Cómo ser un buen escritor

Necesitaba convertirme en un escritor y rápido.
Cuanto más rápido, mejor.
Entonces yo tenía una amante de medio tiempo, una chica delgada y huesuda, que disfrutaba de las relaciones sexuales no convencionales y se llamaba Paloma.
Buenos antebrazos, buenas mejillas.
Cuando sonreía de manera correcta (escondiendo el vacío de tres o cuatro piezas dentarias faltantes con su labio superior), hasta diría que no era del todo fea.
No estábamos enamorados, no.
Cómo ser un buen escritorElla era poeta, yo quería ser narrador; así que acordamos que éramos incompatibles para evitar las trampas del amor. Estábamos pasando por un buen momento y no queríamos arruinarlo con pavadas sentimentaloides. Todas las relaciones amorosas tienen su apogeo en los primeros meses, nosotros llevábamos cuatro sin interrupción y sin problemas.
Mi cabeza estaba ocupada casi en su totalidad por una novela que necesitaba bajar a papel con urgencia, pero no me sentía seguro para hacerlo. Tenía miedo, me daban temblores. Paloma, en cambio, garabateaba versos todo el día. Era una máquina de hacer versos. Después venía y me los mostraba, y se quedaba sentada en el suelo frente a mí, mordiéndose las uñas mientras yo leía.
—¿Te gusta? —me preguntaba cada vez que pasaba una hoja.
Una sola vez dije la verdad, pero eso empujó a Paloma hacia un pozo depresivo que me privó de su sonrisa incompleta por más de un mes.
En ese período tampoco pude aparearme con ella, así que mentía cada vez que me lo preguntaba.
—Me encantan, Paloma, son un elixir para nuestro desamor.

La idea de asistir al taller de Pachuco fue de ella.
Una amiga le había dado un panfleto rugoso (pidiéndonos con mucha insistencia que no se lo mostráramos a nadie) que decía: Pachuco Verón – Taller Intensivo de Escrituras. El papel tenía de un lado la foto de Pachuco, pero el tipo estaba de espaldas, así que no podíamos observar su cara. A mí me gusta ver las caras, hacer conjeturas sobre los rostros, pero tuve que conformarme con las orejas de Pachuco, una de las más grandes que yo hubiera visto jamás, que iban de punta a punta en el folletín.
—Tenemos que ir —dijo Paloma—. Con Pachuco vas a aprender todo lo que te hace falta para escribir tu novela. Además, mirá lo que dice acá: “Pachuco es famoso porque ha escrito muchas cosas y se niega a publicarlas. A lo largo de su carrera rechazó sistemáticamente las ofertas de las editoriales más grandes. El hombre es una leyenda”.
A mí me daba igual. Digo, me daba igual que fuera Pachuco-leyenda o cualquier otro. Yo necesitaba convertirme en un escritor y rápido.
—Parece muy exclusivo, pero vamos igual —dije.
—Cojamos un rato primero —sugirió ella.
E hicimos eso antes de ir.

Llegamos al edificio transpirados y jadeantes, con las piernas temblorosas.
En la puerta había un guardia de seguridad que nos detuvo con mala cara.
—¿Qué buscan?
—Venimos al taller de Pachuco-leyenda —expliqué.
Nombrar a nuestro futuro profesor, al parecer, abría puertas. Tomé nota mental de que eso era una buena señal.
En el ascensor íbamos solos, así que Paloma aprovechó para meterme las manos debajo del pantalón, una delante, otra detrás.
Me ardía mucho el pene, pero negarse a la voluntad de Paloma era golpear las puertas del infierno, así que no dije nada. De cualquier modo, tener una mano en el trasero sin decir ni mú era la historia de mi vida.
—¿De quién es este culito?
—Del dueño del departamento, a quien le debo tres meses de alquiler —contesté.
Una campanada suave y robótica nos anunció que habíamos llegado.
Paloma se alisó la remera, yo me acomodé el pantalón y entramos.

El departamento era un semipiso sin paredes, una gran oficina acondicionada como un aula de colegio primario. La impresión que tuve fue esa, de entrar otra vez a una escuela, de asfixiarme otra vez con el vaho de las tizas, de las gomas, de los lápices.
Un perfume espeso hecho a base de pedo, aserrín y humedad cubría las hileras de bancos.
—Poca gente —dije.
Paloma me guió hasta ocupar las sillas sobre uno de los laterales. A mí me hubiera gustado elegir una cerca de la puerta, por si había que salir de ahí. Siempre me gusta tener opciones de escape. Los lugares que no tienen perspectivas de escape son trampas terribles para el hombre de clase media.
—Acá vamos a estar bien —aseguró ella.
Siempre hago caso a la gente que asegura cosas.
La mayor parte de la concurrencia eran viejas. También había un tipo que tenía una cabeza ovalada, como si hubiera sido succionado por una ventosa gigante.
—Me estoy cagando —le dije a Paloma por lo bajo.
—Son los nervios. Siempre te ponés nervioso cuando vamos a lugares en los que hay más de dos personas.
—Quiero irme —agregué.
Pachuco-leyenda apareció frente a nosotros, así que perdí la oportunidad de escapar sin ser visto.
—Esperá —dijo ella—, estoy segura de que esto te va a gustar.

El tamaño de las orejas era todavía más impactante en vivo y en directo. Realmente eran dos apéndices exageradamente desmedidos, como si se tratara de una raza similar a la humana, con rasgos parecidos pero no iguales. De hecho la boca, también muy grande, y los ojos, redondos y muy abiertos, le conferían al rostro la expresión de un sapo aplastado por un camión en alguna ruta intergaláctica camino a La Tierra.
—Es horrible —dije.
—¿El qué?
—El tipo, el Pachuco, es lo más horrible que he visto en mi vida.
—Shhh.
Sin mediar palabras, la leyenda viva horripilante le pidió a una de las señoras de la primera fila que se pusiera de pie. Era una mujer gorda con un abrigo que imitaba la piel de un animal, llevaba un exceso burdo de maquillaje y de sus orejas pendían dos aros de color azulado. Pachuco la condujo hasta el pizarrón, hizo que se volviera hacia nosotros para que pudiéramos observar su rostro. La mujer levantó una mano y sonrió.
Quizá se disponía a saludarnos, pero lo que fuera que iba a hacer, se vio interrumpido por el cachetazo de Pachuco.
El sonido de la mano pesada azotando el pómulo, el flameo de las mejillas vencidas, el plástico entrechocamiento de la dentadura postiza, todo sonó muy fuerte. Nos quedamos paralizados.
—Este dolor no es nada comparado con el que sentirán cuando las grandes editoriales empiecen a limpiarse el culo con vuestros relatos —dijo Pachuco.
La mujer, sacudida y perturbada, intentó agacharse para recoger uno de sus aros, pero Pachuco la tomó por el pelo y la obligó a incorporarse otra vez.
—La primera regla acerca del Taller Intensivo de Escrituras es que ustedes no le cuentan a nadie acerca del Taller Intensivo de Escrituras —soltó el orejudo.
Yo miré a Paloma, estaba embelesada con las palabras, sonreía abiertamente, mostrando los huecos de sus dientes ausentes.
—La segunda regla acerca del Taller Intensivo de Escrituras es que USTEDES NO LE CUENTAN A NADIE ACERCA DEL TALLER INTENSIVO DE ESCRITURAS —dijo, e inmediatamente pateó el culo fofo de la señora, que trastabilló hasta volver a su silla.
—¡SÍ! —gritaron todos a coro.
Paloma también gritó.
Nuestro profesor, la leyenda viva que rechazaba las ofertas más jugosas de todas las editoriales, se paseó de una punta a la otra del salón.
El hombre de la cabeza ovalada se puso de pie y recogió sus papeles.
—¿Adónde vas? —lo increpó Pachuco.
El hombre no contestó y continuó juntando las lapiceras y un cuaderno. Pachuco dio un saltó y quedó de pie sobre uno de los bancos de la primera fila, levantó una pierna y ambos brazos y, al grito de “¡La Grulla Redactora!”, lanzó una patada voladora que dio de lleno en el mentón del cabezón. Yo había participado en alguna que otra pelea callejera, pero jamás había visto esto de La Grulla Redactora. Era un golpe perfecto, porque el cuerpo quedaba suspendido en el aire unos segundos antes de golpear con la pierna que servía de sostén. ¡Cuánta maestría había en esa maniobra!
Paloma aplaudió cuando el cabezón cayó aparatosamente hacia atrás, desparramándose entre los bancos.
Después de eso, obviamente, nadie se movió.
Yo miré a mi chica. Sus labios arremangados en una mueca extasiada desnudaban las encías filosas pornográficamente.
—Vos ya habías venido acá —le dije por lo bajo, al darme cuenta.
Ella se volvió para mirarme. En sus ojos brillaba una picardía maliciosa que me enterneció.
—Perdí los dientes en la primera charla el año pasado —se sinceró.
—¿Por qué? —pregunté— ¿Por qué no me dijiste?
Tan confundido estaba por la revelación que no vi a Pachuco.
Mi charla con Paloma se vio interrumpida por el carpetazo más violento que me hayan pegado jamás en la nariz. Por la magnitud del dolor que sentí, dudo; podría haberse tratado de un bibliorato o de una guía telefónica del conurbano bonaerense. Un impacto durísimo.
Pachuco, de pie a mi lado, me observaba.
—Veamos de qué estás hecho, escritorcillo —dijo.
Miré sus ojos enormes, sus orejas flácidas, dilatadas por vaya uno a saber cuántos tirones, su labio inferior rebosante de saliva.
Sentía como si toda la cara se me hubiera inflamado en una mueca torcida.
Paloma puso su mano sobre mi antebrazo y apretó con suavidad.
—¿Por qué viniste a mi clase, hijo de puta? —me preguntó nuestro mentor.
—Guiero zer esgridor —dije.
Paloma aplaudió entre risas y Pachuco se arremangó la camisa. Me esperaba un tratamiento intensivo, más duro que el de ningún otro.
—Io guiero zer esgridor… —repetí.

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40 comentarios to “Cómo ser un buen escritor”

  1. Gusa Says:

    Josë:
    Excelente. Feliz 2008

  2. Nico Says:

    Jajajaajja. Dos cosas: ¿es suavecita? y ¿es una versión literaria del club de la pelea? Como sea, muy divertido. Incluso, el adefesio ese tiene razón, no hay trompadón más fuerte que las editoriales diciendo que lo que escribis es basura.

  3. Eli Says:

    uf no consigo quien me acompañe mañana a la presentación, si mi novio no puede, no me quedará otra, ¡iré sola!….(¡no me gusta salir sola!)

  4. vic Says:

    y ese “taller intensivo de escrituras” ¿se dicta en…?

    (Pachuco, pegame y decime Coelho!!!)

  5. DARIO Says:

    JAJAJAJAJAJAJA……

    Esselente.

  6. gaby Says:

    “la grulla redactora” jajajajajaja…. muy buenooo, esto es talento.. Un abrazo

  7. matias Says:

    Cuando leí lo del culo y el dueño del departamento, justo estaba atendiendo un paciente… y lo de la guía de telefonos….

    Muy bueno!!

    La cara de sorpresa de ese señor ante mi risa pagó todo el embole de haberme tragado las navidades aca adentro.

    Excelente, José.

  8. Viejo Says:

    será pariente de Tyler Durden?

    otra cosa, me llamó la atención el comentario de la mina: “—Cojamos un rato primero —sugirió ella.”, se puede coger un rato o directamente se coge?

    Abrazo joseph!

  9. gaby Says:

    creo que directamente se coje un rato… un rato, me parece que fue como quien no quiere la cosa, hasta me la iomagino con cara de vaca mirando la via….

  10. Aztton Says:

    Fui el único al que la frase “cojamos un rato” se imaginó a un ratón macho siendo violado?….que mal que estoy por Dio !

  11. "el que sigue" Says:

    Que locura! ajajajajaja. Muy buena metafora dentro de toda esta incoherencia y ojo! no lo digo por el cuento.Lo digo por la vida.

    Me auto-cito (como la chiqui, ¡que maestro!):

    “Deja la incohoerencia para los coherentes”

  12. Dr. CroW Says:

    La concha de la lora, creo que es lo mejor que he leído de vos (a mi criterio).
    José, sos un grande.
    Te deseo un feliz 2008, y que el nuevo año venga con algún libraco bajo el brazo.

  13. BoyCordoba Says:

    Jaaaa, la verdad que me has alegrado la tarde. Chasgracias.

  14. Bonifacio Flores Says:

    Ha sido un placer.

  15. Negro Says:

    Me alegraste el día con eso de “¿De quién es este culito?”

    Un saludo y felices fiestas…

  16. raquel ferrari Says:

    “La venganza será terrible”…Moraleja: nunca le digas a una mujer loq ue sabes que no quire oír….
    A proposito creo que mi culo tb es del mismo señor que el tuyo…..:-)
    Buen 2008

  17. elrober Says:

    Un maestro ese Pachuco, casi como el profe de Carpe Diem (Robin Williams)pero con métodos un poco más extremos por cierto. Seguro que ser escritor debe doler como la puta madre, por eso hay tan pocos(buenos)

  18. el propietario Says:

    Holaaaa!!!!! leí por acá que andan dando vuelta unos culos !!! Vengo a cobrar una deuda!!!!!

  19. lucas Says:

    Pachuco me llegaa tocar y me lo cojo, mal.

    Saludos y felices fietas para todos/as

  20. juan12343 Says:

    la veo y me la cojo me cae de madres

  21. moscarey Says:

    “—¿De quién es este culito?
    —Del dueño del departamento, a quien le debo tres meses de alquiler —contesté.”

    Sos excelente José, es muy muy bueno, me encanta leer cosas así. Ahora entiendo por que escribís tan bien, después de ese curso, si algo de lo que escribiste no te gusta te auto cagas a trompadas vos mismo. Un abrazo!

  22. nt Says:

    tss ! tss ! no te dejes pegar, que estamos en época de ¿paz? jaja

  23. tapi Says:

    “La letra con sangre entra” dice el dicho. Excelente método de aprendizaje.
    Feliz 2008 para todos!

  24. nel Says:

    Guuuaaaaauuuuuuuuuuuuu si para aprender a escribir tengo que ser torturada por un imbecil que se cree genio, prefiero seguir escribiendo como salga y que lea el que tenga ganas, igual el erotismo de la palabra, sigue siendo para mi, como lo pudieran ser otros placeres.
    Muy bueno José. Que tengas un muy buen 2008. Cariños

  25. La Lau Says:

    Como estamos en epoca de balances del año, creo que lo mejor que hice este año es suscribirme a tu blog. ME ENCANTA!!!!
    Ahora, para los que quieren saber (que sern muy pocos, seguro)
    1- He cogido un rato varias veces, y no lo he hecho con cara de vaca mirando la vía.
    2- A mi culo lo perdí hace tres años en una partida de truco.
    3- Paloma no se levantaría tipos para llevarlos al taller??? ¿¿¿No tendría algo que ver con Pachuco???
    Nos vemos esta noche….

  26. Tomasini Maria Says:

    Sr. Playo se supero, es uno de sus mejores cuentos.

  27. Diego C. Says:

    Touché de Playo!!!

    Saludos, pasaré a visitarlos!

  28. Santiago Mansilla Says:

    genial genial

  29. www.planetalibro.com.ar Says:

    Como ser un buen escritor

    Este post fue agregado a planetalibro.com.ar/noticias para votarlo. Votalo!

  30. ceci Says:

    Ay José todavía me estoy riendo con el cuento. Me has hecho morir de risa con Pachuco y la patada voladora. Jajajajaja.

    Besos a todos por allá.

  31. Lore Says:

    excelentisimo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

  32. hipogrifos Says:

    ja ja ja , que pasta de escritor que tienes, escribe así unas 200 hojas y superas a mas del 50% de los imbéciles cuyos nombres están en portadas con nombres que a nadie le interesa leer. Un honor entonces tenerte linkeado… suerte el 2008!!!

    “Siempre hago caso a la gente que asegura cosas.” esa frase esta de lujo

  33. Juancho Says:

    https://revistapeinate.wordpress.com/2007/11/18/28-tapas-de-discos-horribles/#comment-5891

    Salutes

  34. Lucila Says:

    Yo quiero que siga el cuento…

  35. Natushka Says:

    “—La primera regla acerca del Taller Intensivo de Escrituras es que ustedes no le cuentan a nadie acerca del Taller Intensivo de Escrituras —soltó el orejudo.”
    Mortal, señor, lo aplaudo de pie y riendo a carcajadas.

  36. grillito Says:

    si no es el mejor cuento tuyo, posta que está en el top 5…
    una vez más: sos grosssssso
    gracias! besossssss

  37. José Playo Says:

    grillito: gracias por recordarme que tengo que contestar los comentarios de este post, me había olvidado 😛

  38. juanjo Says:

    En diciembre, de casualidad “encontrè ” tu libro en el living de mi casa, el titulo y el dibujo de tapa llamo mi atencion, el primer renglon fue fundamental, me reì como loco, he leido de “el” todo lo que pude por que mi cuñada,(la dueña del libro) se volviò a cordoba y lo llevò, no sin antes recomendarme tu sitio, que esta bueno pero es insuficiente.Loco arbritren los medios para que llegue a mi provincia.
    juanjo de santiago del estero

  39. José Playo Says:

    juanjo: qué lindo este mensaje que me dejás, loco. Mirá lo que son las cosas. Aguante Santiago, gracias por leer el libro y tomarte esta molestia.
    Va un abrazo grande, macho.

    José.

  40. hola Says:

    como es posible… es exageradamente grotesco y vulgar, jajajaa no te cras buena novela.

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