Con los ojos bien abiertos

ilustración de Esteban DuróNo era justo, nadie merecía un final así. Venía corriendo por un bosque lleno de árboles inmensos, saltando los troncos caídos y esquivando las ramas bajas que parecían querer detenerlo. Corría con la velocidad imposible que imprimen el miedo y la certeza de que estaban cerca.

Saltó por encima de una pequeña laguna y tropezó del otro lado con una piedra cubierta de musgos, se incorporó y continuó huyendo.

La luna estaba hinchada de blanco y el follaje refulgía con un extraño brillo lechoso. En algún momento pudo escuchar el canto de los búhos. Atrás iban quedando los rastros; cualquier perseguidor sabría leer sus huellas en las verdosas pisadas junto a los charcos, sabría oler su miedo adherido en el tronco de los árboles y sabría escuchar su respiración agitada en el viento y en el aire que cortaba a su paso.

Tal vez no todo estuviera perdido, los hombres de atrás debían ser buenos, ya lo habían demostrado descubriéndolo donde pensó que nadie lo buscaría, pero no habían podido darle muerte en el mismo lugar y gracias a la suerte salvó el pellejo.

Debía seguir. Era eso o la muerte, sin más remedio. A pesar de la piel sudada, de la presión del aire faltante, no podían atraparlo.

Continuó en línea recta hasta el segundo claro del bosque, donde viró bruscamente hacia la derecha en dirección a la ruta que corría junto al arroyo; si conseguía cruzar sus aguas turbias las probabilidades de sobrevivir se incrementarían. Tenía la ventaja de conocer muy bien el terreno, después de todo, se había criado en ese lugar. Aunque quizá el miedo promovía esos cambios que hacían que la luz brotara así entre la niebla, trepando por los árboles, convirtiendo al bosque en un lugar distinto, desconocido.
Esta noche, con los planes cambiados, los ojos sólo le devolvían postales marchitas de su tierra acogedora y tranquila.

Saltó por encima de un inmenso osario vacío de carne y la visión lo espantó, obligándolo a apretar el paso y a mirar a los costados para anticiparse. Tropezó con la raíz de un árbol en mitad del sendero. Pocas oportunidades le quedaban ahora que sus piernas casi no respondían y que el esfuerzo fatal fluía lento en la rigidez de sus músculos.

Siguió a la rastra con ese cansancio imposible, serpenteando y dando tumbos, tropezando sobre ese suelo hermoso conquistado alguna vez, con la abnegada convicción de salvar su vida, a pesar del dolor punzante de cada latido.

Cuando divisó, iluminada por la luna entre los árboles, la inexpresiva presencia de la ruta, la esperanza se renovó en su pecho. Pero estaba exhausto y había perdido demasiado tiempo.

A medio camino entre una banquina y la otra escuchó las voces y vio salir desde el follaje las luces de las potentes linternas. Estaba a unos metros del arroyo cuando sonó la primera descarga y un calor de fuego le quemó la espalda.

No cayó.

Atrás, las voces sonaban excitadas y superpuestas, se alentaban entre ellos tomándose la libertad de elegir quién efectuaría el segundo disparo. Notó sobre el cuerpo un manto negruzco de sangre que manaba de la herida. Supo así que no alcanzaría la orilla opuesta, e igual se precipitó para intentarlo.
La cobardía de vencerlo en inferioridad de condiciones resonaba en ecos oscuros desde las bocas de los perros. Unos metros antes de llegar al agua sus piernas se enredaron, como si su cuerpo se hubiese dado por vencido; trató de incorporarse con un espasmo, pero casi no le quedaba sangre y estaba agotado.

Escuchó los gritos bestiales ya como venidos de otro mundo y las luces lo apuntaron. No había escapatoria.

Los temblores le punzaban las coyunturas y la suerte se resumía a que no lo dejaran agonizando.
Cualquier cosa sería mejor que el cansancio aquél, que el terror aquél.

Entonces aparecieron los hombres y se quedaron mirándolo.

Hubo unos segundos de contemplación y respeto. Había dado buena batalla en el monte desierto.
Se incorporó y se mantuvo de cara frente a ellos.

A su espaldas estaba el arroyo, sobre su cabeza estaban los árboles y más arriba la luna, imposibles de alcanzar. Las luces de las linternas lo cegaban, la respiración se le escapaba por la boca formando volutas de vapor que desaparecían sobre su pecho. Antes de morir despedazado por las descargas, miró hacia el cielo buscando los búhos que se habían equivocado marcándole el camino. No los encontró.

Murió finalmente con los enormes ojos negros muy abiertos, con la lengua afuera de la boca, como mueren los ciervos..
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Del libro Peguelé hasta dejarlo morado.

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18 comentarios to “Con los ojos bien abiertos”

  1. ceci Says:

    Otra vez lo leo José y me sigue impactando como la primera vez.
    Me mató este cuento.
    A propósito del relato, te cuento que acá en Holanda se protegen y quieren mucho los animales, no sabés con qué vehemencia y responsabilidad se los cuida.
    Cierta noche volvíamos de cenar con unos holandeses amigos.
    Como son muy conscientes en el tema de beber y no conducir, el dueño del vehículo se sentó detrás junto con Abel, y la esposa manejaba conmigo a su lado.
    De pronto sentimos un leve topetazo en el paragolpe, como si algo lo hubiera rozado de pasada.
    Como hacía poco que estábamos viviendo acá, no teníamos la más mínima idea de lo que hablaban los holandeses, que de lo más inquietos se sobresaltaron.
    Ella, Wil, frena el auto y se baja Marcel, el marido, y nosotros no entendíamos nada de lo que pasaba.

  2. ceci Says:

    El tema es que había cruzado un ciervito que por suerte salió ileso y se internó en el campo corriendo y sin ninguna lesión, solamente el atontamiento que le dejó el golpe.
    Si vieras lo compungidos que estaban al comienzo, hasta que comprobaron que no le había pasado nada grave.

    Obviamente nosotros también nos alegramos.
    Te diría que luego de vivir acá tanto tiempo, se nos ha pegado esa fascinación por el cuidado de los animales y la naturaleza.

    Esta anécdota me vino a la mente gracias a tu cuento.

    PD: El relato fue separado porque no sé qué tecla toqué antes. Pido disculpas.

    Saludos.

  3. Camilooh Says:

    Sin palabras Playo!
    ves pq te digo q sos insuperable??
    muy bueno lo tuyo!
    saludos!

  4. madre Says:

    José:
    Fantástico.
    Cada vez que leo este cuento descubro más cosas que se me pasaron en las primeras lecturas. Lo podría leer varias veces sin cansarme.
    Felicitaciones.

  5. Gabi Says:

    Excelente relato, felicitaciones!

  6. federicogauffin Says:

    Ja… Ya me parecía que lo había leído.

  7. Walterio Says:

    La verdad, por esta línea uno de los mejores.

  8. InTheFlesh Says:

    Extraordinario cuento. Gracias por compartirlo. Un gran saludo

  9. Julia Says:

    Excelente relato. Felicitaciones

  10. Patricio Says:

    Malditos búhos… !
    Muy bueno, como siempre. Felicitaciones again.
    Abrazo

  11. letransfusión Says:

    Cuando inicié la lectura de este relato imaginé que tenía alguna relación con la muerte de aquel que te mandó al suelo por las escaleras de la escuela y quizá -pensé- sería una forma de hacerle un pequeño homenaje a pesar de todo. Y veo que no, me equivoqué.

    ¿Me dices por favor si el libro está disponible en México?

    Saludos letransfusionados y alucinados.😉

  12. Punk-cho Says:

    Hola José!
    Acá seguimos las huellas de la bizarreada y encontre esto: el Hitaso de José Angel “soy cristiano homosexual”…en Stereo. Perdón por postear acá. Saludos

  13. Lucas, desde Pest Says:

    Muy bueno che, se respira la tension del relato. Cuando mencionas a los hombres me cayo la ficha de que el protagonista no lo era, pero no se me ocurrio un ciervo. Mas bien pensaba en una tortuga o un mamut amarillo.
    La frase del final me hizo acordar a la no explicita muerte de Guk, camello declarado indeseable.
    Abrazos,

    L

  14. Sweet Carolina Says:

    Qué buen cuento. Excelente.!

  15. letransfusión Says:

    Punk-cho, es algo muy, muy jodido. Todavía no paro de reír.

  16. Walterio Says:

    Punk-cho: no puedo creer que sea cierto!, no puedo creer que la gente lo comente tomándoselo en serio! no puedo creer que cosas tan grotescas existan!

  17. letransfusión Says:

    Punk-cho: no puedo creer que sea cierto!, no puedo creer que la gente lo comente tomándoselo en serio! no puedo creer que cosas tan grotescas existan!

    Walterio: créelo, es tan real como que esta en Youtube. Ya son más de seis mil personas que lo han visto, no es una pesadilla… es real.

  18. Lucas, desde Pest Says:

    Nuuuuuuuu, existe!!!!!! el cristiano homosexual existe!!!! Ya no hay ley, ya no hay leyyyyyy.
    Terminare por creer que los canguros existen (avemariapurisima), o pablito ruiz o yuri gagarin…
    Este mundo no es lo que era.

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