Alegoría del Kumball (cap. 1)

alegor�a del kumballNo lo supe en ese momento, pero al día siguiente Gadda estaría muerto.
Fue el último en acostarse en una cama frente a la mía, del otro lado de la habitación.
El refugio era grande y los ronquidos de Bernard y Von Freist acribillaban el aire. Mi amigo Gadda, apoyando la espalda en la pared, canturreaba una canción de cuna rumana mientras revisaba la mochila. Entre nosotros, sobre el piso, una vela chisporroteaba. El lugar tenía techos altos y ventanas en todas las paredes. La que había junto a mi cama era la más grande, y enmarcaba un paisaje alpino profundo y lechoso bajo la luna que trepaba entre las estrellas derramando su brillo azulado.
Adentro, entre las camas, el débil fulgor del candil en el piso proyectaba una sombra detrás de Gadda, una réplica suya regordeta que oscilaba caprichosa parodiando la curva de sus hombros, los mechones de cabello sucio en su cabeza.
Estaba empezando a adormecerme cuando le oí decir:
Toudo ecstá listou.
—Gadda, intenta dormir un poco, nos espera un día difícil mañana —murmuré.
Antes de que mi cabeza se desplomara en la almohada y los ojos se me cerraran, vi que contemplaba los árboles y las montañas a través del ventanal junto a mi cama.
Es una nouche herrrrmosa —fue lo última que este mundo y yo le oímos decir.

alegor�a del kumballMe despertó el estallido. No recuerdo con qué estaba soñando, pero sí que mientras me incorporaba, todavía dudaba de si lo que veía era parte de mi sueño interrumpido. Apoyado sobre mis manos, noté que toda la cama había quedado regada de trozos de vidrio, y que lo que había atravesado la ventana estaba ahora sobre la cama frente a al mía, con los colmillos clavados en el cuello de mi amigo. Advertí que los brazos de Gadda pendían exangües a los costados y que sus ojos muertos habían perdido el timón, paseándose erráticos por las vigas del techo.
Hice a un lado las sábanas y salté de la cama intentando llegar a él, pero Von Freist, que ya no roncaba, me cortó el paso.
—¡Es un Kumball! —me gritó—. ¡No te acerques, no hay nada que podamos hacer!
Junto a la cama de Gadda, el francés Bernard permanecía con la sábana debajo de la nariz, observando con los ojos espantados cómo la criatura de pelaje negro destrozaba la carne de nuestro compañero.
Von Freist le gritó a él también para que se alejara, pero el francés estaba paralizado.
—Tenemos que salir de aquí —me dijo.
Cuando la cabeza de Gadda se ladeó en un ángulo imposible, comprendí que no había nada más por hacer. Ahora sólo quedábamos Bernard, Von Freist, la bestia Kumball y yo.
El animal de pronto se detuvo y se volvió de un salto. Los muelles de la cama rechinaron por el peso. Lo más impactante era su tamaño, sin dudas. No había visto jamás una bestia semejante; un pelaje renegrido y fétido, ojos verdes y pequeños que auscultaban con inteligencia felina, la dentadura afilada y despareja teñida de sangre.
La criatura gruñó y echó la cabeza hacia delante, desafiándonos. Lo que quedaba de Gadda yacía sobre un charco oscuro de sangre entre las sábanas.
Von Freist corrió instintivamente hacia la puerta, y el Kumball saltó hacia él. Bernard seguía sin moverse, aterrorizado.
En ese momento comprendí que si no salía de ahí, correría la misma suerte de mi amigo, por lo que tomé la mochila y comencé a trepar para saltar por la ventana. Me volví justo a tiempo para ver al Kumball clavando las garras en los costados de Von Freist. Parecía una lucha desigual entre un niño y un monstruo. Las manos de mi compañero se agitaban intentando llegar al pomo de la puerta, pero el esfuerzo era inútil. Lo último que vi fue la silueta inmensa del Kumball cerniéndose sobre el cuerpo de Von Freist que se encogía hacia el suelo.
Ni me molesté en llamar a Bernard: su suerte también estaba echada.

Caí de costado sobre unos matorrales espinosos, hincándome los brazos y las piernas. Recogí la mochila y corrí sin mirar atrás hacia los pinos donde habíamos atado los caballos. Nuestros animales relinchaban enloquecidos, parándose en las patas traseras.
Intentaba desatar el mío cuando escuché los alaridos que provenían del refugio. Por esas cosas del azar, la vela no se había apagado cuando el Kumball pasó sobre ella, ni se había apagado ahora que volvía a sortearla mientras se dirigía hacia la cama de Bernard, habiendo dado cuenta de Von Freist.
Vi pasar al animal y tuve tiempo de entender que los gritos sonaban así porque Bernard todavía tenía la sábana de la cara, como un niño empecinado en negar la realidad infernal que lo abrumaba.
Volvía concentrarme en las riendas y por fin pude soltar al caballo. No sé cómo logré hacerlo, porque los dedos me temblaban y se enredaban entre sí con torpeza. La sensación que me recorría el cuerpo no era de temor, sino de un miedo atroz y primario que me atenazaba el corazón y me repiqueteaba en los oídos. Estaba casi paralizado por el terror, y comprendía perfectamente lo sucedido con Bernard: si no se salvó fue porque este mismo pánico lo había asaltado en la cama que, quiso el azar, quedara en el rincón. Yo me había salvado, lo sabía, por estar junto a la ventana.
Trepé con prisa, sin molestarme en poner la montura; ensillar el caballo hubiera significado morir ahí, entre el estiércol y el barro.
Sujeté las crines grasosas y hundí ambos talones en los flancos con violencia.
Salimos disparados en una carrera enloquecida hacia el vientre de la noche.

(continuará).

20 comentarios to “Alegoría del Kumball (cap. 1)”

  1. leandro Says:

    Muy muy grosa pero por que dejas con la intriga es como un polvo sin orgasmo. Saludos Leandro

  2. grillito Says:

    bueníiiisimo… ahora a esperar la proxima entrega.
    besos!

  3. "el que sigue" Says:

    ok, yo tambien lo dejo en “el que sigue” que tambien me suena lindo asi.
    Que leerte en este estilo, me desubico un poco. Me gustó. Sinceramente no me convenció mucho la descripción del miedo, terror, temor, etc. Pero me gusto. Siempre me gusta como encaras los principios. tenes una facilidad para sumergir al lector (el recurso que usas es muy efectivo, por lo menos en mi).

  4. Tapi Says:

    Porque a pesar de “sentir un miedo atroz” el protagonista, tuvo la sangre fría como para tomar su mochila y luego recién saltar por la ventana??
    Que cosa tan valiosa contenía esa mochila??
    Que quiso decir Gadda cuando dijo “Toudo ecstá listou” ?? A que se refería?? Eh??
    No se pierdan el próximo capítulo¡¡¡¡

  5. Sabri Says:

    Guau José!… Que cuentazo!! Quiero leer lo que sigue! No paré de imaginar cada cosa relatada!
    Obvio…: Me encantó!
    Besos!

  6. Nevermind85 Says:

    Coincido con “el que sigue” (que asumo es Cristian); me desubicó un poco leerte en este estilo, pero no está nada mal, me atrapo, me intrigó y hasta me hizo leerlo casi sin respirar para sumergirme con mayor facilidad…

    Pero también coincido con leandro, que lo dejes colgando a la mitad es como la milanesa sin las papas fritas.

  7. ceci Says:

    Muy bueno José, y dejaste sembrada la intriga para el continuará…

  8. Pablo Giordano Says:

    Está bueno. Guarda con la adjetivación: “un paisaje alpino profundo y lechoso bajo la luna que trepaba entre las estrellas derramando su brillo azulado”

  9. General Electric Says:

    Llegue hasta aqui desde lo de Casciari. Buen texto. Lo estare siguiendo

    saludos

  10. katia Says:

    superb, dear, superb…

  11. Camilo Says:

    Mierda!
    Menos mal que era un texto corto, porque no respiré en todo el trecho.
    Ahora, si lo tenés listo, deja de hacerte el intrigante porque te vamos a cagar a trompadas… perdón, pero me salió el Kumball de adentro.
    Si no lo tenés confesaaaaaaaaa!

  12. José Playo Says:

    leandro: estás más afilado que Sábato con las metáforas, muy bueno. Ya vendrá la parte dos.

    grillito: gracias y besos.

    elque: gracias, es muy buena la crítica, porque es de piel, me gusta. Y sí, yo también me sentí raro escribiéndolo así, veremos cómo sale la segunda vuelta. Con lo de los principios, me confieso fanántico de los comienzos. Soy tan fanático que (mal, ya sé) descarto los libros por la primera frase con la que empiezan. Abrazo.

    Tapi: intrigas, enigmas, bien resumido.

    Sabri: gracias. Yo las tenía también muy gráficas en la cabeza, será por eso que salió como salió.

    never: yo también me sentí raro escribiéndolo así. Tal vez me influyó la discusión anterior acerca de la forma de leer y escribir, no sé. Lo de cortarlo a la mitad tiene que ver con una cuestión de medida y otra de ensayo. Como para ver qué tal…

    ceci: ídem never y gracias igual.

    Pablo: gracias y sí, bien apuntado, lo tendré en cuenta, eso me pasa por no releer tanto como solía hacer cuando estaba menos apurado. Muchas gracias.

    General: gracias y es un honor, espero que se sienta a gusto. Saludos.

    Katia: grachie.

    Camilo: menos mal que no puse entonces el capítulo uno y dos pegados, te nos ibas al tacho, chango. Tengo la segunda parte. Y de ahí en más…

  13. El Dogo Says:

    Excelente el texto che!. Por favor, no vayas a dejarlo así, eh?.
    Me quedé enganchado uno de la versión anterior de peinate web y nunca pude leer el final. Era de un tipo al que le daban una carta en la calle, sueño noche de por medio con posibles finales (tendrías que pagar media tarifa de mi analista).

  14. Lucas Gilardone Says:

    Estupendo, estupendo, estupendo, estupendo.

  15. Camilo Says:

    Postealoooo…
    No me hagas enojar.
    Mirá que mañana no laburo, eh? Mirá que salgo a vagar por las calles de Córdoba hasta que de con vos.
    Tarde o temprano te voy a encontrar…

  16. José Playo Says:

    Dogo: vos sabés que estuve leyendo la segunda parte y me pareció una bosta. Tengo que replanteármelo un poco más. Todavía no está listo. Lo mimso me pasó con lo de la versión anterior. No sé, tengo complejos de novelas interruptas.

    Lucas: gracias.

    Camilo: sigue esperando la llegada del idiota.

  17. Camilo Says:

    Entre las costllas.
    Directo al corazón!
    Touche!

  18. José Playo Says:

    Camilo: no, si cuando yo apunto a la cabeza, a la cabeza le doy, ¿eh?

  19. Poulette Says:

    ¿¡¿¡Continuará?!?! Te odio, José. =)

  20. José Playo Says:

    Poulette: tengo la parte dos, pero no me gusta, la estoy retocando.

Los comentarios están cerrados.


A %d blogueros les gusta esto: