El condenado

Empezó cuando estábamos en el patio, aguardando frente a una bolsa repleta de armas primitivas.
Querían confundirnos con la posibilidad de una victoria, evidentemente.
Un viejo que estaba junto a mí fue el primero en darse cuenta:
—No confiés en esas armas —me dijo.
Le respondí con un fuerte golpe en el mentón. Cayó al piso como una torre de naipes desmoronada.
—¡Un agitador! —grité mientras lo señalaba.
Otro condenado se alejó unos pasos de mí, temeroso. Era bueno que me temieran. Era lo mejor. Que supieran que yo era ruin, despiadado, peligroso.
Nuestros guardias, unos brutales tokbors de armadura gris, se acercaron hasta el viejo y agujerearon su cuerpo con lanzas.
Todavía gemía moribundo cuando el soldado de mayor rango se acercó hasta mí para hablarme:
—Andando —dijo con aliento fétido.
Uno detrás del otro, nos condujeron al interior del edificio.
Los condenados formábamos una hilera lastimosa que se internaba en un pasillo largo y maloliente. A los costados, en lugar de paredes, había rejas por las que asomaban antebrazos brutales.
Yo iba tercero en la fila, delante de mí había un gigante albino y, a la cabeza de nuestro patíbulo, un hermafrodita Sinx, alto y fibroso, de larga cabellera roja que aquellas manos brutales se empeñaban en alcanzar.
“La carne de los Sinx sabe como ninguna”, dice el proverbio.
El gigante albino lloriqueaba; el hermafrodita Sinx, no.

Las criaturas detrás de las rejas nos llamaban, pero los guardias tokbors golpeaban con el mango de sus lanzas nuestras cabezas si nos volvíamos a mirar, o gruñían, y así los brazos volvían a esconderse.
—Te veo en La Arena —gritó alguien desde esas sombras.
Miré entre los barrotes y adiviné una cara extraña, pétrea, sin emociones.
La máscaras de la muerte, la más versátil, la más original.
Tenía que pensar en algo y rápido, apenas si quedaban unos cien metros antes del final del recorrido, donde una puerta muy iluminaba nos aguardaba.
Uno de los tokbors que nos escoltaba pasó a mi lado. Su lanza todavía goteaba la sangre del hombre del patio que yo mismo delaté. Con prisa improvisé un cálculo y aproveché entonces la oportunidad, empujando con todas mis fuerzas su cuerpo robusto. Eso bastó para que perdiera el equilibrio y fuera a dar contra las rejas. Apenas su espalda golpeó los barrotes, florecieron a su alrededor cientos de brazos que lo inmovilizaron.
Los tokbors son grandes y fuertes, sí, pero eran muchas manos, y mientras las uñas mugrientas se hundían en los cuencos de los ojos del guardia, o le jalaban con brutalidad los cabellos, nuestra fila se rompió, presa del pánico.
El pasillo entero se convirtió en un caos y de nada sirvió que los demás tokbors que nos escoltaban intentaran apaciguarnos, sus lanzas chocaban contra las paredes y los techos, pero rara vez nos alcanzaban a los condenados.
Yo corrí hacia la puerta saltando los cuerpos caídos. Afuera estaba La Arena, la posibilidad mínima de una salvación.
Fui el primero en emerger del pasillo de sombras hacia la luz, donde me encontré envuelto en un rugido atronador que hizo temblar el suelo. Aturdido, levanté la vista para observar a una muchedumbre de todas las razas que, excitada, clamaba por mi sangre; distinguí las longilíneas orejas de los Braxuas, las escamosas pieles de los Mirináies, las alas de los Krambras. De todos los confines del mundo habían venido para vernos morir.
Conmocionado, y al poco de haber caminado algunos pasos, tropecé y caí.
Todavía estaba en el suelo cuando me percaté del silencio creciente que se multiplicaba acallando las gargantas de las gradas. Levanté la vista y observé el púlpito mayor, donde el Rey Aantha se había puesto de pie y me señalaba.
—Que los demás condenados esperen —ordenó.
Y los tokbors que venían persiguiéndome por el pasillo se detuvieron y bloquearon el lugar por donde había salido, para evitar que salieran más prisioneros.
Entre aquellas piernas enormes y rollizas alcancé a ver la cabeza del gigante albino que yacía en el piso. Estaba muerto. Y estaba seguro de que el hermafrodita Sinx también lo estaría.
El cuerpo de Aantha, El Rey, era imponente y su sombra se adentraba en La Arena casi hasta mis pies.
—Pelea por tu vida, esclavo —fue su orden.
Y los gritos estallaron de nuevo, al tiempo que la gran reja que daba a los Fosos de la Pavura se abría.
Justo cuando la hambrienta bestia Nmual salía enseñándome los dientes, desperté.
Había sido un mal sueño.
Sentado en mi cama, descubrí con alivio que yo no era ningún condenado, que no estaba en La Arena sino en mi cama, y que aquello era imposible: yo era Aantha, el gran Rey.
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15 comentarios to “El condenado”

  1. José Playo Says:

    Esto fue parte de un proyecto que al final no salió. Si hay buenas propuestas de dibujantes que se animen a ilustrarlo, republico el post con las ilustraciones.

    Buenas noches.

  2. moscarey Says:

    jajaj que groso José, yo una vez soñe que fotografiaba a Hitler. A ver… http://moscarey.wordpress.com/2007/07/15/fiebre/ por si tenes tiempo al pedo. Tenia fiebre y soñe eso, lo adapte en un posteo. A veces esta bueno, vos soñaste eso de verdad José? ¿Estabas muy drogado? decime la verdad, ya somos grandes, no nos vamos a mentir entre nosotros. Un saludo, gracias por tu posteo. Suerte.

  3. Dr. CroW Says:

    Final con doble giro😛
    Muy bueno, me hiciste acordar de la literatura de fantasía y ciencia ficción que me acompañó toda mi infancia / adolescencia.

  4. Ale R. Says:

    Muy buen post, José.

    Coincido con Dr. Crow en que me trajo reminiscencias de la literatura que leí mucho durante la última parte de la infancia y temprana adolescencia. Lástima lo del dibujante fugado, no?? Estaría bárbaro verlo en un comic.

    Saludos…

  5. José Playo Says:

    moscarey: la fiebre te hace bien, parece, me gustó la idea de fotografiar a Hitler, me hizo pensar un montón de cosas. Lo mío no fue un sueño, es un relato sobre alguien que sueña que es una persona que no es, para soñar algo así -estoy de acuerdo con vos- debería fumar alfalfa enrollada en hojas Rivadavia (cuando menos), mis sueños son bastante raros, pero no tienen coherencia, envidio muchísimo a la gente que sueña historias con argumentos que cierran. Tenía un amigo que hasta podía continuar un sueño habiéndose despertado. Cosa rara.
    Abrazo.

    Doc: es un homenaje a las primeras lecturas, claro, tal y como charlábamos los otros días, mientras apurábamos las primeras botellas. Muchos de nosotros (cuando no había Terminator ni GH, ni cosas tan locas como internet) nos refugiábamos en la fantasía del comic, y lo disfrutábamos tanto…

    Ale R.: totalmente, Ale; es una mezcla de odisea Nippur con pinceladas de Gilgamesh, con algo de Or-Grund, con un tanto de
    DAX, con una pizca de Dago, con algo de…
    Ay, se extrañan tanto
    Por suerte, cada tanto aparece algún comentarista por acá y nos recuerda personajes fantásticos.
    Yo tuve una revista en la que Nippur y Gilgamesh se cruzaban, después un lector fanático me mandó en pdf algunos capítulos y los borré equivocadamente, tengo que regresar al Emule a buscar más.

  6. Pablo Giordano Says:

    Ta bueno. El comienzo es brutal. Me hizo acordar a cuando era chico y leía Nippur, Dartagnan, etc…

  7. Pablo Giordano Says:

    Ah, qué boludo. No leí los otros comentarios. Ya lo había dicho.

  8. "el que sigue" Says:

    Tuvo bueno. Es un poco verdad lo de la critica del final. Aunque quizas dandole una vuelta más antes o después a la historia del rey capaz que… no se que hago tirando consejos de este tipo. EStoy soñando?

    Buno, con respecto a los sueños. Yo soy el dream Master (je). Es verdad que perdí la mayoría de mis poderes. Pero estan ahi. Debes en cuando los vuelvo a recuperar en algun fin de semana al pedo, o de vacaciones.
    Para mi soñar era un juego. A veces soñaba lo que planeaba soñar de antemano. También al igual que tu amigo. Me despertaba varias veces y me volvía a acostar continuando la historia ( a veces con giros muy raros). Entre períodos laaargos de tiempo volvía a soñar lo mismo y ya sabía como reacciónar a cada obstaculo. Y eso era porque… y esta es la mejor parte: Casi Siempre Me Daba Cuenta Que Estaba Soñando y entonces manejaba muchos hilos. No conozco muchas personas que puedan hacer esto. Es muuuy divertido.
    Por ejemplo: de golpe eestoy jugando al futbol con un playmovil… entonces pensaba “naaaaaaaa! esto es un sueño”. Razón por la cual me relajaba y lo difrutaba de maneras varias.
    En la mayoría de los casos me dedicaba a volar, que me encanta, asi como si nadara en el aire. A veces tambien podía luchar contra el destino cruel de alguna pesadilla, pero lo mejor vino cuando era puber. Conoces sel sexo virtual? Lo invente yo.

  9. José Playo Says:

    Pablo Giordano: jeje.

    elque: ¡vos sos un superhéroe!

  10. ILU p Says:

    “O.o” (todavia no se q mierda significa pero los msneanos lo usan cuando se asombran creo)

    Playo, es cierto, lo de la persona q se despierta esta re quemado… pero mas lo del q se despierta y encuantra una prueba fisica de q su sueño HABIA SIDO VERDAD! como un cuanto q escribi a los 10, q termino siendo un plagio sin querer…

    Je, je si yo supiea dibujar, igual no serviria porq mi imaginacion se limito a reproducir presonajes pre existentes, quiza alguno de la guerra de las galaxias, aunq no haya visto ninguna

    (y no pude evitar imaginarlo a russel… bombonazo!)

    buen relato PLAIO
    y sigo…

  11. José Playo Says:

    ILU: no hay que desestimar la importancia de los primeros relatos, yo todavía me lamento por haberme desprendido de un cuaderno verde que tenía con un montón de historias ilustradas por mí (horribles las historias y las ilustraciones, pero eran mías).
    Tiene algo de Star Wars también, es cierto.
    Abrazo.

  12. raulo Says:

    estaba por decir eso, no se porque se me viene jabba the hut y la princesa leia a la cabeza, y cuando nombraste a los guardias tokbors automaticamente los imagine como los guardias cabeza de jabali de star wars.

  13. elrober Says:

    Ya se que no te gusta que pongan todo el vínculo, pero desde la vieja Peinate que tenía las indicaciones, no conozco otra manera que ésta

  14. José Playo Says:

    raulo: ja, yo me los imaginaba más como a los bichos del Señor de los Anillos.

    rober: un error lo comete cualquiera😉

  15. grillito Says:

    quemadísmo… pero mas quemado hubiese sido si eras vos, o sea, josé..
    digo… que se yo… igual, me gustó. taría bueno verlo con ilustración, `cha que lo tiró a tu dibujante..
    besos

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