Un libro excelente

un libro excelenteTe leí de pie en el patio, apurando por igual páginas y cigarrillos, devorando con fruición los renglones, como lo haría un náufrago con latas de conserva que flotan azarosas hasta anclarse en su orilla.
Leí tu novela hasta marearme y tuve que cambiar de posición varias veces para no perder por completo la sensibilidad de las piernas. También se me durmieron, varias veces, las manos.
La oscuridad se cernió por fin sobre tu libro. Comprendí que debía cambiar de posición cuando las hojas comenzaron a oscurecerse, primero hacia una tonalidad de huesos planos, para cambiar a un apagado ceniza húmeda después, hasta cegarme. Entonces busqué un farol y me apoltroné debajo mientras me mordía los labios.
Me llamaron para comer un par de veces, pero desatendí las voces que venían de la casa. De cuando en cuando, en algunos pasajes más que en otros, los cigarrillos se consumían entre mis dedos sin que los chupara más de dos o tres veces. Refugiado en un mapa de autopistas escritas, me abandoné a un mundo imaginario que empañó toda otra realidad; el mundo mismo se partía en pedazos cuando se acercaba al filo fibroso de las hojas.
Promediando la madrugada tuve que moverme para no morir congelado. Caminé en círculos cambiando el libro de una mano a la otra, tomándolo a veces por debajo con el pulgar hundido en el vientre que resguardaba las costuras, otras por arriba, con mis cuatro dedos avanzando y retrocediendo por arriba para despejar los primeros renglones, fundamentales para continuar el hilo de la historia que habías pergeñado.
Supe que había amanecido porque el canto de un pájaro me sobresaltó. Recién entonces caí en cuenta de lo apretados que tenía los dientes, de lo pastosa que tenía la boca. Hacía ya varias horas que no ensayaba otras palabras que las mudas que leía.
El sol salió por fin y me encontró mareado, dando tumbos. Todos los huesos de la espalda se habían amalgamado con los músculos entumecidos, formando un caparazón fría como el acero. A tientas con un pie encontré la parte más baja de la pirca y me dejé caer sobre las piedras aparejadas en hilera, lo que me produjo un destello de dolor que no bastó para distraerme. Haciendo oscilar el peso sobre una y otra nalga, finalmente me abandoné a la sensación molesta de la superficie irregular, porque la cercanía de una resolución eclipsaba las más crudas sensaciones.
Avancé como un loco trotando mentalmente a la par de los personajes, refugiándome con ellos en cobertizos irreales, peleando codo a codo contra sus dudas, sus sentimientos, sus desesperanzas. Yo estuve ahí más que nadie, unido en un vínculo mágico a tu imaginación, la misma que decantó estas páginas y que había logrado atravesar tus manos, los rodillos pesados de una imprenta, la sordidez de los escaparates, hasta mí, para traerme tu fantasía de vaya uno a saber qué trasnoche lejano, más lejano que ninguno.
Me sentía en deuda con el placer que me consumía y con la pasión que te había impulsado a llenar estos papeles; te pagaría con la misma moneda, pero a la inversa, en otro tiempo, pasando la vista por las palabras que habías acuñado.
Seguí hasta que el peso de las páginas leídas en mi mano izquierda se hizo intolerable, hasta que mis dedos pasaron a ser una prensa acalambrada que mantenía el libro abierto y los renglones consumidos a raya, para que el pasado inmediato no cayera sobre el presente y aplastara el futuro.
Quedaban pocas páginas, pesadas y blandas por efecto del relente.
A veces una brisa silenciosa levantaba alguna y me tentaba con un pantallazo de los párrafos venideros, pero me mantenía firme y sin tentarme, respetando la persecución metódica de esa última hoja, sobre la cual no quería hacer conjeturas, sólo desandar tu camino hasta encontrarla.
El farol se apagó por fin, la mañana clareó lo suficiente como para permitirme desenterrar la nariz del vientre del texto, y llegué a la recta final.
Entre el índice y el pulgar sólo quedaba la cubierta áspera, una hoja de gracia con los datos de la imprenta, y tres o cuatro párrafos justificados irregularmente.
Después, mucho tiempo para soñar.
Que el libro me había leído a mí, no a la inversa.
Por ejemplo.
Relamiéndome.
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26 comentarios to “Un libro excelente”

  1. mmoreno80 Says:

    Mucho de lo relatado me recuerda a mí mismo. Hay veces en las que un libro te atrapa para no dejarte nunca mas en la vida. Y cuando esto sucede, suele nacer el mi una sensacion de vacio que se que no volvere a llenar; es raro, pero hay libros que me gustaria que tuviesen infinitas hojas.

    M.

  2. Lucas desde Pest Says:

    Esa sensacion de gratitud conmovida, y de triste orfandad de la obra recien terminada, ese silencio espeso que corona los segundos en que nos demoramos para sacar los ojos de alli, donde hace solo unos momentos habia solamente un vortice de fantasia que de un zarpazo nos hizo prisioneros.
    Tambien, la sensacion de sentirnos abandonados por un autor que se dejo llevar por la pereza o por una historia que ya no podia prolongarse.
    Levantarse el cuello del sobretodo y salir a la intemperie, eso es lo que nos queda cuando terminamos esos libros, cuando ya no somos lectores sino solamente los desperdicios de su cena.
    Muy bien Iosephus.

    L

  3. Moyosuite Says:

    La otra que queda es leerlo de nuevo en algun otro momento. seguro que con el hambre con que lo terminaste la primera vez hubieron partes que, al ser digeridas mas lento, puedan ofrecer sensaciones nuevas. me paso cuando lei blancanieves cuando era niño y ahora que tengo treinta y tantos me tome el tiempo, medite sobre la obra, y me di cuenta que es muy porno. genero midget-gangbang-food-daughter seria? tambien me paso con el ulises, pero la segunda vez que lo lei entendi menos que la primera. necesito 30 puntos mas de coeficiente intelectual.

  4. elrober Says:

    leí El General, el pintor y la dama de María Esther de Miguel con esa desesperación que describís, tratando que la historia termine pero a la vez extrañando por anticipado la falta de pertenencia a todo ese mundo que el libro me presentaba, es increíble la tristeza que produce a veces terminar un buen libro, como la despedida de un amigo que se va muy lejos y por mucho tiempo, estoy tratando de olvidarlo aunque sea un poco para volver a leerlo, pero es como que siempre está presente en cada libro de historia que encuentro.

  5. Martin Says:

    Yo leí así Rayuela, creo que en un par de días lo había liquidado, y el final.. bueno … sin palabras…

    Otro que también leí así fue “Cien años de soledad” y es uno de esos libros que te acelera para llegar al final (que conocés desde el primer renglón del libro) y al fin y al cabo terminas con una pena que te ahoga el corazón como por una semana o más…

  6. garzuss Says:

    Me ha pasado y el remedio fue peor que la enfermedad, cuando me desarma el libro que sea que estoy leyendo… ahora me he descubierto que me auto-hago el boludo y los dejo sobre la mesa de luz sin terminar con las 10 o 20 páginas finales. Intuyo ahora que mi autoengaño es un idiota sentimiento de defensa para que ese momento finito pase a girar al rededor de mi existencia cual cinta de Moebius… si ya se no ginan nada soy un Paspadius…

  7. Lore Says:

    A mi me pasó con el Adán Buenosaries de Marechal, lo empecé a leer una tarde y cuando me di cuenta ya era la mañana del día siguiente. Toda la tarde, toda la noche leyendo con compulsión…
    De todas maneras soy de las que disfrutan cuando un libro se termina, tal vez porque sé que viene un placer -en mi- más poderoso que la lectura, que es el de la relectura…..

  8. Camilo Says:

    José, me hiciste acordar cuando leí El apocalipsis, de King, falté una semana a la facultad y no salí del departamento. Apenas si de vez en cuando comía algo y volvía a la cama a leer…
    Que buenas épocas por cierto…

  9. Paula Says:

    Cuál fue el libro que liste???? cuál te produjo todo eso?? cuál??

  10. Vic Says:

    Qué loco.

    Me pasó algo parecido a Camilo con Apocalipsis, hace mucho tiempo.

    Nunca mi mano sufrió más que cuando llegué a las últimas hojas del señor de los anillos.

    Lo bueno es que vale la pena.

  11. Juan carlos Says:

    José,qué fácil que es para vos escribir, eh?
    saludos.

  12. DARIO Says:

    Dos cosas:
    primero: en otro post “palabras que me caen como el culo” creo haber mencionado que “fruicion” es una de ellas, y la usas mucho vos, porque será, tenés fruicion por la palabra fruicion??

    Segundo: esto me pasó y me pasa seguido porque en rigor de verdad, si un libro no me atrapa de esta forma, lo tiro a las 15 páginas, soy así de cabrón. No le doy segunda chance. Esta es una de las razones por la que no leí ni pienso leer ‘el señor de los anillos’ ni ‘Harry potter’, no me atrapan, que che levá ché.

  13. Morgana Says:

    Me encanta tu manera. (entrá en el mío, te gustará!)

  14. Sole Says:

    Muchacho, en estos tristes momentos estoy con una conjutivitis creo que-virósica- de la puta madre y la luz de la pantalla me cae como miles de agujas en mis pupilitas lastimadas. Lástima, porque me había enganchado con el cuento, como lo había hecho hasta que mi espalda me obligó a despegarme de la cama hace media hora con Deshoras del Cortázar…
    Genial…….me voy antes de que se me sequen los ojos…duele mucho y pica peor. La sigo otro día.
    Sole

  15. Eli (la eli) Says:

    José: que genial descripción de los lectoradictos, soy una de esas y espero poder seguir siendolo siempre. Gracias por tu relato!

  16. Bonifacio Flores Says:

    Emocionado por tu texto me propuse tener la misma experiencia como virgen que para el culo para recibir el dolor, el placer. Me preparé, descalzo, en calzoncillos, en soledad. Pero por alguna razón, “El perro interior” de Hanglin no me movió el piso, más bien me hizo odiar los libros, odiar todavía más a Hanglin, me dio diarrea. Debí haberlo sospecado cuando lo encontré a $0.99 en una librería de saldos, es más, me lo dieron en vez de un vuelto, porque no tenían monedas. ¿Por qué no hay monedas? ¿Acaso los ahorristas hormiga no se dan cuenta del mal que pueden llegar a provocar?

    Estuve una semana de vacaciones. Es un placer haber vuelto y encontrarlos.
    Un abrazo.-

  17. sugus Says:

    de pronto tuve la impresión de que describias una relación y la percepción sobre el final me traslado a un pasado no muy lejano…

  18. José Playo Says:

    mmoreno: tal cual. Bienvenido, como corresponde, un gusto tenerlo por acá.

    Lucas desde Pest: igual que su reflexión acertada desde Pest. Hasta ahora, sólo cosas buenas vienen desde allá. Abrazo.

    Moyosuite: totalmente, creo que Borges decía que el placer está en la relectura (no me gusta Borges, pero respeto las citas).
    Yo sabía que Blancanieves tenía algo de Hardcore en sí misma… Al Ulises, que me perdone don Joyce, no le pude dar vuelta más de cuarenta hojas.

    rober: apunto el libro para ver si me pega igual. No me pasó nunca con un libro de historia de los dos que he leído. Abrazo, gran rober.

    Martin: por ahí también influye un poco el momento de la vida en que un libro nos cae en la mano, porque con Rayuela sí tuve esa misma aceleración, pero con Cien años ni a los veinte. Tendría que probar releyendo Rayuela.

    garzuss: ja, muy bueno.

    Lore: no leí nada de Marechal, ¡qué cantidad de libros que no he leído!

    Camilo: me das envidia, no lo tengo.

    Paula: ah…

    Vic: los envidio a los dos, yo estoy a punto de ofertar unos mangos en Mercado Libre por Apocalipsis.

    Juan carlos: no sé si es fácil, lo disfruto mucho, eso sí. Abrazo.

    DARIO: me parece una palabra muy cachonda, confieso que me encanta y que no voy a volver a usarla, no sabía que la estaba repitiendo tanto.
    También tengo ese sistema de descarte con los libros, no me permito perder tiempo con algo que no me gusta mucho. Qué che levá.

    Morgana: un spam bien centroamericano, gracias.

    Sole: qué cagada, Sole, espero que te recuperes pronto, yo padecí lo mismo el año pasado y no se lo deseo a nadie (bah, sí se lo deseo a un par, pero porque sé que no les va a dar).
    Que te mejores, que te mejores.

    Eli: me encantó “lectoradictos”, gracias a vos.

    Bonifacio: dicen que a Hanglin hay que leerlo en pelotas y con un corcho en el culo, dicen.
    Espero que tus vacaciones hayan estado de puta madre. Abrazo.

    sugus: mirá vos. Mirá vos…

  19. Victoria Says:

    Lo presto.
    Lo querés?
    Lo tenés.
    Solo avisá.

    (De última lo cuelgo en Mercado Libre y veo cuanto estás dispuesto a pagar…)

  20. Jackie Says:

    Es hermoso encontrarse con un libro que atrape de ese modo; he tenido la suerte de toparme con varios de esos, que no me dejan soltarlos hasta ver con cierta melancolía, que me quedan pocas páginas entre los dedos. Esos y algunos buenos amantes, han sido parte de las mejores desveladas de mi vida.
    Y los libros siguen ahí…

  21. José Playo Says:

    Vic: es como si le ofrecieras una torta chocolatada y dulcedelecheada a un gordo de Cuestión de Peso. No lo quiero prestado, quiero mi ejemplar para atesorarlo al mejor estilo Gollum.
    Si Mercado Libre me sodomiza, entonces te lo pido para sacarme la calentura al menos.
    Gracias por la oferta. Buena gente. Buena gente.

    Jackie: me parece acertadídisima la comparación con los amantes. El cierre de la permanencia de los libros es redondito, qué buena forma de verlo.

  22. grillito Says:

    genial

  23. José Playo Says:

    grillito: gracias y qué bueno verte de nuevo por acá.

  24. Lucas, desde Dublin Says:

    Gracias Jose, ahora que estoy en los pagos de don Joyce me da cosa admitir que yo tampoco pude avanzar mas alla de algunas paginas. Lo reintente varias veces, pero debe ser que todavia no me da la gullivera o no incursione en los psicotropicos necesarios. O ambas razones.
    Encima hay como un tour que te lleva por todos los lugares que menciona en Ulyses, incluyendo un bar que todavia existe. No se porque me siento mas pelotudo, si por no poder aprovechar el tour, o por tener ganas de hacerlo.
    A veces la literatura es una puerta cerrada: nos quedamos estupefactos mirando la veta de la madera, las sucesivas capas de tierra, el picaporte indiferente al peso de nuestra mano.
    Abrazo desde aca.

    L

  25. Lucas, desde Dublin Says:

    Jackie, tenes razon, despues de un tiempo uno piensa en las amantes y en los buenos libros con la misma calida gratitud complice.
    Claro que releleer un buen libro es siempre una experiencia magnifica, y desenterrar viejos huesos suele ser bastante, digamos, decepcionante.
    Punto para los libros anyway.
    Beso.

    L

  26. José Playo Says:

    Lucas, desde: si fuera muy forro te diría “boludo, leé a Joyce, estás ahí”, pero yo haría lo mismo. Y soy de los que creen que si un libro te cuesta mucho, no hay que forzarlo, por mucho tour que tengas en puerta.

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