Remembranzas vintage

nada que ver la ilustración, era de otro post viejo, pero me gustó cómo me salió el collageEs 1972. Así dice el almanaque colgado detrás de la barra, yo estoy en una de las mesas del fondo, cerca del pianista.
Llevo una camisa ridículamente ajustada, con el cuello demasiado grande, con un par de puños que me llegan hasta la mitad del brazo. Me siento a la vez fajado y aparatoso. El color y la tela de la ropa que llevo combinaría mejor con un globo aerostático.
Por la puerta, repentinamente, ingresa una mujer.
Es una linda mujer. Lleva unas sandalias altísimas con suela de corcho y un pantalón con patas de elefante. No puedo verlo, pero me juego toda la billetera a que tiene buen culo. Esos pantalones sólo pueden usarlos las mujeres que tienen buen culo. A pesar del abrigo de piel que la cubre, alcanzo a distinguir una camisa floreada y un pecho huérfano de tetas. En 1972 no se usaba tener tetas.
Jamás he visto accesorios tan grandes como los que lleva esta señorita. Los anteojos podrían cubrir el frente de un automóvil mediano, la hebilla del cinturón bien podría servir de neumático, las pulseras parecen ruedas.
Me saluda con una mano de uñas largas, haciéndome señas para que la espere en la mesa. Asiento con la cabeza y sonrío a la vez, mientras ella se dirige a la barra y se quita los anteojos frente a un mozo de patillas frondosas.
Dios mío, pienso, ¿quién asesora a esta gente en el rubro vestimentas?
Claro que no voy a moverme, cariño. Es 1972 y estoy en un bar junto a un pianista con un afro voluminoso, escuchando una versión jazzeada de Abba. Mamma Mía, si no me equivoco. Sigo involuntariamente el ritmo con el pie y bajo la mirada para descubrir que mis zapatos son de cuero de cocodrilo. Tienen una especie de taco incómodo.
Levanto la vista, ella está sentándose frente a mí.
—Hola, bebé —dice.

Yo me doy vuelta para descubrir que soy el único en esta parte del salón, así que me acomodo el cuellazo de la camisa y le respondo con mi mejor sonrisa seductora:
—Hola.
De cerca es todavía más inquietante lo que ha hecho esta criatura con el maquillaje. Me atrevo a pensar que con un par de pinceladas más no le quedaría lugar para hacer ningún gesto. Sus ojos van enmarcados en unos trazos de rimel felinos y recargados. Los labios hierven en una tonalidad carmesí. Un chicle que se pasea de mejilla a mejilla jamás llega a tocarlos.
—Amo esa canción —dice antes de tomarme la mano—. Me recuerda a la fiesta del año pasado…
Ha hecho el comentario esperando en mí una reacción, por lo que supongo que la melodía amparó en esa fiesta una complicidad nuestra y sólo nuestra.
—¿Puedes ponerte de pie? —le pregunto en un castellano neutro.
Ella me mira asombrada. Una de sus cejas se ha levantado y ahora el abanico renegrido de sus pestañas se mantiene abierto de par en par como una antena parabólica.
—Quiero mirarte el culo para sacarme una duda —explico.
Accede, aunque con cierto reparo. Pero es 1972 y yo voy vestido como el hermano poco exitoso de Sandro, así que me mantengo estoico en mi postura.
No me atrevo a cruzar las piernas, en una breve inspección he descubierto lo ajustados que son estos pantalones en la entrepierna. Mis colgajos se encuentran fajados sobre el nacimiento de mi muslo derecho, donde se distingue a la perfección el pene y los testículos.

—Testículos —digo sin pensar.
Ella se vuelve, asombrada, para mirarme. No importa, igual me ha dado tiempo suficiente para mirar su culo y saber que no me equivoqué.
—¿Qué es eso de testículos? —quiere saber.
Yo aparto la idea con un ademán distraído, restándole importancia. Ella sonríe.
—Siempre el mismo loco, vos.
Estoy a punto de pedirle que se desabroche la camisa y que me muestre una teta, cuando irrumpe en el bar un grupo de personas.
Llevan cascos, anteojos, y trajes confeccionados de una tela metalizada. Caminan sobre botas inmensas.
—¡Artistas! —exclama ella—. ¡Son artistas!
La veo aplaudir, ridículamente alegre por la presencia de los mamarrachos vanguardistas. Cuatro pelotudos de grueso calibre, gente grande jugando a ser originales.
—¡Deben ser dadaístas! —aventura mi compañera.
—O boludos —replico.

Por la mirada que me dedica comprendo que no voy por buen camino si continúo criticando las cosas que ocurren en 1972 dentro de este bar en el que irrumpen artistas.
El pianista guarda silencio, el barman se rasca la barbilla y trapea mecánicamente la barra. Yo, que veo algo familiar en el más alto de los cuatro que han ingresado, me llevo el índice debajo de la nariz y entrecierro los ojos para pensármelo bien. Entonces descubro que tengo bigotes. Unos mostachos robustos y lacios, espantosos. Instintivamente me pongo de pie y busco uno de los espejos de la pared, para corroborar que no tengo un animal muerto sobre el labio. La imagen en el cristal es contundente: soy el émulo de una postal de actor porno retirado en los ochenta.
Y escucho la voz cuando estoy acercándome al vidrio para comprobar qué es el collar que cuelga de mi cuello hasta las tetillas entre la “v” profunda que dibuja mi camisa abierta.
—Quieto, Carollo —oigo que me dicen.
Me vuelvo para confrontar al reflejo que me habla por encima de mi hombro.
Es uno de los dadaístas metalizados.
—Danos el collar y nos iremos, eso es todo. No queremos lastimar a nadie.
—¿Lastimar? —pregunto. Sin darme cuenta, estoy llevando una de mis manos a la cintura, y con sorpresa descubro la culata de un arma asomando del pantalón sobre mi trasero.
Me pican mucho los huevos. Estoy irascible.
—Acá los únicos que pueden salir lastimados son ustedes —me oigo decir—. Mi suerte está echada.
El más alto del grupo se adelanta unos pasos con las manos extendidas, mostrándome las palmas en señal de paz.
—Muchacho, no hagas más difíciles las cosas, danos el collar y nos iremos de aquí.
De pronto comprendo porqué me resultaba familiar. Apenas dice “nos iremos de aquí” me doy cuenta de que es un joven Federico Luppi, delgado, fibroso, con buen porte.
Mi chica, que hasta ese momento ha permanecido callada, se pone de pie y de un tirón se arranca la peluca.
Entre sus manos huesudas hay una pistola. No sé cómo llegó ese aparato ahí. La tensión de sus tendones demuestra que se trata de un arma pesada y mortífera.
Sin dejar de apuntarlos, dice:
—El collar, protegé el collar.
Intento avanzar hacia la mesa para tranquilizarla, pero el pianista también se quita de un tirón su peluca y se interpone en mi camino. El afro, efectivamente, le daba un aire solemne que ahora no tiene; es pelado. Y mira mi pecho con lascivia.
—Quieto, Carollo —me advierte antes de que se desate la tragedia.
1972 es un año peligroso, parece.

Levanto la vista. Un movimiento en la barra llama mi atención, y observo al mozo que toma un arma de caño recortado que tenía escondida debajo de la registradora. El muchacho de las patillas abre fuego sobre los hombres de traje de aluminio.
Me llevo las manos a los oídos, vuelvo la cabeza y veo a la muchacha de buen culo y mal gusto para la bijouterie que se agacha y también empieza a descargar su arma.
Todo ocurre muy deprisa pero por alguna extraña razón, mi cabeza alcanza a procesar el enfrentamiento con pelos y señales. Una bala le vuela la mitad de la cara al pianista, mientras Luppi cae en cámara lenta sobre sus rodillas, llevándose las manos a la cintura con un gesto de dolor. La primera perdigonada le ha dejado como un colador los riñones. Uno de los dadaístas metalizados se arroja debajo de una mesa y se ovilla en posición decúbito dorsal, mientras solloza llamando a su madre. Otro de los dadaístas desenfunda una pistola pequeña y le perfora la tráquea al mozo, quien cae hacia atrás sobre el aparador y se desliza al piso bajo una catarata de botellas rotas.
Mi chica, inmutable en la lluvia de balas, continúa disparando hasta que varios hoyos se dibujan en el traje del dadaísta que queda en pie.

Siento un calor extraño en mi pierna y descubro con estupor que me han herido.
—¡Médico, médico! —grito.
Cuando el ruido por fin cesa y la densa humareda empieza a disiparse, en el bar reinan los estertores de los moribundos y el goteo de las bebidas derramadas.
La chica ha retrocedido hasta una silla y se ha dejado caer con los brazos a los costados.
Me arrastro hacia ella.
—Dios, cómo duele —dice.
Justo en donde debería haber dos tetas grandotas si esto fuera 1990, hay un hueco renegrido en la tela de la camisa. Humea y pronto empieza a manar sangre.
—No te muevas —digo.
—Tengo frío —dice ella.
Tomo su mano justo antes de que su tos acuosa nos salpique de gotas rojas.
Muere ahí, sentada en la silla. Yo, visiblemente alterado, me incorporo y aprieto su cabeza contra mi pecho, miro al cielo y grito:
—¿¡POR QUÉ!?
El año del almanaque está decorado con pesadas gotas de sangre, ahora.
Quedo a solas con los muertos, el siseo de la máquina de café que está por escupir la mezcla por el exceso de temperatura, y el llanto del hombre debajo de la mesa.
Somos los únicos sobrevivientes.
Me pongo de pie, cambio de lugar mis huevos y la costura del pantalón y me dirijo a la puerta.
Antes de salir saco el arma y apunto.
Es 1972 y nunca me ha gustado escuchar llorar a los hombres.
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31 comentarios to “Remembranzas vintage”

  1. Ariel Says:

    Espectacular José, bien Tarantino! Cada dia escribis mejor culiau..
    Un abrazo.

  2. juanperse Says:

    ah bueno… sensillamente zarpado

  3. federicogauffin Says:

    Muy bueno, Playo. Me imaginé la escena con colores en sepia y todo! Abrazos y siga así!

  4. Tomasini Maria Says:

    Uhauuuuu¡¡¡¡¡¡¡¡¡

  5. Tomasini Maria Says:

    Estupendo

  6. "el que sigue" Says:

    que grosso loco! tiene tantas cosas que marea. Muy divertido.

  7. BoyCordoba Says:

    Una historia con el sello Playo.

    Y….no se me ocurre nada inspirado para alabar tu obra, la calor vio? Muy buena.

    Un abrazo che.

  8. Camilo Says:

    Alocada historio.
    No solo con el sello Playo como dice BoyCordoba, sino que aparenta ser producto de una calurosa noche de verano.
    Muy buena!

  9. Sabri Says:

    Que buen cuento José!
    Me encanto!!
    Beso

  10. tapi Says:

    Que ObaOaceOa!
    Oor DiOs! Ni lOs comOntarOs
    se sOlvarOn. Y lO CAP dOondO esOabO?
    MOy bOeno!

  11. matias Says:

    Un cuento de la gran puta, sin duda…

  12. Vale Says:

    Muy buen cuento José!

  13. mmoreno80 Says:

    Pensé que te habias meado, jejejejeej.
    M.

  14. Jo Says:

    Te aplaudo. Sos muy bueno, muy bueno.
    Saludos.

  15. El Mauri Says:

    “En 1972 no se usaba tener tetas” jajajaja excelente. En mi casa habían unos discos de “Alta tensión” esos que eran de todos colores y es verdad!!! las minas que salían en las tapas de los discos no tenían tetas!!! en los 70’s no se usaba tener tetas!!! sos un groso, jaja.
    Un abrazo che

  16. Lucas desde Pest Says:

    ESTUPENDO! Oiga muchacho, excelente historia!
    Le mando un abrazo.

    L

  17. elrober Says:

    hasta hace no mucho tiempo había en casa todo ése decorado que usaban la mujeres en la época de mi nacimiento, una peluca, un cinto blanco con una hebilla plateada, unas pulseras rodado 26 y por supuesto una peluca, mi vieja tiene buen culo. pero es cierto, nada de tetas, mi hermana se tuvo que poner para remediar esa herencia de glándulas atrofiadas.
    Las fotos en blanco y negro que había me llevan directo a ése bar, el Canal Volver te va a agradecer mucho este post

  18. Walterio Says:

    Creo que el sepia es mejor para el siglo XIX, los ’70 del XX fueron en technicolor y en el relato se nota muy bien.

  19. jorge Says:

    La canción Mamma Mia, de Abba es del año 1975. Salió en el tercer disco del grupo y fue número 1 en Inglaterra en 1976.

  20. DARIO Says:

    A veces realmente pierdo las ganas de comentar por tipos como vos Jorge. Que necesidad tenés de encontrarle el pelo al huevo buscando en wikipedia (porque no me digas que el dato de Abba lo sabias de memoria) algo que para el cuento es totalmente irrelevante? Seguro que si el relato decía que en medio del tiroteo se cruzó un dinosaurio hubieras dicho ‘vivo?’. Disfruta de este gran escritor cordobés y punto.

  21. Eli (la eli) Says:

    ufff por que no viví los setenta! hubiera estado a la moda!

  22. Viejo Says:

    Darío, no me parece de más el comentario de Jorge, si bien el cuento fue excelente, como dato de ‘curiosidades’ funciona perfectamente. No hace falta defender al gran escritor cordobés, no fue agresivo para nada.

    Además, la ‘coherencia’ es importante (incluso en un cuento con elementos absurdos), por más que josé haya omitido conscientemente o simplemente ignorado el dato de la canción. Voy a ponerlo BURDAMENTE: Imaginate una historia de un grupo de de vikingos (la historia en sí estupenda) pero con armas que no son de la época… ALGO llamaría la atención. Eso nomás.

    Saludossssss…

  23. Viejo Says:

    además ahora que me pongo a pensar el calendario puede haber tenido sus años… me hace acordar a un mercadito perdido en el medio del campo con la heladera llena de calendarios viejos de distintos años… jaj

  24. Jackie Says:

    ¡Grande José!

    Me llevaste a la época de Cleopatra Jones, Kojak, Starsky y Hutch, Ángeles de Charlie… (me chupa un huevo si esas series son de antes o después del 72)

    Y para darle ese toque de oro a tu mini serie de acción, aparece Federico Luppi, aunque no puedo imaginar cómo era físicamente en ésa época. lo voy a googlear.

  25. José Playo Says:

    Ariel: ojalá me hubieran dicho lo mismo cuando guionaba ficcionales en la facu. Gracias, loco.

    juanperse: gracias, juan.

    fede: ja, yo la imaginaba bien colorinche, con muchos filtros polarizados y predominantes de verdes, azules y rojos. Gracias y abrazo.

    Tomasini Maria: qué bueno que les haya gustado. Gracias.

    elque: eso mismo digo cuando me preparan tragos en la barra del ex bar de mi primo. Gracias, Cristian.

    BoyCba: que te haya gustado es más que suficiente, abrazo y gracias.

    Camilo: eso es lo bueno de lo escrito, que despierta muchas cosas. Abrazo de seis palabras, Camilo.

    Sabri: gracias, Sabri. Un beso.

    tapi: no entendí nada, pero agradezco por las dudas, ja.

    matias: me encanta que las cosas sean de la gran puta. Un abrazo al estilo.

    Vale: gracias, Vale.

    mmoreno: nunca sabrás si sí o si no😛

    Jo: gracias, tocayo/a.

    Mauri: posta que no se usaba, es una frase de cabecera en mi familia (donde no abundan, justamente, las tetas). Sobre “Alta Tensión” vas a ver que no digo nada, mirá.
    Abrazo, chango.

    Lucas desde Pest: insisto con que de Pest sólo vienen cosas muy buenas, gracias caballero.

    rober: se ha puesto de moda ahora ponerse tetas. Los otros días observaba eso en un paseo por la peatonal; después de un par de años sin caminar por el centro, descubro que hasta los quiosqueros tienen busto. Y eso a Córdoba le hace bien. Te mando un abrazo, cabeza. Y cariños.

    Walterio: eso decía más arriba cuando hablaba de que lo imaginé muy colorido, ja.

    jorge: Luppi jamás usó un traje espacial en el bar donde transcurre el relato. Es cierto, son licencias nada más, pero gracias de todas maneras por apuntarlas.

    DARIO: todo bien, Darío, el relato tampoco es una obra cerrada e intocable, y el apunte de Jorge vale para saber algo que, al menos yo, no tuve en cuenta.
    Me gusta pensar que estos cuentos sirven para eso, precisamente, para generar adhesión con una hipótesis rebuscada, para generar rechazo por fundamentaciones infundadas, para discurrir en cuestiones menores y sin importancia, hasta el hartazgo. Si eso no es un recreo, el recreo dónde está.
    Creo fervientemente en las reacciones de todo tipo, tal vez Jorge pasaba por acá y se tomó la molestia de leerlo todo, y eso fue lo que le quedó, celebremos que eso valga.
    Igual que lo tuyo, que siempre es un comentario alentador y que motiva muchísimo, como el de tantos. Pero creo que valen los dos, al menos para mí, y mucho.
    Son buenos tipos, loco. Y nos debemos una cerveza, ya que estamos. Espero que para el próximo libro que presente te presentes así finiquitamos la deuda y hablamos de las interpretaciones, que a mis dos amigos ya los harté con lo que escribo y acá en casa cada vez que hablo de relatos me mandan a comprar medialunas.
    Abrazo.

    Eli: muy gracioso, me reí mucho con tu comentario.

    Viejo: eso, eso, el calendario era viejo… ja, vos tendrías que haber sido mi abogado de oficio.

    Jackie: vos sabés que a Luppi siempre lo he tomado como referente del ambicioso cine de la década del 70 y 80, que pretendía mostrarse para el resto de latinoamérica como una pieza cuidada del lenguaje que acá nunca se hablaba. No soporto ni veinte segundos de una película vieja en la que hablen de “tú” y de “aquí”, cuando jamás usamos esos términos en Argentina. De cualquier modo, es un fenómeno muy particular, porque los argentinos no tuvimos (en mi modesta opinión) una identidad lingüística cinematográfica (si tal cosa existiera), y por lo tanto no llegamos a enamorarnos de nuestras potencialidades como realizadores de la pantalla grande. Hizo falta que aparecieran nuevas cabezas, nuevas ideas y una estructura desestructurada e independiente que le insufló a nuestra historia un aire tan familiar que terminó por reconciliarnos (generalizo, pero hablo mucho por mí).
    Decía que Luppi era referente de esa época cuyo cine no me representa en lo más mínimo, pero, sin embargo, le tengo mucho cariño, porque como artista ha sabido cinturear y acomodarse, pasando, entre otras cosas, a la industria internacional, cosa que no es fácil.
    Y, como siempre digo, la gente que logra cosas que otra gente no logra, merece mi reconocimiento.

    Me fui al carajo, pero estuvo bueno pensarlo y ponerlo.

    Abrazos.

  26. Sole Says:

    Y mi mamá se cortaba el pelo como la Farrah Foset (se escribe a´sí?) y hasta creo que conquistó un novio siendo la “falsa-foset” de Alta Cba.
    Menos mal que yo nací casi veinte años después…aunque ciertas medidas pectorales me hubieran hecho coincidir perfectamente con aquellas femme-fatales….de las series, yo rescato Columbo que cuando descubra el año termino el identikit de series geniales. Tardes de verano 07-08 viendo la serie con mi vieja.
    En cuanto a la moda…sumamente usable! Salvo por los tacasos……que feo señoras esas plataformas….
    Excelente, unos 10 minutos de pura acción y suspenso. Muy bueno para transpirar un poco más de los 35°.
    (Lo leo tarde por eso el comentario tardío).

  27. Luchino Says:

    Es excelente el final José, me encantan las escenas donde solo una persona queda viva.

    Yendonos a un extremo, la mejor de estas escenas esta en la obra Hamlet de un amigo: Willy (jajaja)

    Te ves al rato!

    Abrazo!

  28. José Playo Says:

    Sole: (creo que el apellido de Farrah se fue de ídem, porque yo tampoco lo recuerdo). Muy buena la historia vintage de tu familia. Me alegra saber que gustan estos relatos, a veces los tengo listos para subirlos y me corto porque no sé si caen medio pesados por lo largos..

    Luchino: ja, sos el típico exterminador literario. Willy tiene libros que no he leído nunca, no me da el mate, posta-posta. Abrazo.

  29. Luchino Says:

    Te tiro dos puntitas

    1 – Una notica de última hora, ya que estamos con el en persona…
    En Madrid vuelve al teatro Federico Luppi, hace de guia de un museo…

    2 – Nunca lei a Hamlet lo vi en el teatro, yo tampoco entenderia muchas cosas de Willy… Hace poco en Paris se hizo un festivel donde mas de 200 compañias de teatro interpretaban diferentes versiones de la obra y por ultimo…aunque usted no lo crea “El Rey Leon” es una recreacion (ADAPTADA) de Hamlet…

    Un Abrazo!

  30. ceci Says:

    José: Ahora que leo el comentario sobre Shakespeare, te cuento que Abel (para los que no lo sepan, mi marido) se compró las obras completas en su idioma original recopiladas en un solo libraco de casi 1450 páginas en letrita minúscula. Typical nerd jajaja.
    Claro, ahora me doy cuenta por qué anda necesitando otra cirugía de ojos para corregirle nuevamente su miopía.

    Yo francamente no me animo a zambullirme en semejante labor, carezco de paciencia, así que además lo admiro por eso.

    Saludos.

  31. José Playo Says:

    Luchino: mirá vos con lo del Rey León… Buenos datos, se agradece.

    ceci: qué locura que carga Silverback…
    Ah, se solicita vuestra presencia en el post de las citas cinematográficas, que Walterio tiró unas bombas terriblemente vintages.

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