Quién sos, Gigena

quién carajo te creés que sos, Gigena¿Quíen carajo te creés que sos, Gigena?
Claro, el señorito cae a laburar en auto y camina con zapatos más caros que el aguinaldo de cualquiera. Sos un huevón que se piensa que el mundo se arregla diciendo “buenos días” y encerrándose en una oficina a rascarse las pelotas. Pero, ¿quién carajo te creés que sos, Gigena? ¿Te creés mejor que el resto porque llevás los huevos en calzoncillos de marca? ¿Porque te afeitás mejor que los otros la jeta? Imagino que no será por la tonelada de gomina que te ponés en la cabeza.
Acá en la oficina, te aclaro, Gigena, se cagan de risa a tus espaldas.
Te ven pasar, te contestan el saludo y después se codean señalando tu culo apretado debajo del traje, tus anteojos de cristal orgánico. Todo en vos es una afrenta, empezando por esos ridículos anteojos de mierda.
Se abanican la nariz con una mano para despejar la baranda que deja tu perfume cuando pasás, Gigena.
A veces en los asados se madrugan preguntándose ¿quién carajo te creés que sos, Gigena? Y al último brindis te lo dedican, porque sos un terrible pelotudo con las manos llenas de crema, las cejas depiladas, los pendejos de las axilas recortados con tijera.
Te odian, Gigena.
Te odian tanto que serían capaces de empujarte para que te caigas de culo por la primera ventana que encuentren abierta.
Así de simple, así de llano, Gigena. Tu vida peligra a manos de cualquiera que labure en esta empresa.
Los otros días, en el dispenser de agua que está al lado de la fotocopiadora, te hicieron una caricatura en la que, creéme, Gigena, no faltaron los miembros viriles rodeándote los cuernos de la cabeza.
Tu mujer te pasa, Gigena.
Sabelo.
Es un secreto a voces, de esas verdades absolutas que nadie discute en nuestra empresa (como que a Santucci le falta un testículo, como que a la Carmencita le gusta la carne del morocho de mantenimiento). Y si con semejante hueserío que llevás en el marote a vos no se te mueve un pelo, es que sos maricón, Gigena. Sólo así se explica que sonrías de esa manera.
En cierta forma sienten lástima por vos, Gigena.
Un pobre pelotudo que manda reportes a los jefes en sobres de papel madera.
Un huevón desabrido que se arenga a sí mismo cuando está solo frente al espejo del ascensor, juntando valor para entrar en esta prestigiosa empresa.

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