Los Premios

yo lectorA principio de los noventa publiqué por primera vez.
Fue en un concurso literario nacional (¿?) organizado por una editorial de Buenos Aires, que proponían una edición conjunta, una selección de autores que, pagando, se autobombeaban.
Mandé lo que en aquél entonces me pareció que era lo mejor que tenía.
Pensaba que los escritores eran necesariamente poetas que miraban mucho la luna con cara de imbéciles, elucubrando sobre el sexo (netamente masturbatorio entonces) y el amor, seres empantanados en lugares comunes de los cuales extraían versos difíciles y estúpidos.
Seleccioné 2 poesías e hice un giro postal de $150. A las pocas semanas me devolvieron diez libros con una portada horrorosa.
Muchos amigos empezaron así.
Los primeros pasos no son siempre dignos. Y los que tenemos fijaciones, bueno, escarmentamos lento: segundo libro conjunto con otro grupo de Buenos Aires al año siguiente. Esta vez fue un giro postal de $80 para que me devolvieran diez libros más feos que los anteriores.
Hubo presentación en el Cabildo y todo. Esa tarde dejé de usar la palabra “escritor” para nombrar a cualquiera. Varado en un salón que hedía a perfume de ropero, rodeado por una legión de abrigos de pieles sintéticas, de sonrisas extasiadas con labios excedidos en rush y migas, soporté los codazos de mi hermano que se desternillaba. Un tipo empezó a leer frente a un micrófono, entonces me levanté y me fui, llevándome la poca dignidad que me quedaba.
Salí de ahí repitiéndome “no voy a volver a escribir, esto se terminó”.
Hoy decí vos que han cambiado algunas cosas.
Los concursos literarios, mal que nos pese a quienes ya no tenemos huevos para participar, se siguen celebrando, y los libros conjuntos se siguen editando.
A pesar de que hay algunas cosas que no son de mi agrado (los talleres literarios por ejemplo, o los tipos que de buenas a primeras se reciben solos de “escritores” sin que nadie los lea), pienso que todo lo que sirva para fomentar el crecimiento, es justo y necesario.
Esta actividad -a mi entender- conlleva una responsabilidad que yo defiendo a muerte: hacer que el mayor número posible de gente se enamore de lo escrito, de los libros.
Ése, me parece, es el rol esencial de los que escriben, porque si descubro un libro/autor, creo yo, descubro a todos los libros/autores.
Todos los fuegos el fuego. Dame, dame fuego.
Está bien, podemos discutir sobre calidad. De libros, autores y concursos. Podemos erigirnos en críticos despóticos y decidir quiénes tienen derecho a ocupar las estanterías y quiénes las mesas de saldo.
Nada de eso importa si hay idilio, porque con la pasión, esta relación de calentura entre autor/lector estará a salvo.
Sigo creyendo que todo hace al mismo propósito: enamorarse.
Me queda ese vicio de adolescente que escribe tocándose la entrepierna con la cara vuelta hacia la luna.
Si hay un autor que desde su lugar se encuentra con un determinado público y ambos se encaraman en una aventura, a eso hay que respetarlo.
Yo aliento a quienes escriben. Lo hago disfrutando cuando fulano de tal gana un premio (si es de mi provincia y me representa, tanto mejor). Lo hago con la misma vehemencia con la que condeno a quienes pretenden aleccionar a los lectores, esos que dicen “a este no hay que leerlo” (¿?).
Siento que mientras haya entusiastas y poetas imbéciles abriéndose las muñecas para desangrarse sonriendo, apostando a nuevos públicos para quienes nadie está escribiendo, los libros y los lectores estaremos a salvo.
Premiado o no, ese suicida estúpido es un ganador.
Y a la fiesta de celebración, entendámoslo de una vez, estamos invitados todos.

3 comentarios to “Los Premios”

  1. Nina London Says:

    Es la ilusión de muchos (mediocres dirían las editoriales, no?) hecha realidad

  2. José Playo Says:

    Nina: le he preguntado a muchísima gente acerca de publicar, me atrevo a decirte que hasta los que no escriben sueñan con eso. Bienvenida, espero que vuelvas. José.

  3. ILU P Says:

    Te voy a contar un secreto… Cuando Las ilusas (las otras dos) decidieron publicar el “Sin Remo” … importó poco. Imprimimos en la compu una sola copia… la llevamos a fotocopiar (!!).
    Quedo tipo un apunte pedorro de algo…
    Así q me encargué del arte de tapa. Un primor, el libro más casero jamás publicado, cada uno era distinto. (http://www.fotolog.com/ilusitas/9009768)
    Hasta hicimos dos ediciones!!

    Yo que no soy escritora soñaba con publicar…

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