Acerca de las empanadas

machos eran los de antesRaúl Lavié no se comería esta empanada. No es boludo.
Sopeso la masa amarilla y brillante, absorto ante la indignidad de estos tonos que representan fieles el color de la acidez. El repulgue es una corona de pequeños dedos atrofiados y pegajosos que se aferran a la servilleta para proteger la herida marrón de carbonada, donde refulge un amasijo de tendones y grasa.
Cacho Castaña tampoco se comería esta empanada, es menos boludo que Lavié.
En realidad, ni Atila tendría huevos para meterse esto en el buche.
Doy otro bocado y me zampo un sorbo de Coca burbujeante y dulzona. La pasta baja por mi garganta y retumba al llegar a mis entrañas.
Me enderezo en la silla y eructo.
He perdido mis habilidades.
Antes podía decir con un eructo “lo esencial es invisible a los ojos”.
Antes podía cantar como Elvis, como Paul Simon, como Johnny Cash. Les sacaba el tono igualito y me sabía de memoria todas sus letras.
Antes yo era de los que ponían “excelente dominio del inglés” en los currículums sin que me temblara la pera. Podía tener una entrevista laboral en inglés sin amilanarme y te aseguro que al empleador lo dejaba sentado de culo a la segunda respuesta.
Eso era antes.
Hasta hace poco laburé grabando voces para dibujos animados, pero no han vuelto a llamarme. Intuyo que saben que estoy mudo, que ya no puedo hacer imitaciones, falsear la voz como hacía antes.
Ahora ya no tengo ni memoria. Soy una geografía de lagunas estúpidas, dudas inverosímiles, propias de quien padece un alzheimer prematuro, o una intoxicación por empanadas radioactivas.
Intento cantar y me sale un graznido ininteligible, en un inglés jeringozo que no sirve para nada.
Ya no puedo ni hablar ni cantar en inglés.
Atrás quedaron las noches en las que veía las películas sin subtítulos, o escuchaba una canción y me maravillaba con las letras.
Ahora pongo mis discos favoritos y estos hijos de puta cantan en ruso.
Vuelvo a mi empanada.
De un bocado destrozo los deditos deformes mientras presto atención a la letra de una canción de Massive Attack. No entiendo un carajo. Antes podía transcribir todo esto sin problemas, y ahora no sé qué dice este anglosajón de mierda. ¿Qué habla?
Para tranquilizarme pienso en otra cosa. En mi amigo gay a quien le regalamos un cd grabado y le escribimos “Passive Attack” en la carátula.
Pensar en otra cosa me distrae y me hace olvidar mis imposibilidades; así puedo terminar con la puta empanada y reclinarme en la silla.
Me siento una olla a presión que burbujea un padecimiento de senilidad y gastritis.
La caja de las empanadas dice “El Rey del Repulgue”.
Me duele la barriga. Soy un bullicio de jugos digestivos y carbonada picante.
Un buen nombre para una fábrica de empandas picantes debería ser “Te Espero a la Salida”.

4 comentarios to “Acerca de las empanadas”

  1. nene de antes Says:

    La vez pasada posteaste eso y me acordé de un comentario que se hizo respecto a las empanadas de mi abuela (jujeñas, más picantes que el ocote):

    “Pican cuando entran y pican cuando salen…”

  2. mafix Says:

    aaaaa..que asquito! con lo que me gustan las empanadas que hago yo!! hago la masa y todo!! ahora no voy a poder evitar pensarlas con ese toque humanoide que le diste…no te metas con las empanadas!!

  3. José Playo Says:

    nene: de ahí el “te espero a la salida”. La clásica y nunca bien ponderada “picazón reversible”.

    mafix: las únicas empanadas que me gustan son las criollas de mi suegra y las árabes de una tía árabe que vive en el campo. INCREÍBLES. Yo respeto a las empanadas, pero siempre pido el currículum antes de comerlas.

  4. nene de antes Says:

    “picazón reversible”, te fuiste al carajo, jajaja….!
    ojo, que las de mi abuela vienen señaladas eh?
    es como que las “curriculumea” antes de ponerlas en la bandeja, les hace una marquita, o el repulgue más aplastado, para que se sepan cuáles son las empanadas para los valientes…

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