La creciente

Vimos madurar el río
desde una silla.
Bajo la sombra de las acacias
desayunamos el canibalismo
de las olas sobre las orillas,

el abrazo ninfómano de la espuma
con las piedras,
la danza de los mosquitos
horas antes
del mediodía.

Era una mañana cualquiera,
teníamos el culo
clavado
en una silla.

En verano el agua corre con bravura;
el río es todo vientre donde galopan
la arena y el musgo,
dándole forma a las ollas
donde hierve
la muerte vacía.

Vimos flotar las vacas;
los perros
que ya no ladrarían;
tres turistas envueltos en una carpa
que giraba enloquecida.

Flotaban, también, dos linternas,
tres botellas,
cuatro mojarras
panza arriba.

Los cuerpos encallaron en un puente
río abajo.
Mientras fumábamos aturdidos por el zumbido
de las cigarras en la humedad,
envueltos en los vahos del musgo
y la sombra,
los bomberos voluntarios le robaban
carne muerta
a la arena fría.

Las sirenas ulularon tardías;
llegó a deshora el aviso
de los destacamentos
de las poblaciones vecinas,
donde el río había pasado para desbordar
las expectativas.

La curva donde el caudal tomaba carrera
se plagó de franjas oscuras.
Una tras otra vimos las olas
pequeñas
agolparse
para tapar las piernas de los árboles
en la lejanía.

Las últimas noches -recordábamos-,
el cielo llovía,
entonces llevábamos botas de goma
y cigarrillos paraguayos,
ásperos para fumar
antes del mediodía.

El cielo se había exprimido sobre las nacientes
en noches sucesivas;
los libros se veían interrumpidos por truenos que rompían
las madrugadas,
y nos quejábamos
junto a las ventanas
que temblaban
tardías.

Vimos crecer el río
desde una silla.

No queremos olvidar
la sangre acuosa

volcada

en sus orillas.

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36 comentarios to “La creciente”

  1. Viejo Says:

    Fuck! excelente y espantosa imagen.

    Abrazo Joseph!

  2. ceci Says:

    Muy bueno José. Me hizo retroceder en el tiempo hacia un recuerdo que todavía me impresiona.

    Saludos.

  3. madre Says:

    José: muy buena la descripción de la creciente.
    Quienes hemos tenido la oportunidad de ver alguna muy brava, podemos revivir con este relato lo que realmente se siente.
    Felicitaciones.

  4. Dr. CroW Says:

    Excelente, José. Me hiciste recordar una ocasión en la que tuve la oportunidad de ver esa terrible pared de agua, espuma, arboles y vacas pasar rauda, remarcando el cauce del rio Los Sauces.

  5. Euge Says:

    No me hiciste recordar ni revivirlo porque nunca fui testigo de semejante acontentimiento de la naturaleza. Pero me regalaste una imagen hermosa y me acercaste formas y colores nuevos.
    Ah! me mató la palabra “ulularon”!
    saludos José!

  6. Walterio Says:

    Vaya coincidencia! hace unos días terminé de escribir un cuento en la que la creciente del Anisacate es casi la estrella.

  7. Morella Says:

    hola!!! es mi primer comentario en peinate!!! espero hacerlo más seguido me distrae un poco de estas horas que no pasan más en el laburo saludos a todos… a playo!!!

  8. Lore Says:

    que poesía!!!!!!!!!!!! excelente, como siempre, como nos tenes acostumbrados

  9. nene Says:

    Cuando era nene, el Río Grande (San Pedro de Jujuy, Provincia de Jujuy), solía crecer hasta pasar por arriba del puente que lo cruzaba. Obvio, en esas crecientes se perdían las vidas de varias de las personas que vivían cerca de él.
    En veinticinco años no volví a ver una creciente de ésas (la última que recuerdo fue a mis ocho años), y éste verano de nuevo el río se tomó un tiempito para llevarse a cuatro personas más.
    Me hiciste recordar mi sorpresa al ir entrando en el micro a mi ciudad, éste verano.
    Muy muy bueno.

  10. Pau Says:

    lo parió José, que espanto tan hermosamente dicho.
    Me gustó me gustó me gustó.
    Yo vi una de esas también, en la Bolsa ,era re chiquita, el agua marron salía por las ventanas de la casa y las puertas de los placares flotaban como botes porque el agua las habia sacado de las bisagras. Se llevó una familia entera esa creciente, subidos al techo, los bomberos no los pudieron alcanzar antes de la ultima creciente. Viste que viene como en tandas. La ultima siempre es la peor.

  11. José Playo Says:

    Viejo: abrazo, Fede.

    ceci: …del que, precisamente, Pau, en el comentario de acá arriba, habla.

    madre: gracias.

    Doc: los ríos de Las Sierras no dejan de asombrarme.

    Euge: aprendí “ulularon” en un poema de Girondo. Me alegra saber que las imágenes te gustaron. ABrazo.

    Walt: sabía que te haría recordar cosas. Es, justamente, el Anisacate el río del qeu hablo.

    Morella: qué bueno que te hayas animado, che. Muy bueno. Pase y escriba cuando quiera. Abrazo.

    Lore: gracias, Lore. Siempre haciendo el aguante. Gracias.

    nene: a mí siempre me llamó la atención la cara qeu te pone la gente cuando le decís “guarda que este hilito de agua crece y llega hasta acá”. La gente de Buenos Aires, por lo general, se te caga de risa, hasta qeu no lo ven, no lo creen. Un honor que me lo apruebes. Abrazo, chango.

    Pau: la creciente de la que hablás, me parece, es “La Centenaria”, que le llaman. En una casa de la zona tienen el tronco de un árbol (muy lejos del río) que marca el lugar hasta donde llegó el agua. Cuando lo ves, te juro, te cagás encima. Y es cierto, la última siempre es la peor. Por aquella zona se habla de “la creciente de las sierras chicas y la de las sierras grandes”. El ruido del agua se escucha a cuatro cuadras. Posta.
    Abrazo.

  12. Walterio Says:

    El Anisacate es uno de los últimos ríos indomables de la provincia.
    Se ha cansado de llevar diques, sauces casas, autos, hoteles enteros que con el tiempo se transforman en cantos rodados cuadriculados de color rojo y blanco. En varias curvas y balnearios aun es posible encontrar entre la maleza de la costa, alguna cruz oxidada que conmemora una víctima.
    Mi tio abuelo que vivía en La Serranita, debio ser evacuado con su familia en aquella memorable gran creciente del setenta y pico, que acabó con el renombre turístico de las villas del río. En la primera década posterior a la catástrofe se volvieron pueblos fantasmas, sin la vitalidad que los caracterizaba y recién en los últimos años de los noventa, poco a poco fueron hundiendo en la corriente del río esa pesada carga que los paralizó por tanto tiempo.
    En el cuento que escribí hace una semana, el final se resuelve en medio de una creciente que también se lleva una vaca como en tu poema. Es un homenaje que le hago al cuento de Juan Rulfo, “Es que somos muy pobres” que recomiendo leer si desean incursionar en el paisaje de las crecientes desde la perspectiva de los que ven ahogarse en ella todos sus sueños…

  13. José Playo Says:

    Walt: recuerdo, a raíz de tu comentario, la desaparición del hotel de Costa Azul, por ejemplo. Y varias anécdotas de gente atando los autos a los árboles para que no se los llevara, o subiendo a los techos, como decía Pau más arriba.
    Qué linda La Serranita. Una de las cosas que más extraño de tus comentarios es esa riqueza histórica, matizada con datos y latidos. Me caga de gusto.
    Me gustaría leer tu cuento más que el de Rulfo.
    Abrazo.

  14. Walterio Says:

    José: gracias por tu añoranza, mi cuento no es tan bueno como el de Rulfo, en realidad es el cuarto de una serie ambientada en las primeras décadas del S XX justamente a orillas del Anisacate, pero más cerca de La Quintana donde el río se junta con el de Los Molinos y forman el Xanaes. En ese triángulo se concentran varias estancias y chacras que supieron formar una comunidad importante de la que tengo memorias ajenas (heredadas de las anécdotas de mi vieja) y propias (experimentadas en mi infancia en los mismos escenarios) En cada cuento una niña diferente narra una anécdota que quiebra su rutina campestre transformándole la vida (a sabiendas o no). Los cuentos son independientes pero están enlazados por el paisaje, ciertos personajes y hasta por acotaciones que hechan un poco más de luz sobre las demás historias. El germen de cada uno es efectivamente un hecho real.
    Todavía no me animo a hacerlos públicos, quisiera antes finalizar la saga (creo que serán entre 14 y 16) pero a pesar de tanta explicación, dudo que herede la boina de Cristina Bajo…

  15. Says:

    Muy bueno el poema…la imagen que me hice fué atemorizante.Gracias José!!
    Walterio: Ya quiero leer tus cuentos…no podés dejarnos picando algo así.Suerte con la producción.Avisá cuando publiques..o ¿publicá acá?.
    Slds.

  16. Pau Says:

    ya volvieron todos, que bueno! Esto se pone que es un lujo…

  17. Walterio Says:

    : por ahora estoy escribiendo… cuando pueda dar esa maravillosa noticia (publicar) te aseguro que se enterará hasta el papa!

  18. Camilo Says:

    José, lograste algo que me cuesta horrores, que lea y termine una poesía. Las espantosas imágenes que tan delicadamente pintas, tienen la potencia como para calzarte de prepo las botas de goma y arrimarte a la orilla, a la fuerza.
    Me gustó!

    Walterio, vamooo mostra un poco. Aunque sea tira uno de los cuentos a las fieras…

  19. Walterio Says:

    Aquí les paso un poquito de cada uno…

    “Hace varios meses que no llueve y el sol nos parte el campo y la cabeza, será por eso que las ideas se mezclan un poco y la gente se pone más nerviosa que de costumbre.
    Está bien, reconozco que soy bastante revoltosa y más si Tina me sigue la corriente, pero no creo haber hecho mal a nadie como para ser amenazada de ese modo. Sí, ya sé que yo también entré corriendo y a los gritos, pero me tienen que comprender, me sentía muy sola y asustada. Si Tina, no se hubiera ido, quizás no habría ocurrido nada y Ma’ Romelia, no estaría queriéndome meter de pupila en la colonia por culpa de un aljibe seco que bien podría llenar de lágrimas, ahora que me sobran.”

    Del primer cuento “El pozo de los Fernández”
    —————————————————

    “Nunca llegaré a entender el profundo significado que ellos otorgan a la piedad, solo comentaré que a mi me pone al borde de la náusea. Como si no bastara con una asistencia perfecta a la misa, el cumplimiento de todos los preceptos católicos, incluyendo el ayuno de semana santa, que en muchas otras familias ya ha caído en desuso, una vez al año viajamos hasta la estancia donde permanecemos durante casi dos meses, para de paso… visitar y llevarle regalos a un racimo de familias pobres…”

    Del segundo cuento “Las moscas de los Pizarro”
    ——————————————————

    “La Señora Mercedes llegó por primera vez a nuestros ranchos el verano pasado, en medio de una sequía que lastimó la tierra y los corazones de los campesinos. Mamá con su cansancio en forma de delantal remendado, fue la única que se dignó a acercarse hasta la tranquera, donde el coche blanco y plateado se opacaba por el polvo del callejón.
    Desde la sombrita rala de un chañar, yo observaba esa aparición tan inesperada pero no me animé a dejar mis vaquitas hechas con las semillas oscuras y alargadas de los espinillos. Siempre me gustaron las vacas, don Cristóbal tenía tantas! ”

    Del tercer cuento “El mirador de los Pellegrini”.
    ——————————————————

    “Era tan chica que no entendía muy bien que era eso de los celos, sonaba a enfermedad, a fiebre que debía producirme dolor de panza o estornudos, pero si bien algo ardía en mi pecho y se me atragantaba como un higo seco, yo no terminaba vomitando o estornudando solo rompía en un llanto entrecortado por el hipo. Abuela parecía entender mi mal y cuando me descubría con los ojos húmedos me llevaba hasta donde sembraba sus alverjillas para contarme historias sobre cómo en cada capucha, roja, anaranjada y amarilla se escondía un hadita triste cada vez que una niña linda lloraba. Entonces yo me olvidaba del hipo y comenzaba a despanzurrar las florcitas en busca del hada para consolarla, ante la resignación de abuela que prefería que mis manos infantiles sacrificaran tanta belleza con tal de que yo dejara de sufrir… ”

    Del cuarto cuento “Las azucenas de los Baudaña”

    El quinto ya lo tengo en la cabeza pero todavía tengo que ordenar algunas piezas antes de largarlo sobre el papel. Espero no haberlos aburrido!

  20. José Playo Says:

    Walterio: algún día, con tiempo y cervezas en la mesa, te voy a contar algunas historias de Anisacate y de Alta Gracia.
    No creo en las herencias; prefiero apostar a la diversidad de estilos.

    : gracias a vos.

    Pau: se los extrañaba, ¿no?

    Camilo: qué bueno. A mí es un género que se me da, decididamente, mal. Pero a veces sirve para contar cosas con más fuerza.

    Walterio: me cagan de gusto los nombres de los cuentos. El primero fue el que más me impactó, te agradezco mucho este regalo de semana santa.
    Avisame cuando los tengas armados, algo se podría hacer para moverlos un poco y ver qué resulta.
    Gracias, W.
    José.

  21. Walterio Says:

    José me dejás en bolas: de qué herencias de estilo hablás? solo mencioné los recuerdos heredados…

  22. Walterio Says:

    Ah! recién caigo! es por la boina!!!! era un chiste yo tampoco creo en ese tipo de herencias!

  23. José Playo Says:

    Walterio: 🙂

  24. Lucas, desde Dublin Says:

    Jose, sorprendente poema. Generalmente soy medio estructurado para estas cosas y mi propia escritura suele ser mas ‘altisonante’, pero lo suyo es muy, muy potente. Y con una carga de identidad muy fuerte, es ineludiblemente tuyo. Felicidades.
    Walt, me encanto la intimidad que crea el uso de la primera persona en tus relatos, hay como una ternura tensa en lo que se vislumbra bajo el texto.
    La puta che, yo nunca escribi asi, como critico literario.
    Sepan disculpar…
    Abrazos

  25. José Playo Says:

    Lucas, Dublin From: el que más sorprendido está soy yo, porque lo publiqué embargado por una cuadrilla de recuerdos, pero sin pensar que podría gustarle a alguien más que a los que conocen el río.
    Mirá vos. Gracias por la crítica, L. Gracias.

  26. Lucas, desde Dublin Says:

    Santos puentes! me acabo de acordar que hace poco tambien escribi algo donde mencionaba los rios crecidos del verano…
    Que mundo chiquito.

    L

  27. José Playo Says:

    Lucas, Dublin From: ¿ah visto?

  28. Leandro Says:

    Todos los que hemos ido a las sierras desde chicos somos los tres turistas dando vueltas entre la carpa y las ollas, entre una casilla rodante y unos perros y todo eso que lleva la creciente. Siempre estaba el rumor de la creciente, aquéllos que vieron una, que sufrerion una, ése al que la creciente le llevó tal o cual cosa. -Mirá el color del agua, cagamos, se viene la creciente. Y expresiones como esa.

    Ahora, más allá del contenido, la forma

    Era una mañana cualquiera,
    teníamos el culo
    clavado
    en una silla.

    Nada mejor para olvidar a una novia a 27 mil km de distancia, y después dicen que un culo clavado a una silla no sirve para nada!

    Un abrazo viejo, es un placer leerte.

  29. sugus Says:

    playo liberaste un tema que hace parestesias.. me gusto mucho..

    walterio: es la primera vez que leo algo tuyo.. me saco la boina!!

  30. Walterio Says:

    Gracias Sugus, sos dulce.
    Dejo arrumbado por aquí un fragmento del quinto cuento de la serie que acabo de escribir:

    El Packard de los Echenique:

    “Con cierta timidez me atreví a saludarlo y abrió los ojos algo incómodo por haber sido sorprendido en alguna íntima ensoñación, pero su rostro no reflejó fastidio y como si de pronto me descubriera por primera vez, me saludó con modales delicados y hasta quiso saber mi nombre. Al ratito charlábamos como viejos amigos sobre la creciente que llegaría, los paseos en caballo y sus juegos preferidos. Yo le hablé de mis muñecas (sin decirle sus nombres) y se le iluminó el rostro haciéndome prometer que la próxima vez le presentaría a una de mis damitas de trapo. Luego propuso adivinanzas pero justo cuando terminaba de recitar con picardía la primera: “una yegüita mora con riendas en la cola” y como si mi respuesta hubiera sido un pararrayos que atrajera la luz poderosa del relámpago, el trueno en la voz de la Señora Echenique siguió al fogonazo entre las nubes, pronunciando el nombre de su hijo que sin decir una palabra se levantó y desapareció tras una de las tantas puertas de la galería.
    Me quedé sola mientras la lluvia y el viento se ensañaban con las madreselvas del jardín, repitiendo en voz baja y llorando: la aguja, la aguja, la aguja…, una aguja que con ganas hubiera clavado en el corazón de tela y arroz de la muñeca de la Señora Echenique, si en aquella época hubiera sabido de esas prácticas tan sombrías.”

  31. Lucas, desde Pest Says:

    Que bueno Walt, que bueno…

    L

  32. Walterio Says:

    Gracias Lucas, ya lo depuré un poco, cuando terminé el cuento estaba tan entusiasmado que dejé un fragmento bastante crudo, de todos modos los cambios fueron sutiles para que la lectura fuese un poco más fluida y las palabras sonaran mejor.

  33. sugus Says:

    dulce y negro walt.. je

  34. Walterio Says:

    Sugus… qué respuesta tan sugestiva!

  35. sugus Says:

    walterio: maestro!.. (hasta de civil)

  36. Walterio Says:

    Se me ocurre seguir esto con un montón de preguntas pero corro el riesgo de terminar como en “El Último bastión de la resistencia”, con el Nene en una sesión de sadomasoquismo sacerdotal.

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