Una cena muy especial
Mayo 14, 2008 by José PlayoDe la cena más extraña en la que participé no puedo decir mucho. Dónde fue y qué motivos hicieron que se juntaran tan disímiles comensales, es un secreto.
Sólo diré, por respeto al pudor, que teníamos cebollas, papas, tomates, mondongo y algo de pescado, que había poca luz y que decidimos que Mario sería el cocinero: era gallego, por alguna razón pensábamos que en Galicia habría aprendido secretos culinarios exquisitos.
—I will not eat that shit. At least not in this life —dijo Jenna al ver el mondongo—. It looks like a fucking towel! —agregó.
El gallego se volvió para mirarla, levantó las cejas y luego me miró a mí:
—Dice que ni en pedo se come tu guiso, que el mondongo parece una toalla —traduje.
—Pues que me coma las pelotillas del culo, tío. Es lo único que tenemos, si no le gusta, que haga magia.

Mario era rústico para el trato y Jenna, la californiana de nuestro grupo, le provocaba alergia. Lo de ellos iba más allá de lo cultural. Si se hubiera tratado de piedras, tampoco habrían congeniado nunca, ni siquiera para hacer un chispazo.
—Joér con la gringa —dijo el gallego mientras volvía sobre los ingredientes.
Me acerqué un poco más para ayudarlo. En sus manos los tomates giraban con maestría, y las papas rodaban abatidas hasta convertirse en rodajas. Por mi parte, la dificultad para pelar las cebollas ralentizaba el proceso y cuando empecé a picarlas, lloré como una niña. Mario me hizo a un lado y se puso a terminar mi tarea, mientras yo embutía las sobras en una bolsa.
También con las cebollas se notaba que sabía lo que hacía.
—La tenés clarísima, gallego —observé.
—Vosotros los argentinos estáis condenados al asado. Si no tienen carne para quemar, se quedan sin cena.

















