El Desierto y su Semilla

yo con mi libroGracias a Javier, tengo el libro.
No pienso prestarlo. Jamás.
Hay textos que se deshojan sin prisa, noche a noche, posponiendo un final que sabemos inevitable (condición inherente a todo libro, según dicen).
También hay escritores que sin proponérselo construyen un texto para exorcizar héroes en tercera persona. Son dioses paganos que manipulan la vida de seres inexistentes con una aventura imaginaria que acaba dándoles millones a cambio de que no sepulten una saga entre dos tapas duras y trescientas páginas con una misma tipografía para siempre.
Otros, que probablemente no sueñen con trascendencia ni éxito, otros que no saben dónde posar una historia que les quema las manos, escriben en Córdoba y cada un puñado pesado de años, El Desierto y su Semilla.
Algunos, muy pocos, se llaman Jorge Barón Biza.
Entre tantos, he descubierto a un escritor que me ha plantado en la imaginación un videoclip que difícilmente me borre alguna vez de la cabeza, y estoy que me peleo con él, que discuto con él en el desayuno, en el banco y en la verdulería.Eso es impagable y tiene más valor que cien Harry Potters piloteando escobas por castillos imaginarios, hablando en un idioma que olvidé practicar cuando dejé la secundaria.

Comparto mi cotidianeidad de estos días con un escritor de mi provincia.
Al menos le debo un agradecimiento en formato digital para retribuir un par de noches en excelente compañía.

(Este post quedará sólo para hablar sobre el libro, si desea más información sobre el autor y su familia, consulte aquí)

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