Un verano de novela

Estas vacaciones me dieron la posibilidad de ponerme al día con algunos libros que me prestaron en la editorial, otros que me regalaron y un par más que tenía en mente desde que salió la posibilidad de irnos de vacaciones a leer y mandar todo al carajo.
Hago la salvedad (indispensable, necesaria, de rigor para este caso) de que voy a evitar decir “es un libro malo”, cosa que me parece un acto de absoluta soberbia, más viniendo de alguien que no tiene fundamentos para hacer crítica literaria (yo).
Intentaré reseñarlos de lector a lector, para que seamos más justos con los trabajos, mencionando por qué me gustaron y por qué no, o, mejor, qué rescato de cada uno, que es una postura siempre más moderada.
Es al pedo, soy un chico aplicado.
Cada vez que un libro me cae en la mano la cabeza me hierve de pensar en el trabajo que le habrá tomado a esa persona llegar a terminarlo. No creo en la crítica destructiva, y muchos autores de este compilado son conocidos o amigos, así que pretendo ser bien subjetivo y muy poco claro.
Aprovecho el post para agradecerle a Guillermo Schulmeier, de Sin Serif, por el mini-repo.
Este verano me tomé:
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libroLa sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón

Resultó ser la típica historia que, a las cuarenta o cincuenta páginas, quería tirar sobre el hombro para olvidarme de que hay gente que escribe mucho mejor que yo. No lo digo para alentar a lectores indecisos, más bien lo digo porque lo que ha logrado el pelado RZ es encontrarle la vuelta al culebrón sin que se te dispare la glucosa.
Es una novela digna de llevar al cine, un derroche de planos fáciles de guionar, matizados con mucha metáfora bien lograda, puesta en el momento justo, siempre para simplificar y no para alardear. Si hay un mérito en este laburo concatenado de intrigas policiales ambientadas en épocas donde todavía no había muchos autos, es el de mantener, mediante pequeños enigmas, la tensión argumental y no soltarte la mano hasta el final. Buen compañero. Cuando ya no quedan golpes de efecto, Zafón empieza a destapar las ollas y los guisos apestan. Muy entretenido, me hizo pasar un buen rato.
Lo leí mayormente en la cama y en una escalinata con buena sombra escuchando Bob Dylan.

libroLa Casa del Admirador, de Martín Cristal

Venía esquivando este libro por una sencilla razón: estaba escrito por alguien de quien no había leído nada antes y tenía miedo de clavarme. Cuando salió me agarró con pocas monedas encima, así que esperé pacientemente hasta que en la editorial me la pasaron. Fue una lástima que me haya durado tan poco, porque lo disfruté un tocazo.
Empecé a deshojarla una tarde a eso de las cuatro y la terminé diez horas después, una maratón para llegar al final de la historia que me había atrapado. Si bien los diálogos y la ambientación al comienzo no me entusiasmaron, cuando empiezan a entrar en juego otros personajes la historia toma envión y hace carrera sobre una escritura pulida y correcta, que si patina (lo sabrán más los especialistas que yo) no se bandea más de lo necesario. Lo que más me cuesta de leer en argentino es que no tengo el oído acostumbrado. Tanta traducción española nos ha puesto mierda entre oreja y oreja, así que nos suena mal escuchar cómo somos cuando hablamos, y nos cuesta un huevo y la mitad del otro escribirnos diálogos.
Creo que en algunas partes al principio de La Casa eso salta, pero apenas en dos o tres parlamentos, hasta que le aceptás la tonada y te quedás en el mazo.
Para colmo, no va que a eso de las doce de la noche te agarra la segunda parte del libro. Y vos, que venías leyendo de Borges (la novela lo toquetea todo el tiempo, pero no llega a ser un acoso), de la Divina Comedia, de los libros, de los excéntricos enajenados, de golpe te das con un pico de tensión argumental, donde la historia se va al carajo, donde te olvidás que el autor tiene un apellido frágil y que vos en la mano tenés un cigarro, donde empezás a morderte los codos porque la idea que estás leyendo es fruto de un momento muy lúcido de inspiración, algo que a vos no te pasa desde que te enteraste que tenías un hermano.
Hay un relato en este punto, en esta segunda parte de la novela, sobre un viaje enloquecido en auto que durará tres o cuatro páginas: para mí valen toda la novela.
Me gustó lo de Cristal, me abdujo el chango.

libroLa Suma de los Días, de Isabel Allende

A este lo agarré cuando me había quedado sin libros. Estaba por ahí perdido en la casa donde estuvimos parando, humedeciéndose en una mesa de luz. Lo levanté y me lo llevé a la cama; hacía años que no me acostaba con Isabel Allende.
Punto uno: el tiempo me hizo olvidar por qué el celibato, ¿la razón principal? Ningún libro suyo me ha gustado. Nunca.
Punto dos: de todos los que no he podido terminar por falta de afinidad, este se lleva el premio gordo. Me resultó un libro como para llenar estanterías (dicho por ella desde la primera página), no para contar nada; un rejunte de anécdotas sobre sus andanzas y las de los suyos, una cosa de heroína protagonista que no le puedo comprar, no sé porqué. Será que las veo contadas desde un lugar y con una voz que no me representan ni me tocan.
No sé, tal vez en otra ocasión. Tal vez no soy buen lector para ella. Tal vez mejor separados.

libroTrece historias de mujeres bizarras, de Laura Dariomerlo

¿Está mal reconocer que un libro de cuentos te provoca un cuarto de erección a la siesta, al mejor estilo pampeano, sentado bajo un tala?
Los talas son árboles lindos, las historias de mujeres bizarras también. Aunque algunos cuentos, para mi gusto, patinan un poco sobre el terreno de los recursos narrativos que no son de mi agrado (cartas fechadas, diarios íntimos publicados), debo reconocer que es un libro fácil de leer, entretenido y que me acompañó un buen rato.
Ojo: no es un libro porno.
Ojo: que me haya calentado a mí una oración o dos no significa que todo el que lo lea va a quedar al palo, yo tengo una cabeza muy retorcida y el libro es simpático y estamos en verano, loco.

libroLa Carretera, de Cormac McCarthy

Arranquemos con que el autor tiene un nombre de escritor que te cagas. Cormac McCarthy, macho (me recuerda a Ernest Borgnine, Max von Sydow o Tennessee Williams, unos nombrazos).
Con la firma nomás ya te vende un zapato agujereado.
De ahí en más, este es el primer libro que le leo. Había oído sobre su trabajo, sobre lo que representa en la novela norteamericana, la fama que tiene (todas cosas que se pueden encontrar en las revistas especializadas que jamás entiendo de qué hablan), pero nada más. Cuando tomé entre manos La Carretera, justo había leído sobre la historia en varios blogs, donde la recomendaban y la reseñaban hasta el hartazgo.
Me sentía el Gollum cuando lo partí al medio y arranqué con el primer párrafo.
Pero. Al final de la hoja empecé a repetir en voz alta: ¡Estos culiados de los bloggers me estafaron! Y es que venía con mucha expectativa, lleno de ilusiones, hambriento por historias apocalípticas al estilo King (retorcidas, con giros inesperados, con buen peso en las descripciones, con detalles riquísimos de ambientación) y me di con una llanura en la que no había siquiera guioncitos para los diálogos (soy clásico para algunas lecturas, lo mismo que para coger).
Cuando lo terminé, la sensación que me quedó fue de haber escuchado a un viejo que sueña a su modo un Apocalipsis con poca tinta para el ilustrado.
Ahora que lo pienso, tal vez el libro entero sea una gran metáfora de la desolación, y por eso huelgan los adornos y los vocablos.
Con ese nombre no te queda otra que ser escritor, viejo. Aunque a mí el libro no me haya llegado.

libroCrímenes Imperceptibles, de Guillermo Martínez

Lo enganché de saldo a nueve mangos. Edición de bolsillo, papita para el loro, mirá cómo te hago. Me pasó algo que no me había ocurrido jamás con un libro: leí durante meses acerca de cómo se estaba filmando la película de su adaptación en el blog de uno de mis directores favoritos. Raro estar tan al tanto de las penurias en un rodaje de la historia que no sabés de qué carajo se trata. Así que cuando encontré el libro (a pesar de que uno me dijo que era malo) me lo fumé en una sentada, porque ya tenía hecho el casting imaginario de los personajes. Es una historia con mucha referencia a la matemática (palabra que no puedo poner en plural porque una profe de la primaria me cagó a pedos un año entero hasta que acepté que no hay que decir “matemáticas”), al álgebra, materias con las que tengo menos onda que una bandera de lata. Sin embargo, Martínez parece que la tiene clara. El libro parece doblado al español por Videorecords, Buenos Aires, Argentina, detalle que te hace entrar como un caballo, a mi entender. No hay argentinismos ni argentinadas, y aunque por momentos parece que el autor camina en puntas de pie para no pisarle los huevos a uno, la mayor parte del tiempo la historia anda sobre ruedas y sin sobresaltos. Zafa.

libroEl Jardín de los Venenos, de Cristina Bajo

Hasta el mes pasado, yo era de los que mentían diciendo que sí habían leído a Cristina Bajo. Mi mujer me venía hinchando las pelotas desde hacía rato con sus libros.
—Leé alguno.
—No me gustan.
—¿Cómo sabés si no leíste ninguno?
—Salí, dejame.
Y es que siempre me pasaba que me empantanaba en los dos primeros capítulos, con la sensación de estar caminando con la nieve hasta las rodillas, trabado en descripciones y datos que me abrumaban y desalentaban. Así que este verano, con tiempo, decidí que iba a ponerle fin a la insistencia de mi mujer y a la negación de un niño porfiado.
Y me encerré como un mono con El Jardín…, un libro que se me pegó en las manos.
Dos cosas me han quedado en claro: mi mujer siempre tiene razón y Cristina Bajo es una escritora de la gran puta. Cabeza a cabeza con el disfrute que me produjo Zafón, sacándole varios cuerpos al gallego por el localismo, la adaptación (te la regalo reconstruir lugares como Córdoba, Alta Gracia, Anisacate, con semejante talento para no empachar y sin cortar el hilo de la acción). El recorrido de la historia contada, matizado con capítulos en donde se desnudan verdades con un peso demoledor, el uso cuidado y exquisito del lenguaje (diría mi vieja “no se le cae un boludo de la boca”), la incorporación de datos y referencias fácilmente identificables (hasta para los despistados como yo), todo cocido en una gran cazuela de personajes adorables listos para pegar el salto al celuloide.
Una maestría digna de admiración.
Bien por la señora Bajo. Defenderé su honor de ahora en más, de puro localista que soy, qué tanto.
Repuesto de la sorpresa, voy a por el resto, me encantó, no le temo más al primer capítulo de Bajo.
Detalles:
1) En la solapa del libro está la historia de por qué se reeditó con ese nombre y no con el original. Está bueno.
2) Lo leí sentado debajo del mismo tala de la semi erección de más arriba, que está en Anisacate. Fue narcotizante meterme en una historia ocurrida en el mismo lugar en el que estás leyendo el relato.

libroDerrumbe, de Daniel Guebel

Entré a cagar una vez con una Ñ en la que los intelectuales discutían acerca de las obras autobiográficas y la desnudez de la intimidad como herramienta para construir una narración. Tomaban este libro de Guebel como ejemplo para argumentar en contra y a favor, así que lo compré y lo dejé en pausa dentro del bolso hasta que una noche de insomnio me pateó fuera de la cama a las cuatro de la mañana, hora en la que me puse a deambular por una casa que no era mía, buscando un velador. Arranqué. El libro es cortito y con la letra muy grande. Se hicieron las seis y ya iba por la mitad. Me preparé un café y me fui a tomarlo a la orilla de un lago.
Mientras lo terminaba, me morfaron los mosquitos y amaneció.
Es la historia de una separación, un relato por momentos naufragante (tal vez era que estaba muy cagado de sueño, yo, no sé) con un par de logros bien consumados: el pasaje de la historia de un lustrabotas con vocación de violinista y la explicación de la actividad punguista en la zona del Shopping Abasto.
Yo diría que hasta ahí. Lo terminé, me dormí y ya está.

libroBuscando a Traci, de Esteban Llamosas

“Te gustó Llamosas porque escribe sobre porno”.
Nadie me conoce en vacaciones más que mi mujer. Al mejor estilo Pulp, de Bukowski, el detective Lespada (protagonista de, en mi conocimiento, dos novelas de Esteban) recibe el extrañísimo pedido de localizar a la mundialmente conocida (y a tiempo retirada) reina del porno Traci Lords.
Lo primero que leí suyo fue un cuento. Creí que Llamosas tenía ochenta y pico de años. Cuando Martín (dueño de Aquende) nos citó en la librería para hacer una charla, me sorprendí encontrando a un muchacho joven, casi tanto como yo. Buen tipo, simpático, educado, conocedor. Digo, escribe sobre porno y no habla al pedo, vamos. Me gustan los novelistas que se toman un tema en serio y hacen investigación. Me gusta que saquen a relucir datos que acaban siendo guiños cómplices con el lector. Me gusta que Lespada tenga un carácter de mierda, que sea detective privado en Córdoba, que se cague a trompadas en las whiskerías de la calle Rioja, que esquive travestis en Hangar 18, que lo apuren y que reaccione y salga bien parado.
Me divertí, las calles me sonaban, la historia está bien construida y pasé un buen rato.
Buen tipo, Llamosas.

libroLas viudas de los jueves, de Claudia Piñeiro

A ver; este libro me hizo pensar en un par de cosas (ese, creo, es el mayor mérito de Piñeiro). Me pregunto ahora, ¿hablaría de él con el mismo entusiasmo con el que hablé del de Llamosas si yo detestara el porno y amara, por ejemplo, los countries? ¿Valen los libros por la historia que cuentan, para quién la cuenta o por la forma en que está contada?
Las Viudas… no está mal escrito. O sea, no tiene errores groseros, respeta una secuencia de pequeñas intrigas a la sombra de una más grande que se devela al último, tiene uno que otro impacto.
Dos o tres puntos interesantes, para evitar un categórico “¡Es malo!”: la trastienda de la vida en los barrios cerrados, el contraste de los protagonistas que analizan la realidad del otro lado del alambrado con la realidad de los del otro lado del alambrado. Un capítulo sobre la adopción, otro sobre la historia del hoyo en uno en golf, otro sobre las culiandangas y las perversiones, mucho sobre el dinero.
Y se terminó el libro y me comí un flor de asado. .
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24 comentarios to “Un verano de novela”

  1. José Playo Says:

    Mañana releo lo que escribí. Hoy estoy muy cansado.

  2. Dayana Says:

    Muy buena reseña José!!

  3. DARIO Says:

    Una sola cosa: cuanto te fuiste de vacaciones, dos años??????? como hiciste para leer tanto!! yo en mis cortas dos mugrosas semanas de vacaciones de pedo que lei un par de capitulos de ‘Argentinos’ de Lanata que era lo que tenia atrasado pero no lo pude terminar.
    Sana envidia de lector frustrado, ojo.

  4. Euge Says:

    Detesto ser una lectora lenta, lo detesto. Te envidio, y como no existe la envidia sana, te envidio mal!. A los Crimenes imperceptibles lo regale este verano, la persona q lo recibio (que no lee ni las etiquetas de los champuses) me dijo q para quien no sabe de “matematicas” es inentendible. iudadYo le hago el aguante a Guillermito porque para lo que es la sociedad bahiense, este hombre es un valor, Con Las viudas de los jueves me diverti, esa era la idea cuando tome el libro.
    saludos!

  5. Anotherblog » Blog Archive » Un cacho de cultura Says:

    […] amigo José blogstar Playo nos ofrece una pequeña reseña de varios libros que tuvo la oportunidad de leer en tiempo de asueto. Paso recomendado si estas […]

  6. Pablo Giordano Says:

    Si sabía que ibas a estar tan al pedo te pasaba mi novela inédita. La próxima avisá. Una abrazo.

  7. José Playo Says:

    Dayana: ¡Muchas gracias!

    DARIO: fue un mes, y mientras los demás se tiraban al sol o hacían excursiones, o andaban a caballo, yo comía, cagaba leía y hacía asados. Es cuestión de acomodar los tiempos.

    Euge: yo también soy un lector lento, pero a veces me pica el bichito constante. Acá en la ciudad me cuesta más, dentro de la casa hay más distracciones y uno no puede escaparse a leer. Tiene matemática, el libro, pero no es tanto. Si Las Viudas te divirtió, cumplió. Insisto con eso, me parece lo más importante.

    Anotherblog: ¿blogstar? Me siento uno de los Abba.

    Pablo Giordano: sos choto, ¿eh? me la tendrías que haber pasado. Flojo, el guaso.

  8. Martín Says:

    Gracias, Playo. Debemos repetir la cerveceada.
    La Sombra del Viento me mató, la leí cuando salió (¿2003? ¿2004?). Me encantan las novelas sobre libreros. Cuando tengas tiempo, leé “La misteriosa llama de la reina Loana”, de Umberto Eco.
    Y sigo estando en deuda con Cristina, por suerte con ella hemos compartido lecturas de inhallables, como Capdevila o Salustiano Yáñez.
    Se supone que a fines de año Llamosas larga la nueva aventura de Lespada y Cherkavsky (con quien me identifico totalmente, es mi ídolo Cherkavsky).
    Un gran abrazo. Tolle, lege.
    Martín Baldo, Aquende Libros

  9. Martín Says:

    Y sí, sos un blogstar, te afanan de todos lados. Sos más copiado que disco de patito feo.

  10. José Playo Says:

    Martín: ayer estuve en el centro y me olvidé de pasar, soy un boludo. Estaba lindo, ayer.
    Bien por Llamosas. Poné acá la dirección nueva de Aquende, que no me la termino de memorizar.
    Me hiciste reír mucho con lo del disco copiado, ja.

  11. Lucas, desde Dublin Says:

    Hace un tiempo un bizarro y encantador grupo de amigos me llevo a la presentacion de un libro de Llamosas. Quien lo presentaba era Cristina, a quien si he leido bastante. A Estaban todavia no, pero le ando ganas (a sus libros, se entiende).
    Hay mucho y bueno en Cba. Y de otros lugares tambien, claro, cuando uno deja descansar un poco a los clasicos queridos y se aventura un poco en lo insospechado.
    Comparto la sensacion casi de vertigo en la panza cuando uno abre un libro de alguien que leyo solamente en algun comentario en el diario. Casi siempre son buenas sorpresas, y eso es suficiente.
    Envidiables vacaciones Playo.
    Abrazos.

    L

  12. Martín Says:

    Nueva dirección de Aquende Libros: San Martín 48 local 5, Galería San Martín. Es la galería donde están los arbolitos que cambian dólares por la Rivadavia, pero en la salida a la peatonal San Martín, a media cuadra de la plaza homónima.
    Volviendo al doctor Llamosas, hay un blog de una riocuartense viviendo en Irlanda, donde comenta los libros de Esteban, y sus desencuentros con él. El blog se llama http://anavinet.blogspot.com/
    Fijate en la foto que aparece allí.
    Abrazos.
    Martín

  13. Nevermind Says:

    Es un groso Llamosas, yo lo tuve de profe en el IECA (el ingreso a Abogacía) y años mas tarde me enteré no solo que estaba en el INADI sino que también escribe.
    Un groso como profe, groso como persona también. Aún le tengo ganas a sus libros, pero nunca tuve tiempo para comprarme libros para mí.

    (alguno que me lo regale para el día del hombre)

  14. anitaX Says:

    Coincido plenamente con lo que escribis sobre La Sombra del Viento… lo leí cuando salió y quede atrapada. Y Cristina Bajo es impresionante…. me alegra que la hayas descubierto. Creo que como todos los autores… hay un momento en el que te llegan, a veces aunque le pongas pilas si no hay onda.. no hay.

  15. Martín Says:

    El del INADI es Esteban Llamosas padre. El escritor es el hijo. Es doctor en derecho, pero no ejerce, es investigador de la facu, profe del IECA y de historia del derecho.

  16. Luchino Says:

    Buenos libros José… varios ya los lei, y otros todavia no, pero voy a aprovechar que estoy laburando en la editorial y me voy a clavar un par de los mencionados…

    También lei los crimenes imperceptibles, pero por alguna -creo que fundada- razon, espero ver la pelicula con mucho mas entusiasmo que con el que lei el libro… Alex (tambien uno de mis directores favoritos) es genial…

    Otro abrazo josé…

    Te ves al rato!

  17. Eduardo Roldán Says:

    José, te recomiendo para semana santa, mientras algunos rompemos los huevos ( de pascua), leas “El Principe de la Niebla” de Ruiz Zafón.
    Saludos….

  18. José Playo Says:

    Lucas: gracias. Tu comentario me recordó a la nota de adn, con eso de que hay mucho por leer. Abrazo.

    Martín: gracias por apuntarla. Te juro que en breve paso, me quedé con ganas de un libro sobre ortografía o algo así que recomendaste en un comentario de un post que no me acuerdo; imaginate la cantidad de cervezas que podemos tomarnos hasta que recordemos bien qué libro es el que estoy buscando.

    Never: no sé cuándo es ese día, pero no va a faltar alguno qeu quiera hacer una polla, te lo garanto.

    anitaX: tal cual, pero tal cual.

    Martín: ¡una cofradía de Llamosas sueltos!

    Luchino: tenés suerte con el laburo, es un lugar muy lindo para trabajar (a pesar del jefe, a quien le mando un abrazo).
    Saludos, Luchino.

    Eduardo: voy a ver qué hizo que Zafón llegara a La Sombra…, seguro que empiezo por tu recomendado. Abrazo.

  19. eduardo Says:

    Lamento no concordar con la mayoría de las críticas sobre La sombra… la verdad es que me encantan los libros sobre libros y escritores, pero en esta oportunidad no me terminó de cerrar. Largó muy bien pero el paso de las páginas le hicieron daño. Abrazos, muy bueno todo lo que hacés.

  20. Cristal Says:

    Mirá vos: nos hemos estado leyendo casi al mismo tiempo. En febrero yo también le pedí a Javier algunos libros, entre ellos Buscando a Traci, del amigo Llamosas (nuestro Chandler cordobés), y también uno de los tuyos, Peguelé hasta dejarlo morado.

    De tus cuentos, los que más me gustaron fueron el habanero de “1996” y el desolado “Nocturnante” (aunque yo hubiera preferido “nocturno”). Los que más me hicieron reír fueron la entrevista a “Un hijo de su madre”, el fontanarrosesco “Un dolor de la gran puta”, y los viejos escabios de “On the Rocks”.

    Me alegro de que la novela te haya entretenido. Abrazo.

    Martín Cristal

  21. Martín Says:

    Mi tocayo tiene apellido de cierto tipo de cerveza que me gusta más a mí que a vos, José, no sé si te recuerda algo.
    Dicho personaje que también tiene la (des)dicha de ser publicado por Montoya, estuve ayer martes 10 de marzo por la librería. No sé si te recuerda algo.
    Y los libros anteriores de Zafón, hum, son muy juveniles/infantiles, resuelve todo con la fantasía, gente que vuelve de la muerte, cosas así. Leí, a saber: el príncipe de la niebla, el tren de medianoche, marina, las luces de septiembre. Hice lo mismo, como me gustó “la sombra…” leí los anteriores, y con suerte que zafó (como su apellido).
    El libro de ortografía es “Saber Escribir”, del Instituto Cervantes.
    Un abrazo.

  22. La Marce Says:

    La sombra del viento. Cacho de libro para mí. los demás no los leí, pero las reseñas son tentadoras. Mejores que las del algunas revistas culturosas. Me gustaría charlar con vos de todo esto, mi línea de trabajo es la experiencia de leer, el disfrute, el placer del texto… o no, porque a veces no se da. Besos

  23. José Playo Says:

    eduardo: no sos la primera persona a la que le escucho decir eso. Un tipo de una librería que está cerca de casa, que siempre me recomienda títulos, me dijo lo mismo. Andá a saber qué hará que nos guste o no un libro. Siempre pienso que eso es un misterio. Gracias y abrazo.

    Cristal: mirá lo qeu son las cosas, me encantan esas simultaneidades.
    Llamosas, espero, no cualifica como personaje de Friends, así que asumo que te referís a otro Chandler.
    Te agradezco mucho la devolución con Peguelé. Posta.
    Abrazo y gracias, Martín.

    Martín: claro qeu me recuerda cosas. Lo tengo como un pendiente que no me quiero perder, perdé cuidado. También escuché esta semana esos comentarios acerca de Zafón, mirá vos.
    Anotá ese libro, cuando vaya te lo compro.
    Abrazo.

    Marce: son palabras de lector, a las reseñas culturosas, la mayoría de las veces, no las entiendo (las restantes, por lo general, me aburren).
    Ojalá tengamos oportunidad de hablar, calcúleo que en mayo presento nuevo libro (no le cuentes a nadie), y ahí vamos a tener tiempo de conversar un buen cacho.
    Beso.

  24. La evolución del erotismo « Peinate que viene gente Says:

    […] no trabajaban Jenna Jameson, ni Christy Canion, ni Ginger Lynn. Nuestros primeros polvos eran una novela de Llamosas, la tragedia del contraste, la pornografía del ridículo, y a muchos de nosotros nos costaría […]

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