La extinción de los hombres de letras

Todos los buenos escritores estaban muertos, se habían vuelto locos o se dedicaban al periodismo.
Yo necesitaba discreción, alguien que no preguntara, que pudiera hacer el trabajo, terminarlo y desaparecer.
Puse un aviso en el diario:

«Busco escritor para importante tarea».

Al día siguiente me senté a esperar en la habitación del hotel que había elegido.
Es el lugar apropiado para las citas. Una vieja construcción que resiste el paso del tiempo, enclavada en un área céntrica y ensombrecida por la infinidad de edificios que se han levantado a su alrededor. En épocas anteriores, imagino, cuando los alojamientos escaseaban en la zona, debió tener sus días de esplendor, ahora el progreso le ha pasado por arriba y de todo su glamour sólo queda una fachada lúgubre con balcones señoriales que abrazan con robustez a los ventanales de altos postigos de madera.
Una máscara grotesca de cemento que llora lágrimas de suciedad.
link al sitio del autor de la fotograf�a La recepción es pequeña, con un mostrador derruido sobre el que descansa un cuaderno antiguo de anotaciones abierto siempre en la misma página. Detrás de la silla hay un armario sin puertas del que penden algunas llaves y el encargado jamás se molesta en mirar o preguntar. Las escaleras que conducen a las habitaciones están cubiertas por una alfombra vieja y raída, todo el trayecto está franqueado por lámparas muy débiles que bañan las paredes con una luz amarillenta y espantosa.
La puerta de la habitación es grande, con una antigua cerradura que parece la cara de un león y los goznes herrumbrados rechinan cuando se abre.
Es un ruido horrible.
Adentro, en una habitación amplia, sentado junto a una imponente cama de gruesos barrotes de bronce, estoy yo tomando las entrevistas. El colchón donde apoyo mis papeles está curvado casi en su totalidad por un peso invisible.

El primero en golpear la puerta esta vez fue un linyera.
Lo hice pasar y le indiqué la silla frente a la máquina de escribir sobre el escritorio.
—Puedo darle mis referencias —me dijo.
—Preferiría que empecemos a tipear.
Era un desastre. Usaba los índices y aporreaba el carro con torpeza cada dos palabras. En varias oportunidades los dedos cayeron a la vez y las paletas se entreveraron formando una huesuda mano metálica en el corazón de la máquina.
Después de cada error, se quejaba con un chistido.
—Déjelo.
—Pero yo puedo…
—Usted no ha tocado una máquina de escribir en toda su puta vida.
Todavía no se había disipado el olor rancio del sudor del primer candidato cuando golpearon nuevamente la puerta.
—Adelante —dije.
Entró una gorda. Tenía la cara recubierta por una espesa capa de maquillaje, los párpados delineados con violencia, los ojos pequeños girando nerviosos hacia todas partes. Llevaba una camisa muy ajustada, con los botones tirantes por encima de las tetas más grandes que había visto en mi vida.
Le indiqué la silla, que crujió cuando se dejó caer en ella.
—Escriba lo que le dicto, por favor.
No alcancé a decir la primera palabra cuando ella giró para enfrentarme. Separó las piernas y me dijo:
—Si me da el trabajo le muestro una teta.
—No. No va a hacer falta.
—Si me da el trabajo le muestro las dos tetas y me subo la falda.
—Señorita, yo…
—Si me da el trabajo lo dejo tocarme… donde quiera.
—Mire, la idea es que…
—¿Quiere que se la chupe?
Tuve que tomarle los datos y prometerle que la llamaría al día siguiente para que se fuera. Antes de regresar a la cama cerré con llave la puerta.

Los tres candidatos restantes eran muy jóvenes: un punk con una cresta en la cabeza; un muchacho vestido de mozo que dejó sobre la mesa de luz su bandeja; un niño que no paraba de masticar chicles y en ningún momento se quitó los auriculares de las orejas.
La juventud estaba podrida y no valía dos centavos. Nosotros, los más viejos, nos habíamos encargado de empequeñecerles la cabeza enfrentándolos con Güiraldes, Borges, Echeverría y Cervantes en los colegios. Nos habíamos encargado de aburrirlos hasta la muerte, endilgándoles falta de interés y de talento, empujándolos a los brazos de la paja frente a las computadoras, los babeos oligofrénicos sobre las consolas de los juegos, los tropezones con las patinetas.
Ninguno de ellos llegaría jamás a la portada de ninguna revista, jamás nos contestarían con otra cosa que un bostezo y toda la culpa era nuestra.
Ya no quedaba ninguno con pasta para ser escritor, por eso me asombré cuando golpearon la puerta por última vez esa tarde y entró el muchachito.
Tenía una cicatriz importante sobre el labio, donde el bigote se le partía en una “s” de curvas suaves. El resto de la barba le crecía por motas irregulares poblándole en parte las mejillas. Usaba antejos pequeños de cristales redondos, tenía un aire ligeramente intelectual.

—Yo soy el indicado para este trabajo —fue lo primero que dijo.
—Ya veremos. Lo que necesito es que usted escriba…
—Lo que sea. Puedo escribir lo que sea —interrumpió—. Tengo muchas ideas, pero me falta método, carezco de rigor. Necesito aprender, pero entiendo que sólo puede hacerse escribiendo. Tal vez usted pueda recomendarme cosas.
—Si hay algo que hago mal —dije, armándome de paciencia—, es recomendar cosas. Una vez le recomendé a un amigo que levantara la mano en un campamento en el que pedían voluntarios y se pasó cuatro días juntando leña. Además, en el acto de recomendar anida siempre el germen de la soberbia, y…
—Usted no entiende, la gente no tiene cuidado, en especial con los libros; hay cada pelotudo por ahí recomendando cosas que a uno le dan ganas de agarrarse un huevo con cada mano y hacerse una trenza.
—Lo entiendo —dije conmovido.
El muchacho ya me había convencido, pero no me animaba a demostrárselo hasta no estar seguro de su talento. Tuve que hacer un esfuerzo para no demostrar mi ansiedad ante aquel coloquio que parecía estar poniéndole vida a mis conjeturas acerca de la pasividad, de la falta de interés.
Escucharlo era como leer mis pensamientos.
—Nadie recuerda ya que recomendar, en cierta forma, es orientar. Y lo que debería hacer la gente que recomienda es construir positivamente, no aplastarnos —concluyó cabizbajo.
—Los buenos profesores hacen eso —aventuré.
—El colegio sólo me sirvió para enemistarme con los libros —retomó con vehemencia—. Toda la curiosidad que me habían despertado las bibliotecas se esfumó frente a una pizarra dividida en dos por una mujer que me explicaba que leer historietas y cuentos de terror era atentar contra la buena literatura. Esa vieja circunspecta, a la que sólo le faltaba el tic de enrular con los dedos la punta del bigote cuando hablaba, me requetecagó a golpes en la cabeza con libros que se convirtieron, de buenas a primeras, en mis enemigos. Cada mañana camino a su clase tenía la sensación de que iba a una batalla.
—Lamento escuchar que el colegio haya sido eso para usted —me sinceré.
—Ni se imagina —retomó, ya sin mirarme, con los ojos fijos en el papel en blanco atrapado en la máquina—. Fue una época en la que yo arrastraba el cuerpo agónico de mi lector interior por la Biblioteca Circulante de la calle Deán Funes, pidiendo de rodillas que me dieran “libros fáciles” para alimentarlo y curarlo. Mi lector interior estaba herido de muerte —dijo negando lentamente con la cabeza—; la carne hincada por sablazos que inoculaban el veneno del desinterés y de lo inalcanzable. Si aquello que la mujer me presentaba como “buena literatura” era la única opción —dijo levantando el índice de la mano derecha—, yo, con mis deseos de escribir historias simples, estaba en el horno.
—Eso es lo contrario de lo que yo llamaría un buen profesor —reflexioné en voz alta con la vista comprometida por las lágrimas.
—No lo supe entonces, pero esa mujer hizo que yo deseara con todas mis fuerzas hacer de mi vida cualquier cosa que no fuera escribir ni leer. Después de varios turnos de exámenes en los que recaía rompiéndome las narices, ella ganó con su pizarra, su métrica, su estética de las letras, sus modos puntillosos; y yo me juré que no volvería a tocar un libro mientras viviera.
—Este trabajo sería ideal para usted, entonces —dije conteniendo el entusiasmo.
Mi declaración espontánea le devolvió la sonrisa y yo empecé a sentirme realmente bien por primera vez en meses.
—¿Tendremos tiempo de leer? —quiso saber.
—Mucho tiempo, pero primero debemos escribir para generar ideas y darles forma.
—Tengo muchas ideas para estructurar novelas, si a eso se refiere.
Sonreí. ¿Qué hace que un libro sea bueno o malo? Más allá de las convenciones, me pregunto: ¿que esté bien escrito, responda a un movimiento y se valga de ciertas herramientas y recursos? ¿Que cumpla con disposiciones formales que lo encuadran en un género? Yo, como tantos otros en la historia de la literatura, buscaba producir libros distintos, apostaba por utopías salvajes.
—Voy a darle libros para que lea —aseguré—, pero pretendo que con ellos usted reviva lo que a mí me impactó de esos textos. Quiero que se envenene, o se excite, o se exalte, o se escandalice —enumeré con los dedos de la mano—; quiero que se infecte, para bien o para mal, con lo que esconde cualquier texto.
Un brillo ambicioso refulgía en su mirada.
—¿Usted cree que yo puedo ser un buen escritor? —indagó.
—No lo sé. Yo sólo sueño con que la gente se contagie, se dé contra las paredes y acabe lamiendo los ladrillos en busca de otros libros, sólo así podemos salvar a la literatura. Las buenas ideas nos esperan siempre, pero mudan de escondite cada vez más seguido y hay que rastrearlas.
—Entonces sí tengo esperanzas —dijo intentando esconder en una afirmación su pregunta.
—Lo esperan muchos libros —dije—, algunos de ellos le guiñarán los ojos buscando su complicidad, otros le ofrecerán historias que sin mediar palabra se pondrán en pelotas y le presentarán putas, le convidarán tabaco y le musicalizarán las fiestas —aseguré.
Su cara se arrebató con el tono cálido de la vergüenza y nos quedamos en silencio, a solas cada uno con sus cavilaciones.
Un grito lejano y amortiguado que llegó desde alguna otra habitación nos hizo reaccionar.
Me puse de pie y le dije:
—Empezamos ahora mismo, si le parece.
Una sonrisa cargada de ilusiones destelló en su rostro. Nacía desde sus dientes amarillentos, pero también desde su corazón quebrado, que a la luz de mis dictados comenzaría a sanarse.
—Lo primero que quiero que escriba es: PREMIO CLARÍN DE NOVELA, EDICIÓN 2008.
El muchacho se enfrentó a la hoja y empezó a tipear.
—Este ejercicio me servirá a mí para pasar al papel mi novela; y a usted para aportar ideas que enriquezcan la historia —expliqué.
Escribió la primera línea en mayúsculas, corrió el carro hacia la punta un par de veces, se acomodó los anteojos y suspendió los dedos sobre las teclas, atento a mi voz.
Con suerte el libro estaría listo en un par de semanas y así nacería una nueva oportunidad.
Lo importante era que su inteligencia y su constancia me dieran lo que no tenía: un libro de verdad.
Ya casi no quedaban buenos escritores, a todos les había silenciado las manos en esta misma habitación y ahora frente a mí trabajaba uno de los últimos candidatos con el talento y las inquietudes necesarias para reavivar el fuego de las letras.

(Este texto se publicó también en La Lectora Provisoria, lo cual me pone muy contento.)
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51 comentarios to “La extinción de los hombres de letras”

  1. Gala Says:

    Muy bueno che!

  2. Nevermind Says:

    Me gustó completo… SALVO la última línea. La noto forzada, como desubicada, como que no pertenece, no sé si me explico. Es como si fuera “obligatorio” darle ese clásico remate con giro a lo imprevisto al que tan acostumbrados nos tenés.
    Fuera de eso… como (seguramente) le diría la profesora de literatura a otros alumnos: “Muy Bien!, 10”.

  3. José Playo Says:

    Gala: ¡Eh, te gustó, qué bueno!

    Never: cuando tenés razón, tenés razón. Seguí tu consejo, voy a esperar unas horas para releerlo, muchas gracias.

  4. Margarita Says:

    y la sacó nomás.
    a la última línea.

    che, muy lindo todo.

  5. nene Says:

    No leì laùtima lìnea original.
    Me quedè conlas ganas de ver la “forzudez” con la que la empjaste dentro del texto.
    Y me quedè pensando en que sí, en que en la escuela secundaria te meten libros de mierda hasta por el orto…si hasta en primer año de Letras Modernas nos hacían leer al horrible (perdonen lectores de) Oliverio Girondo…
    Así se aprende a seleccionar…el reader digest!

  6. nene Says:

    tengo sueño, perdòn lo errores de tipeo. se me da mejor con la olibety

  7. Lau Says:

    QUE BUEN POST, PLAYO!!! Es excelente este relato. Yo también me quedé con la duda de la última línea que no llegué a leer y que, primero a Never y después a vos, les pareció inapropiada, porque a mi me gusta el típico giro playez(s)co, así que podrías postearla como a parte, para quienes querramos leerla, no?
    De la literatura que me daban en el secundario me acuerdo de “Las lunas de Juan Luna”, de “María” y de “Platero y yo”, que al márgen de si eran buenos libros o no, me los hicieron leer y trabajar de una forma tan de mierda que los terminé odiando. El capítulo “Susto” de Platero y yo terminó por darme vómitos, literalmente. Así que me siento absolutamente de acuerdo con tus escritores, mi estimado José, concuerdo plenamente con ellos. No sé por qué el empeño de la mayoría de los profesores en hacer que los alumnos lleguen a detestar leer y le agarren fobia a la escritura.
    Textos como éstos son los que tendrían que dar en el secundario!

  8. José Playo Says:

    Margarita: me pareció que tenía razón Never, la última línea estaba de más. Gracias.

    nene: ja, Girondo me gusta, si bien comparto la teoría de la conversación del cuento, también es cierto que sobre gustos no hay nada escrito, y que lo que a unos les parece bueno, a otros les puede caer como el culo (el Reader Digest, por ejemplo, también me gustaba cuando era chico, ja).

    Lau: en este caso, insisto, la última línea era redundante y hacía ruido. Me gusta más cómo quedó así.
    A mí me dieron poesía que me aburría mucho, en el primario, y en el secundario me tiraron con el Quijote (a quien yo me refería como “el Pijote”) y con otros libracos que había que leer, subrayar, memorizar. Un espanto. Ninguna de esas lecturas me atrapaba, aunque eso no hacía que dejara de leer. Leía comics, ponele. O El Martín Fierro.
    Pienso mucho a veces en eso. ¿Qué habría sido de mi gusto por la lectura de haber existido la Play Station? ¿Hubiera seguido leyendo? No sé. Tal vez me pongo fatalista con esas cosas y eso tampoco es bueno.
    De cualquier modo, y más todavía hoy, la necesidad de buscar textos fáciles de digerir, o cercanos al lector, es crucial para fomentar la lectura. Sí creo en eso.
    Me gustaría mucho saber qué piensa Walterio al respecto.
    Yo sostengo mi teoría de que cualquier libro es una puerta de entrada a la lectura en general, y que todos los autores son, en sí mismos, caminos hacia sus influencias. Me gusta pensar que leyendo a alguien podés descular su formación y darte con autores anteriores, que hayan probado otras fórmulas, que deparen otras sorpresas.
    El mapa de la lectura es muy personal, me parece. Tanto, que la imposición de los textos, de determinados textos, puede marcar un mal comienzo. Siempre me pregunto acerca de los caminos que transitan los lectores nuevos, si son azarosos, si están condicionados por el colegio, o por los hogares donde hay o no bibliotecas.
    Qué sé yo, divago.
    ¡Gracias! ¡Beso!

  9. Sole Says:

    Ya lo voy a leer completo…ahora estoy “que el tiempo me apremia” … pero buen comienzo! Me gustó la presencia de escritores, levantan el nivel de todo relato.
    Good job! (mmm…esa frase en inglés, descolocada)…
    Ahí se ven…Sole

  10. julian Says:

    Jose: Exelente tu relato, me siento muy identificado con lo que dicen los protagonistas del cuento en la conversacion, (me siento raro escribiendo esto ya que es la primera vez que dejo un comentario en este o cualquier otro blog) pero no es la primera vez que entro, ya que leo peinate desde hace mas de un año. saludos desde Baradero.

  11. José Playo Says:

    Sole: El tiempo en los blogs es tirano. Gracias por lo del comienzo. Soy fanático de los buenos comienzos. Estoy de acuerdo con que la presencia de escritores a veces levantan un poco el interés en los textos, ojalá pasara eso en las reuniones sociales, donde suelen ser bastante aburridos.
    Saludos.

    julian: qué lindo, che. Que inaugures tu rol de comentarista justo acá. Un gusto.
    También me alegra saber que, de alguna manera, lo que dicen los personajes te toca en algo, al menos me hace sentir menos solo con eso.
    Te mando un abrazo. Sos la primera persona de Baradero con la que me escribo, cariños,

    José.

  12. mmoreno80 Says:

    Che, fue una lectura interesante. Recuerdo que en la secundaria no leí un puto libro de los que me dieron para leer. Por suerte en casa mi vieja era lectora.

    btw, los clásicos no son infumables (en gral.) sino que el problema, creo yo, esta en cuando te obligan a leerlos. Por gusto leí, entre otros, el Quijote, y aun lo recuerdo con nostalgia.

    Saludos,
    Matias.

    PD: ¿Me pasas el numero de la gorda?

  13. fulano Says:

    ja ja, me río de janeiro!

  14. José Playo Says:

    mmoreno: estoy de acuerdo con lo mal que nos juega a los de nuestra edad la obligatoriedad sobre los textos.
    ¡Touché con la primera candidata!, me hiciste reír mucho; merecés que te gestione el fono.
    Abrazo.

    fulano: lo cual es sano, vea. Qué bueno.

  15. R.E.L. Says:

    Felicidades José! Excelente relato! Me gustó muchisimo.

  16. Eli (la eli) Says:

    José, sínico y oscuro escondido en las fauces de un hotelucho venido a menos, destrozando al que quizás fuera el último de los escritores “con el talento y las inquietudes necesarias para reavivar el fuego de las letras”, si cierro los ojos casi que puedo verte sonriendo a tu reflejo en el espejo corroído de ese baño mohoso… jaja, perdón por un momento me dejé llevar por tu relato (demasiado) mejor posteo antes de que lo relea y lo borre. Como siempre te digo, gracias por este espacio que me permite volar un poco!

  17. Pablo Giordano Says:

    Lo que te digo siempre. Nunca te acordás de mí. Me hubieses llamado. No íbamos a escribir una mierda, pero hago una tarta de Atún que te parte la cabeza en babas.

  18. raulo Says:

    nuuu, ahora necesito saber la ultima linea…

    Vos no pensas en los enfermos curiosos que necesitan saber absolutamente todo, solamente para poder poner la tipica cara de desilucion y decir: “..ohhh, eso era nomas…??” Aunque en ciertas ocasiones se encuentra ese pequeño pedacito de informacion que nos costo tanta busqueda, y que es lo suficientemente jugoso como para justificar la enfermedad. Le tengo fe a la ultima frace…

    =)

    saludos

    raulo

  19. El Mauri Says:

    yo odio el Quijote (Pijote JAJAJAJAJA!!!) y odio al hijo de puta del Mío Cid por el hecho de que me hayan obligado a leerlos; y me juré a mi mismo nuca leerlos ni por curiosidad. De chico leí de todo. Pero leía lo que me gustaba, no lo que me obligaban. Y siempre fuí un fanático de los cuentos. Uno de mis libros preferidos de siempre fue “Cuentos de la Selva”. Y también me leí todo lo que encontré de Tom Sawyer, creo que eran 4 libros. Y muchísimas cosas mas.
    Muy bueno el cuento. Y para que veas que yo no soy como el resto te voy a decir que no pongas la última línea…
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    .
    .
    .
    PONÉ LA ÚLTIMA LÍNEA QUE ME MUERO DE CURIOSIDAD CARAMBA!!!!

  20. El Mauri Says:

    Me cagué de risa con la Tarta de Atún de Pablo Giordano…

  21. El Mauri Says:

    Y desde acá digo que me cayó como el culo lo de Guinzburg. Yo no soy digno ni de ensayar una palabra, pero a vos José o al nene o a Walt les pido que digan algo… ustedes que pueden.

  22. Bays Says:

    Muy buen relato José.
    Y es cierto que en el cole te hacen leer libros de mierda, pero por ahí hay algunos hallazgos. Yo no tengo hábito de lectura, pero el primer libro que me compré en la vida fue “Historias de cronopios y de famas” gracias a que en algún libro del cole aparecía “Instrucciones para llorar” citando la fuente al pie. Me flasheó tanto que no me quedó otra que ir directo a la librería y hasta hoy, cada tanto, tengo presentes varios de los relatos que nos regaló el genial Cortázar en ese libro.
    Párrafo aparte para mi hermana que se leyó el Mio Cid, completo, por puro gusto.

  23. nene Says:

    Che, que a mí si me gustó el Cantar del Mío Cid. Es más, me le vuelvo a animar a una de esas ediciones con “i” en vez de “j”, y “x” en vez de “j”.
    A la Selecciones también me le animo, años después de no leerla…

  24. nene Says:

    perdón, es “j” en vez de “i” y “x” en vez de “j”.

  25. nene Says:

    ah, y también estaba la “f” en vez de la “h” (“La fermosa Doncella”, por ejemplo)…

  26. Euge Says:

    El relato es sencillamente genial José. Una farese que me cautivó fue “Las buenas ideas nos esperan siempre, pero mudan de escondite cada vez más seguido y hay que rastrearlas” .A mi rastrearlas me resulta una tarea, a veces agotadora. En el cole tambien me hicieron leer cosas que no me gustaban (al margen de que fueran buenos el Mio Cid y Platero), excepto El tunel de Sabato y Ardiente Paciencia de Skarmeta, que no estuvieron tan mal. Tambien leia los Cuentos de la Selva y un libro gigante que se llamaba Los cien cuentos. Creo que Cortázar es un buen comienzo en el secundario. Son textos exquisitos!.

  27. Euge Says:

    Escribí mal FRASE, y me comí algunos acentos. La Selecciones, lo más!
    saludos.

  28. José Playo Says:

    REL: gracias, un gusto tenerte por acá.

    Eli: gracias a vos por el comentario, dan ganas de seguir asesinando jóvenes escritores en los hoteles para que sigas volando.

    Pablo Giordano: mmmmm, sabés pegar donde duele.

    raulo: si te descuidás, lo de la última línea se convierte en un mito, ja.
    Mi mujer dice que la última línea le daba otro sentido al cuento, y que así no le gusta tanto. Se dividen las aguas.

    Mauri: qué lindos los libros de Quiroga, qué lindos.
    Una cagada lo de Guinzburg, lo vi una vez en un pasillo de América, era muy, pero muy chiquito.

    Bays: mirá vos con “Historias…”. Hermoso libro. Qué maestra tu hermana.

    nene: tengo que estar en un ánimo especial para ciertas lecturas y todavía no encuentro el ánimo para el Cantar. Me pasa igual con Radiohead.

    Euge: yo creo en los beneficios de rastrear las buenas ideas. Las cosas más potables que se me han ocurrido me costaron un huevo, tuve que pensarlas mucho, cruzarlas con otras cosas, tamizarlas. Hay, sí, momentos de inspiración en los que una buena idea te cae servida en bandeja, pero son raros y en muy pocas ocasiones. A esto lo digo por mí, que me gusta la sensación de tarea realizada cuando he levantado varias piedras.
    Je, hay varios que se criaron leyendo las Selecciones, parece.

  29. NaNü Says:

    Me gustó, obvio.
    Me quedé con las ganas de leer la última línea, solo por curiosidad….
    Besos!

  30. Sabri Says:

    Me gustó, obvio.
    Me quedé con las ganas de leer la última línea, solo por curiosidad….
    Besos!

  31. Sabri Says:

    (Esa fuí yo, pasa que me habia olvidado de cambiar el nombre…)

  32. José Playo Says:

    Sabri: muchas gracias, vamos a hacer una campaña por la última línea, hasta a mí me están empezando a dar ganas de ponerla (¿hace falta que aclare que a la última línea?)…

  33. Pau Says:

    a mi me encantó la descripcion del hotelucho, me pareció genial. Ahora que vivo cerca de la terminal me cuelgo mirando para adentro de los muchos lugares como ese que hay en mi barrio… los personajes……y la desolación de las flores plastico y eso. me dejó como en estado de animo de submundo.
    Y por lo demás, a mi me encanta leer. Y me comí sin seleccion todos esos libros que nos enchufaron, sin opinión, asi nomas como venian. Y sigo sin opinión, ni me acuerdo de ninguno. Pero sí me convertí en lectora voraz, no sé si por eso o por la biblioteca grande que habia en mi casa..
    “Silenciado las manos” es una frase muy tremenda. José

  34. matias Says:

    Me gustó mucho José. Siento el mismo desprecio hacia mis maestras de secundario que el muchacho ese del cuento.

    Yo lo hubiese terminado en “Lo importante era que su inteligencia y su constancia me dieran lo que no tenía: un libro de verdad”. La última frase es buena, pero la anterior es simplemente genial. Tiene una fuerza tremenda.

    Por otro lado, gustos son gustos.

    Saludos!

  35. Lucas, desde Dublin Says:

    Pero claro, de los autores que amamos tambien hay que saber que hay que leer. A los 14, ‘Casa tomada’ me aburrio soberanamente, si hubieramos arrancado por Historias de Cronopios y de Famas (elemental, Bays) la adiccion hubiera sido mas temprana y divertida. Relei ‘casa tomada’ antenoche, en la casa de un amigo, en Milan. Y fue sublime che, cada cosa en su momento.
    Aun no me le animo a “Mi planta de naranja lima’, que tuve que chamuyar vilmente para aprobar literatura. Y desde pendejo leo como un poseso, pero las dos primeras paginas de ese librito me durmieron.
    Supongo que la profe de literatura tuvo la sensibilidad suficiente para darse cuenta de que a pesar de que nunca leia lo que me pedia, la literatura ya me habia boleado las patas para siempre. Que sera de la profesora Rondinini che?

  36. José Playo Says:

    Pau: yo viví también unos años (bastantes) en el centro-centro.
    Gracias, Pau. Muy lindo tu comentario.
    Abrazo.

    matias: finalizaba con un poco más de morbo, pero tu alternativa no está mal.
    Abrazo, loco.

    Lucas, desde Dublin: creo que ese es el eje de la “discusión”, porque no creo que todos los libros sean para todas las edades ni para todos los lectores. Algunos caen en el momento equivocado, lo cual es una verdadera lástima. Para los lectores.
    ¡Qué nombre de profe tiene la Rondini!

  37. nene Says:

    José, el de Radiohead no canta igual que el de Gesta, eh? (cuac!)
    Confieso que cuando comencé a leer el texto pensé que era autorreferencial…

  38. nene Says:

    Lucas, desde Dublin pequeños pecadillos de juventud. Yo confieso que sanateé El Quixote… en primer año de Letras. Y me fue bien.
    Lo terminé leyendo al año siguiente. Y me gustó, che.

  39. José Playo Says:

    nene: a cualquiera le puede pasar…

  40. Nevermind Says:

    Para todos! (así después no me putean), la última línea decía “Y se qued..%$&ERROR 404: PAGE NOT FOUND

  41. José Playo Says:

    Nevermind: evidentemente, el sistema tampoco deja que largues el final, la más contundente de las pruebas que afirman que la última línea estaba de más.

  42. santiago Says:

    Hola José. llegué acá vía LLP, me hiciste acordar (como a varios) al lejano secundario con su Mio Cid y su Celestina. Recuerdo que una vez (como para matizar un poco) le llevé ‘Todos los Fuegos el Fuego’ a la profe. Me miró con aprensión, y nunca me habló más del asunto. Bueno, eran los últimos setenta, yo vivía en Júpiter…

  43. santiago Says:

    Uh, mirando los comment(arios) veo que hay otro ‘santiago’… voy a tener que cambiar de nick, loco!

  44. José Playo Says:

    santiago: gracias por la visita y por el comentario, veo que las malas primeras experiencias con los libros nos tocaron a varios.
    Te propongo “San Tiago”, un espacio y te convertís en santo.
    Abrazo.

  45. usiku Says:

    Me gustó mucho el cuento Jo…y “utopías salvajes” qué bien que suena…para la última línea que sacaste, no llegué a leerla y ya es un mito, una pena. besos, estoy tapada de laburo y no alcanzo a postear como quisiera, pero siempre me doy una vuelta por aca.

  46. putoloco Says:

    es cierto, ya quedamos pocos, pero bueno, que le vamos a hacer aparte de morir de exito …

  47. OmarG Says:

    Quintín te la chupa?

  48. José Playo Says:

    usiku: qué hacés, che. Tanto tiempo. Me alegra saber que te gustó y que estás dando vueltas, aunque no comentes. Lo importante es pasar.
    Abrazo y cariños.

    putoloco: le puede pasar a cualquiera, sí.

    OmarG: no que yo sepa, pero ojo que yo veo muy mal.

  49. ILU P Says:

    uff antes de q se me vaya la idea de la cabeza…
    Perdón si caigo en algo q ya se dijo…

    con respecto a la iniciación en la lectura y su disfrute:
    Creo q el colegio influye, pero no es más ni menos q otras fuentes… yo rebusco y rebusco y no se q me hizo leer con tanto gusto.
    Mi madre albergaba el sueño de que fuera escritora… en vez de mandarme a jugar me mandaba a escribir… por eso no soy escritora ja!
    Yo empecé leyendo enciclopedias, diccionarios, los viejos “Lo sé Todo”… después encontré la biblioteca de mi tía… Novelas históricas al estilo billiken, o cosas del tipo “mujercitas” la saga de la princesa Sissi… digamos q bofes atómicos… Sin embargo la costumbre de leer me hizo soportar las lecturas obligatorias del cole.
    Adoré en el primario leer “Otroso” por ejemplo… o el Martín Fierro en el secundario…
    Por ahi se me fue la mano, la Ilu C nunca me deja de recordar q dejamos de ser amigas unos cuantos meses a los 9 años porq yo me quedaba los recreos en la biblioteca…

    En fin, no puedo descubrir por qué me gusta tanto leer… pero agradezco q me hayan hecho leer, cosas feas (El Mio Cid, pordios!!) y cosas lindas, ahora tengo un poco más de criterio… y acepto recomendaciones, y si hay q recomendar, no creas q miento, recomiendo la Peinate.

    Me gusto el cuento-casi-ensayo… El pibe ese q promete para buen escritor… no se parece mucho a never?? bah… y por cierto, me quede con la intriga de la linea desaparecida…

    como sea.
    Abrazos Joseph.

  50. José Playo Says:

    ILU: muy lindo tu comentario, ILU P, muchas-muchas gracias.

  51. Gyn Says:

    Escalofríante. Sabía que pasaría “algo raro” pero acostumbrada como estoy al slash, pensé que el viejito iba a violárselo…

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