la confusión le hubiera barrido los gestos.

—A ver, a ver —tercié—. Me parece que si no nos calmamos un poco, las cosas…

Mi frase quedó interrumpida por el filo de una hoja que atravesó el aire, cortando de cuajo la muñeca de la muchacha. Nao había golpeado con una espada muy filosa que ahora blandía sobre su cabeza, mientras en la mesa quedó el puño sin vida sosteniendo el cuchillo.

Mario retrocedió con un grito:

—¡ME CAGO EN TU PUTA MADRE, TÍO!

La muchacha escondió el muñón entre las piernas y abrió grandes los ojos, justo a tiempo para que su expresión se congelara para toda la eternidad con el segundo sablazo de Nao, que la decapitó.

La cabeza sin vida rodó por el suelo y yo caí, lívido, en mi asiento.

Onedollar habló esta vez:

—¡Chino de mierda, te dije que sin matar a nadie, y mira lo que has hecho!

Nao ladeó la cabeza y esbozó una sonrisa que lo eximía de todo remordimiento. Me volví a mirar a Jenssen, que se había quedado paralizado en su asiento.

Onedollar volvió a hablar:

—Bien, alemán. Creo que ya sabes cómo termina la película.

Y vaya si lo sabía. Se limitó a cerrar los ojos y apretar los dientes. Recién entendí lo que estaba sucediendo cuando de su pecho asomó la hoja de la espada de Nao, que había ingresado por la espalda sin hacer ruido.

El cuerpo robusto cayó de bruces sobre la mesa, haciendo saltar los cubiertos.

Mario, todavía de pie, me miraba con los ojos llenos de lágrimas:

—¡Hijos de puta, estáis todos locos de remate!

Onedollar le hizo una seña discreta para que guardara silencio y se sentara. De esa manera, el gallego y yo quedamos enfrentados en la mesa, flanqueados por los dos cadáveres.

—El microfilme, Mario —dijo Óne.

Yo permanecí en silencio, sin siquera pestañear. Mario, por su parte, negaba lentamente con la cabeza, mientras de sus ojos rodaban pequeñas lágrimas que se le juntaban en el mentón. Una panza acuosa y brillante creció en su barbilla, y en un momento se descolgó para caer sobre su pecho.

—Locos. Estáis todos locos.

Nao limpió la espada con el mantel y acercó el filo hasta la oreja del gallego.

—Puedo empezal pol una de estas —amenazó.

—Vale, vale —dijo entonces.

Con lentitud vimos que sacaba un tubito de plástico rojo del bolsillo y lo depositaba sobre la mesa. Onedollar estiró el brazo para tomarlo.

—Has hecho bien, español. Es una lástima que ya no vuelvas a cocinar —dijo antes de que la espada también se cobrara su vida.

—Cabrones… —musitó Mario antes de morir.

Ahora sólo estábamos Nao, Onedollar y yo. Noté que el oriental se disponía a ubicarse a mis espaldas. Ya sabía lo que me esperaba. Entendí que había una pasión mórbida por atacar desde atrás, clavando la punta para traspasar a sus víctimas.

Pensé en cómo habían cambiado las cosas, en las ironías de la vida con sus refranes. “El que a hierro mata, a hierro muere”. Rememoré mis primeros pasos, lo que me costó llegar hasta acá. Con la respiración de Nao agitada por la excitación bañándome la espalda, acabé por entender que el progreso está relacionado con la velocidad con la que aprendemos algunas cosas. Si algo me ha permitido crecer, eso ha sido aprender sobre el valor de las alianzas.

Estaba reflexionando al respecto cuando vi que Onedollar apuntaba su pistola y abría fuego.

Detrás de mí, el cuerpo de Nao se desplomó, abatido.

—Chabón —dijo Óne—, esto de hacerme el cubano es un dolor de huevos.

Sonreí, estiré la mano y tomé el tubito rojo.

Empecé esta crónica diciendo que no podría dar detalles de porqué estábamos todos ahí esa noche. Tampoco diré que sólo uno de nosotros cruzó la puerta de salida con vida.
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39 comentarios to “Una cena muy especial”

  1. Martín - Aquende Libros Says:

    ¿Te pusiste a pensar que mataste a Jenna Jameson?
    ¿Lo pensaste?
    Me gustó, eso es todo lo que voy a decir.
    Y sigo esperando mi libro.
    Un abrazo.

  2. Tomasini Maria Says:

    Bueno, eso de que lo maten a uno sin hacer la digestion no me parecio justo, sobre todo para el pobre Mario que cocino una de la pocas comidas que saben hacer los gallegos, aparte de la empanada. Estoy limpiando la sangre que salpico al monitor, al teclado y a mi pijama celeste.Mi fibra macabra dice que el cuento le parecio muy bueno. A mi me gusto. Un saludo

  3. Tomasini Maria Says:

    PD: me olvide del bacalao

  4. Lucas, desde Pest Says:

    Estupendo… Talvez no lo mas indicado para mi cena, justo cuando me estoy reponiendo de cierta revolucion estomacal.
    Pero igual de puta madre.
    Ahora lo de Jenna… la queriamos tanto.
    Y no se porque me acorde de los almuerzos de Mirtha Legrand cuando van modelos o vedettes o criaturas semejantes.
    Abrazos,

    L

  5. Patricio Says:

    Muy bueno, muy bueno. El chino merecía morir de otra forma, no sé… quizás que sufra más. Pero bueno.

    Y agrego a lo que dijo Martín: Mataste a Jenna Jameson… y con la mano (o lo que sería la mano) entre las piernas!

  6. Guty Says:

    Che, yo también quiero el libro. Cuándo llegará por las grandes cadenas así lo tengo en La Rioja.

  7. ceci Says:

    Muy bueno José, bien ingenioso.

    Besos.

  8. Caro Says:

    hace un tiempito que estoy siguiendo este blog, he encontrado cosas muy interesantes, me gusta lo que proponés … este tema de tomarlo todo con un poquito de humor , que no sea todo tan serio me gusta mucho

    este cuento: exelente …
    ahora que copado no? el unico que sobrevive casualmente es argentino, je je

    Adiozzz

    La Caro

  9. Federico Gauffin Says:

    Shit! Me hizo acordar a una escena de Kill Bill.

  10. otra eli Says:

    muy sangriento para mi gusto…

  11. Camilooh desde Helsinky Says:

    Tiene razon Federico… es muy parecida a una escena de Kill Bill…. Me encantae eso!! esta muy bueno Jose…
    la trama, espectacular…!
    El final, me dejo atonito… tipico de vos! jaja

    felicitaciones y gracias por alimentarme de buena literatura todos los dias!

    cuidate y suerte!

  12. Lucas, desde Pest Says:

    Cual fue che? cual de los dos safo?
    (momento rubio)

    L

  13. karmakiller Says:

    AH!., el dulce placer de ser carnívoros. Cavernicolismo argentino, solo un ingrediente mas. Saludos y larga vida a jose- KARMA (http://kiss.to/karmakiller)

  14. Walterio Says:

    Kill Bill + Lost + James Bond + cuento del argentino, el alemán, el gallego y…

  15. Jafi Says:

    che, me quede con una duda, que comida se mando el gallego con esos ingredientes??? que pescado tenían???
    un groso el gallego ese!

  16. Tomasini Maria Says:

    Jafi, la duda sera eterna, con papas, tomates y cebollas, los oriundos de Galicia son capaces de hacer cualquier guiso, agregando todo lo que pudo sobrar de ayer, en este caso mondongo y pescado, raro que falto el chorizo colorado.

  17. José Playo Says:

    Disculpas ofrecidas por no estar al día con los comentarios, ando a los tiros terminando algunos proyectos, pero los leo a morir.

    Abrazos.

  18. elroberdesdemicélu Says:

    Siempre me sorprendió la cantidad de gustos similares que tengo con vos, José, pero éste supera todo. Jenna Jameson ocupa desde hace mucho el fondo de la pantalla de mi célu. Cuando te vea te la pasó por bluetooth !!😉

  19. Tomasini Maria Says:

    Ahora se porque la mato.!!!!!!!!!!

  20. Fledermaus Says:

    ¡¡¡Groso Joseph!!!. Te falto a Ron Jeremy trayendo el postre. Siempre sorprendiendo usted, un grande.
    Saludos y abrazos.

  21. vanu Says:

    sangrienta historia…MUY BUENA!!!

  22. elroberdesdemicélu Says:

    No serás vos un sueño que estoy soñando como el cuento de Borges, no??

  23. Barí Says:

    Sorpresivo como canto e loco.
    Y además escribo para ver qué dibujito me sale en suerte
    (La imagen, digo, que aparece al lado)

  24. Barí Says:

    Esssa!
    Carita feliz.
    Abrazo fuerte

  25. "el que sigue" Says:

    Muy bueno playo!! muy bueno.

  26. moscarey Says:

    Muyyyyy bueno Josue, muy buenooooo. Un saludo, éxitos, chico.

  27. Tomasini Maria Says:

    me encanta mi carita, no siempre estoy asi, pero hago lo posible

  28. José Playo Says:

    Martín – Aquende: ¿has visto fotos de la Jenna actual? No hice más que graficar su decadencia.
    Ya tiene su libro, ahora puede decir más cosas. Abrazo.

    Tomasini Maria: qué bueno, María. Sé que es de mal gusto mezclar gastronomía y asesinatos, muy al estilo gangster ítaloamericano, pero a veces son necesarios estos homenajes.
    La idea del cuento surgió porque en casa cocinamos ese día una comida con los mismos ingredientes. Todo tiene que ver con todo.

    Lucas, desde Pest: gracias, Lucas. Queríamos tanto a Jenna…

    Patricio: estoy de acuerdo, el chino tuvo una muerte blanda si la comparamos con las burradas que hizo antes de subir a buscar el arpa.
    ¡Cómo pegó lo de Jenna!

    Guty: están distribuyéndolo de a poco. Con las grandes cadenas, entiendo, hay un proceso burocrático que dificulta la rapidez, porque los libros se mandan a Casa Central (Bs As) y de ahí se distribuyen a los puntos de venta. Hasta para que los pongan en las librerías de Córdoba tienen que esperar que vayan y vuelvan. Gracias por interesarte, Guty. Ediciones del Boulevard está trabajando en eso.

    ceci: muchas gracias. Beso.

    Caro: gracias, Caro. Me alegra mucho saber que la idea es más o menos clara. De eso se trata, ni más ni menos.
    Y me encanta que hayas encontrado la ironía del argentino sobreviviente. Quise que los personajes estuvieran grotescamente esterotipados para destacar esas cosas. Abrazo y bienvenida.

    Fede: tiene mucha onda Kill Bill, sí. Tarantino es un maestro.

    otra eli: ya vendrán cosas menos rojas. Besos mientras tanto.

    Camilooh: gracias, cabeza. Es un gusto poder compartir estos juegos con ustedes. Saludos.

    Lucas, desde Pest: “El mensajero no es importante”.

    karmakiller: saludos y buen provecho.

    Walterio: ¡Muy bueno! Me hace sonreír que le encuentres el toque Lost que involuntariamente le puse en algún lado (supongo que en el farol con que iluminan la cena, aunque después me cagué y le agregué una puerta al final). Y es cierto, temí por un momento estar haciendo el típico cuento de las razas. Abrazo, Walt.

    Jafi: el pescado era merluza (mi suegra nos trae una vez a la semana una merluza que compra en una feria cerca de su casa). No sé cómo se llamará el plato, acá en casa lo inventamos con las sobras de un locro y lo que teníamos a mano.
    El domingo te vi andando en moto, te llamé con la mano, pero no me viste. Venías de rigurosa remera rayada verde y blanca, muy inglés. Somos vecinos, chango.

    Tomasini Maria: no había, efectivamente, chorizo colorado. Viejos resabios de un locro pirata🙂

  29. José Playo Says:

    José: bien, José. Cuando estés con más tiempo, te esperamos. Abrazo.

    elroberdesdesucelu: jaaaaaa, qué maestro. Eso se llama sacarle el jugo a la telefonía celular. Me caen bien los que tunean los teléfonos con íconos porno. Abrazo grande.

    Tomasini Maria: ¿por? Me dejaste con la intriga…

    Fledermaus: ja, sí, tenés razón. Hubiera sido un toque de distinción perfecto. Abrazo y que estés bien.

    vanu: gracias, muchas gracias.

    elroberdesdesucelu: andá a saber. Por las dudas, sigamos despiertos.

    Barí: esto de los dibujitos es un toque interesante para abonar a los espíritus sin avatar. Me gustan casi todos. Y lo más gracioso es que a la mayoría le caben muy bien, ja.

    elque: gracias, Cristian. No pudimos charlar mucho en la presentación, pero gracias por pasarte, che.

    moscarey: gracias, chango. Un abrazo grande y saludos a la gente del pago.

    Tomasini Maria: ¿ha visto?

  30. eli Says:

    José: justo cuando mi interpretación estaba apuntando para el lado del carajo, le estaba encontrando muchas similitudes a la peli “El Alberge Español” (creo que acá llagó como “Piso compatido”) por la mezcla de razas y la convivencia entre personajes de diferentes paises, le cortaste la cabeza a Jenna, jajaja
    me tomó desprevenida el giro del cuento, y eso está bueno.
    para mi tiene un toque muy “Guerra Fría”, agente 007, sobre todo por el detalle muy retro del microfilm ¿existen los microfilms ???

  31. grillito Says:

    cheeeee…. me quedé c la boca abierta más d una vez… muuuy bueno
    posta q tenes algo d homicida adentro, jaaaaaaaa
    besos

  32. José Playo Says:

    eli: me parece que sé cuál es la peli, protagonizada por el muchacho de facciones extrañas que no terminás de decidir si es feo o sofisticado. Me gusta sorprenderme yo también con algunas de esas cosas, la redacción lineal de historias de conflictos que jamás se van para ningún lado no me despiertan muchas fantasías. De este modo (muy a mi modo, no sé si bueno o malo) me puedo divertir pensando en una actriz porno retirada, en otros cuentos para vincular, en gastronomía, en viejas películas de la Guerra Fría (¡bieeeeen! No me decidía por el detalle del microfilm, pero al final me dije “cuánto hace que no salen películas en las que hay que proteger microfilmes!”).
    Gracias, es lindo saber que el cuento se puede desmenuzar para entender qué cosas lo componen, como la receta misma del preparado del gallego.
    Un beso y gracias.

    grillito: esperemos que sólo salga para poner el pie sobre los papeles.
    Beso y que estés bien, grillito. Mucho hacía que no te leía por estos lados.

  33. Tomasini Maria Says:

    Bueno, Jenna abandono el campo, con vaciamientos mediante, ahora va a tratar de ser lo que quiere ser y dejar de hacer lo que sabe hacer. ¿se entiende?, mas o menos. Pero en este cuento la mata haciendo lo que quiere ser, actriz. No fue justa su muerte no bien comenzo su carrera. Aunque es un cuento,Jenna es protagonista. Es de esperar que lo que quiere ser le salga bien, es muy linda.
    ¿La mato porque ya no sera …..?

  34. Walterio Says:

    José: a mi me gusta reciclar, hacer collage, hibridar… al final en literatura se puede ser cocinero como el gallego de tu cuento y que encima se chupen los dedos (aunque con el mondongo yo hubiera hecho lo mismo que Jenna).

  35. benjuvi Says:

    muy bueno, alguna vez quise ser el chino. yo te vi a vos el sabado viendo al de rayado

  36. Walterio Says:

    Ah! y ahora que lo pienso en algún momento en las películas de espías se dejaron de usar los microfilms y se interesaron más por los microchips, ahora ya no se de que se preoocupan, todo es tan “nano”…

  37. Jafi Says:

    Si Sr. era yo nomas.
    No te vi Jose, sino paraba un toke. La próxima grita más che o tirame un palo entre los rayos, seguro que paro.
    Abrazo che.

  38. eli Says:

    José: siii esa es la peli, con esa descripción del autor no hay modo que sea otra!
    Seguí con esa receta de mezcla de ingredientes varios, (muy a tu modo por supuesto) que le da un toque interesantisimo al cuento rojo.

    Walterio: yo pensé lo mismo que vos, ya no se habla de microfilms, ni microchips, ni nada… por eso no hay peliculas de espias tan buenas como las de antes.

  39. eli Says:

    Cheee, esta cara de tuerca mala onda va a salir cada vez que te escriba? vas a pensar que soy una enroscada ortiva y no es taaan así, ayer me pareció simpática, hoy no me gusta… ves ya me estoy enroscando y ortivando. Mejor lo dejamos ahí, besos!🙂

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